Banner Jurídico.
Banner Sorriso

Un mundo de cabeza

| 4 abril 2011 | Desde Nuestra América | 60 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata*

El título de esta entrega refleja de cuerpo entero lo que estamos viviendo como sociedad y como mundo. No es que uno desee ponerse en plan apocalíptico, pero los hechos nos confirman esta apreciación, a su vez, nos ubican de nueva cuenta en nuestra triste y nada halagüeña situación contemporánea. Esto viene a colación por un asunto que raya en lo tragicómico, lo kafkiano, o de plano en lo absurdo, es el papel de la llamada izquierda a nivel global. Ejemplos los tenemos a cada paso, sólo por mencionar el más próximo fue ese esperpento que quisieron echar andar en el Estado de México, es decir, “la alianza” electoral PAN-PRD, a través de una consulta, con dividendos en muy magros, sin mayor relevancia que el hecho en sí mismo, en términos concretos fue un “tiro por la culata”, para una y otra agrupación política.

Alianza PAN-PRD

Imagen: www.tolucanoticias.com

En consecuencia con lo propuesto vienen las preguntas de rigor, muchas de ellas centrales y contundentes: ¿qué le pasa a nuestra izquierda? ¿Dónde anda? ¿Todavía queda algo de sus principios y programas? ¿Qué esperar de ella? Este asunto nos lleva por una vertiente compleja, complicada donde los saldos son muy cuestionables y altamente contradictorios. De antemano debo decir que, soy un absoluto convencido que sin un ejercicio crítico en todas las esferas de nuestra acontecer social, simple y sencillamente, nos ahogamos, nos estacamos, e incluso, retrocedemos históricamente. No es posible pensar una sociedad distinta, nueva, renovada con esquemas, moldes, concepciones del presente, y menos, del pasado. No es ningún contrasentido plantear esto, es decir, si hay algo que lanza, proyecta, catapulta nuestro futuro es, precisamente, la crítica del presente. Esta es una de las propuestas centrales del pensamiento utópico (con mayúsculas). Reitero con mayúsculas, porque, siempre nos hemos ido con una falsa idea de la dimensión utópica, como lo irrealizable, lo fantasioso, lo imposible. El asunto en este nivel no va por ahí, es mucho más complejo.

A partir de estas ideas, se puede decir que la izquierda se ha metido en una serie de indefiniciones que la han llevado a un callejón sin salida, o más bien, a la única salida que le quedaba, “la institucionalización”. Esto quiere decir, hacerle el juego a todas fuerzas distintas a ella. Considero que ha quedado muy poco de sus principios fundacionales, de ninguna manera estoy apelando a un “pasado heroico o glorioso”, afirmar eso sería una involución más. Lo que se quiere decir es que se han ido dejando en el camino muchos principios, ideas y propuestas que la hicieron nueva, fresca, novedosa, donde se abrigaron esperanzas fundadas de una transformación real de nuestras sociedades, pero se va constatando que no ha sido así, más bien, ha privado la pragmática política, esto significa, actuar coyunturalmente, sin importar el abandono de ideales, anhelos y principios básicos que en términos objetivos son su propia identidad, no sólo ideológica, sino programática, histórica, social y política. Este ha sido uno de los aspectos más crudos de esta “reconversión” de la izquierda, la pérdida de identidad.

No hay que perder de vista, o más bien, hay que traer a nuestra memoria una cuestión que muchos han dejado de lado, la izquierda, el pensamiento de izquierda también se constituyó en parte de la cultura de nuestras sociedades, que se le haya querido marginar, proscribir, arrinconar es otro asunto, pero es parte del nuestro patrimonio cultural, se ha ido dejando como parte de la travesía histórica contemporáneamente. En este punto podemos hacer un sin fin de planteamientos y cuestionamientos de diverso orden y calado, pero al menos dos son imprescindibles: primero, ¿por qué pretender marginar y excluir el pensamiento de izquierda?; segundo, ¿realmente tenemos una idea más o menos clara sobre este pensamiento? En este sentido, el asunto se ha ido decantando por el lado más turbio y oscuro: el panfletarismo, la demagogia, la descalificación sin fundamentos, es decir, la exclusión por “la vía de los hechos” y la arbitrariedad ideológica.

¿Cuál ha sido la respuesta de la izquierda ante estas situaciones? El acomodamiento, la simulación, el dejarse llevar por el “juego político”. Ha tenido como conclusión, la negación de su propia vida y propuestas. No hay que pasar por alto que el camino más rápido para la desnaturalización de lo propio, es la mimetización, algunos lo llaman la actitud camaleónica, es decir, tomar un poco de aquí, otro poco de allá, un poco más de más allá. Este el “fast track” de la pérdida de principios en política. Muchos dirán que es complejo, complicado, difícil sostenerse en una posición, ante esta aseveración se debe decir que, una cosa es avanzar críticamente sobre los propios principios, otra muy distinta, la claudicación ante ellos.

Se puede poner como ejemplo, la pérdida del propio horizonte histórico, mucho de él está anclado en su propia discursividad, es decir, en el bagaje, el andamiaje teórico que le da sustento y proyección a su propuesta, caso concreto, el abandono de las propias concepciones, Marcos Roitman afirma que mucha de la izquierda ha desaparecido de sus programas la crítica a las relaciones sociales de explotación sobre las cuales se asienta el capitalismo como modo de producción dominante, a estas alturas de los tiempos debería ser medular en la propuesta de la izquierda. Otra ha sido, muchos de sus militantes se siente confortablemente ubicados en la lógica del capital, para rematar, ha desaparecido de su visión una cuestión que es neurálgica en este modo de producción, la división social del trabajo y los antagonismos de clases, es decir, la lucha de clases. Todo esto bajo el cobijo de la propiedad privada de los medios de producción. Aunque a muchos les incomode, vivimos en un régimen social donde los antagonismos de clases son reales, evidentes e implacables.

Todo esto nos ha llevado por un camino que ha desdibujado, desfigurado y corrompido lo mejor de las propuestas sociales, hasta el punto en que “todo se vale”, todo da lo mismo, no hay distingos ni matices, aunque en el fondo prevalezca la lucha más feroz, brutal y antihumana de explotación y despojo que podamos concebir. Esta es parte de una historia, una condición, un perfil de nuestra situación actual, donde una de sus partes, la izquierda ha ido perdiendo la batalla por sus inconsistencias, claudicaciones, negaciones, flagrantes contradicciones, por una pragmática mal entendida, y pesimamente aplicada, porque una cosa que nunca se debe hacer en materia política es sucumbir ante el adversario, por muy seductor que se muestre. Nuestra sociedad requiere de un programa, una visión, un rescate de sí misma de sus anhelos de vida digna y humana, todo esto lo conseguiremos si tenemos la lucidez, la fuerza, la capacidad, la inteligencia para convocar a la refundación de nuestra sociedad donde las bases, los principios y las aspiraciones no claudiquen ante el “canto de las sirenas” neoliberales y globalizadoras, y menos, haciéndoles el juego como esa izquierda institucionalizada, donde ella misma requiere ser rescatada y saneada. Esta será parte de la historia futura de nuestro país, tener un horizonte histórico renovado.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Comentar

Agrega tu comentario debajo o deja un trackback desde tu sitio web.

 Suscríbete a los comentario para recibirlos en tu lector RSS.

Se pide que los comentarios se hagan con respeto, para evitar que sean editados.

* campos requeridos

Comentario

¿Quiéres recibir nuestras actualizaciones por e-mail?

Simplemente ingresa tu dirección de correo en la casilla siguiente, aparecerá una ventana confirmándote tu suscripción. A partir de ese momento recibirás un correo electrónico con las últimas noticias.

Ingresa tu e-mail:

Actualizaciones entregadas por FeedBurner