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De espías y otras obscenidades

| 30 mayo 2011 | Desde Nuestra América | 113 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata*

En esta ocasión vamos a proponer una reflexión que parece de ciencia ficción, kafkiana, increíble o de esas historias que estaban en boga en la década de los años sesentas y setentas de siglo. Me estoy refiriendo a la labor de espionaje que se desplegó a nivel mundial a propósito de la llamada Guerra Fría. Donde los bandos antagónicos, es decir, Estados Unidos y la ex Unión Soviética se disputaban información que consideraban estratégica para sus objetivos, ya sea de defensa como de agresión. El asunto en cuestión viene de una noticia aparecida en La Jornada el 19 de mayo pasado, donde se afirma que los gobiernos de Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez fueron colaboradores cercanos de la Agencia Central de Inteligencia, mejor conocida como la CIA, a través de la información que le otorgaban a sus agentes.

Nuestro hombre en México: Winston Scott y la historia oculta de la CIA

Imagen: Especial.

En dicho reportaje, el personaje de esta historia es el periodista norteamericano Jefferson Morley quien hace este conjunto de “revelaciones” a propósito de la “desclasificación” de documentos en el 2006 que forman parte de su libro: Nuestro hombre en México: Winston Scott y la historia oculta de la CIA. La tesis central de Morley es cómo el primer círculo del poder en México proporcionaba todo tipo de información a dicha agencia, como si eso fuera uno de los quehaceres de nuestros gobernantes, informar a un país extranjero sobre nuestra situación interna; y aquí viene lo paradójico, “escandaloso”, paradigmático, les pagaba precisamente Winston Scott por desarrollar dicha labor. Todo esto estaba inscrito en la operación llamada Litempo, para mayores detalles entre 1956 y 1969. Todo esto está vertido un conjunto de informaciones reveladas por el ex agente de la CIA Phillip Agee, fallecido en Cuba en 2008 en su libro titulado: Dentro de la Compañía: diario de la CIA, de 1975.

Asumiendo la verosimilitud del relato de Morley, el asunto de fondo es cómo este juego de intereses aparece y reaparece a cada paso de nuestra historia, donde los personajes se van sucediendo con tal vertiginosidad que hace ver estos asuntos como se decía al inicio de esta entrega de ciencia ficción. En todo esto viene la pregunta central de este entramado: ¿por qué nuestros presidentes serían tan solícitos para entregar información clave a un gobierno extranjero, y más sabiendo cómo se las gastan los vecinos del norte? ¿Qué interés podían perseguir nuestros gobernantes con esas acciones? ¿Qué beneficio les podían reportar, si tomamos en cuenta que el dinero era lo que menos les podía interesar? Es decir, hay un núcleo de preguntas que si las ponemos sobre la balanza histórica, como siempre salen mal librados y maltrechos nuestros gobernantes.

Otro de los principios […] de la presidencia imperial, que ha acompañado a las diversas etapas del desarrollo capitalista de EUA, se centra en la noción de que no debe existir ninguna otra potencia o grupo de potencias en el Hemisferio Occidental con capacidades económico-militares para poner en entredicho la hegemonía de EUA en las América.

John Saxe-Fernández

Otro elemento que ronda en estas declaraciones es, la forma en que estos personajes, agentes, espías, “orejas” o como deseen mencionarlos se mostraban ante nuestras autoridades. La pregunta de rigor vuelve a emerger de manera explícita: ¿es tan sencillo involucrar, “embaucar”, “convencer” a un gobernante para que haga tales labores sin el menor rubor de su parte? Esta es una cuestión que tiene muchísimos tonos y matices, por su propia lógica nos lleva a un asunto en extremo complicado, agudo, áspero ¿dónde está, una vez más, nuestra soberanía? Porque si el asunto está planteado con estos tonos, la conclusión más obvia, que es pura retórica sin sustento alguno. Retomando los hechos tal cual son mostrados por Morley las acciones, actitudes, procederes y actuaciones que los hacen ver, literalmente mal, además, estar jugando un juego del que no son protagonistas, si no, simples “segundones”.

En todo esto la cuestión de fondo está en pie, ¿por qué seguirle haciendo el juego a ese tipo de instancias extra nacionales?, incluso el mismo periodista afirma que esta “estrecha relación” podría seguir como en años pasados. Por otro lado, no hay que perder de vista la forma en que nuestros gobiernos han actuado de cara a los Estados Unidos, con sus bemoles, con sus altas y sus bajas, la actuación ha sido de sumisión, que nos pone “una vez” en una tesitura realmente complicada, por no usar más adjetivaciones. Aquí vendría otro de los puntos álgidos de “nuestra relación” con Estados Unidos, ¿no podemos tener una actitud más seria y firme antes ese gobierno? ¿Acaso siempre será así, el juego del gato y el ratón? Asunto en extremo agudo.

Considero que lo más penoso, lo más bochornos de todo esto por las evidencias mostradas es nuestra pobre, endeble, frágil posición que seguimos aguardando en este tablero, donde literalmente estamos a merced del capricho, la veleidad, y en ciertos momentos, a la insensatez del gobierno norteamericano. Los ejemplos los tenemos “por montones”, el último fue cuando se dio a conocer los vuelos no tripulados sobre territorio nacional ¿el propósito? “recabar información que ayudara en la lucha contra el crimen organizado”, esto muestra esa endeble posición que tenemos ante el poderío norteamericano, que permanentemente nos ha querido avasallar sin consideraciones de ninguna índole. Las revelaciones hechas por Morley tristemente muestran esa reiteración obsesiva por parte de ese gobierno, ahora encarnada en la figura de nuestras máximas autoridades, es decir, los respectivos jefes de gobierno. Una última pregunta, ¿llegará el día en que tengamos gobernantes serios, firmes, sólidos que soliciten el respeto que nos merecemos como miembros de la comunidad internacional ante el gobierno norteamericano, y nos estar simulando y claudicando ante ellos? Cuestión para reflexionar.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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