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“¿Un fantasma recorre México?”

200 | 12 julio 2011 | Desde Nuestra América | 91 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata*

El título de esta entrega se refiere al hombre que analizó y planteó en toda su extensión y profundidad la compleja situación que vivió y vive la clase trabajadora en todas las latitudes imaginables, Karl Marx. Esta frase se encuentra al inicio del Manifiesto del Partido Comunista de 1848, hacía referencia a la posición que guardaba el pensamiento libertario, posteriormente se constituirían las ideas centrales de lo que sería el Movimiento Obrero Internacional en su lucha contra los poderes que ahogan y pulverizan la condición humana, a través de la explotación de la fuerza de trabajo. Esta referencia es una analogía sobre lo que pasó el fin de semana en nuestro país, es decir, el triunfo del PRI en las pasadas elecciones para gobernadores en el Estado de México, Nayarit y Coahuila.

PRI

Foto: eleconomista.com.mx

Se hace esta analogía por un asunto que debe ser estudiado y reflexionando con enorme claridad y sentido crítico, el posible retorno de este partido a la residencia oficial de Los Pinos. Esto debe estar ya en el debate. No es una cuestión menor, si lo vemos con mayor cuidado, es un anticipo de realidades complejas y de difícil pronóstico, entre otras razones, porque nuestro contexto cada día es más difuso, nebuloso, impreciso en diversa esfera y materia. No se pretende hacerle al “brujo”, al “iluminado”, ni al “profeta”. Lo que se está proponiendo es reflexionar críticamente sobre nuestro futuro mediato e inmediato en el orden social.

Partamos de algunos elementos que contextualicen esta noticia. Van a ser doce años que se dio el cambio de gobierno, algunos lo llamaron “alternancia en el poder”, gana las elecciones presidenciales el PAN con el inefable Vicente Fox a la cabeza en un mar revuelto donde nadie sabía a ciencia cierta cómo iba a estar esa dichosa alternancia, donde el mismo Fox termina “su sexenio” en medio de una catarata de impugnaciones y arrebatos de todo tipo, es decir, una “presidencia” de escándalo ante un panorama electoral muy agitado. Posterior a ese evento, vienen las siguientes elecciones cuyos personales centrales son Felipe Calderón Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador, unos comicios impresionantemente desaseados, con “caídas de sistema”, con un circo de tres pistas de por medio, es decir, la cámara de diputados el día de la toma de posesión parecía que estábamos en un país donde “la institucionalidad democrática” fuera una referencia muy vaga, lejana, abstracta, en el fondo, el PRI “tomando nota” de los hechos. Un espectáculo realmente kafkiano.

La reaparición de masas revolucionarias enfrentadas al Estado planteó nuevas formas de articulación de la teoría marxista con la práctica de la clase obrera. La materialidad de los hechos mostraba que el éxito de movimientos políticos del tipo de 68 no dependía solamente de la recuperación del núcleo científico de la teoría marxista, sino también de la comprensión del funcionamiento de la maquinaria estatal que logra “resistir” (Gramsci) las crisis económicas y el cuestionamiento de movimientos políticos de masas.

Mariflor Aguilar Rivero

El siguiente momento es conocido por todos, un país sumergido, agobiado por una serie de situaciones críticas, agudas, potencialmente peligrosas, donde la presidencia está buscando una salida ante tan complejo panorama. Con todo esto a cuestas vienen las llamadas “elecciones intermediadas”, como algunos las llaman “el termómetro para la grande” con la puesta en escena de los supuestos o posibles personajes perfilados “para la grande”. ¿Qué sucede en toda esta escenografía? Los partidos políticos más fuertes entran en una lucha sorda, de mutuas descalificaciones, con escasas ideas, sobre todo, con un electorado al borde del hartazgo. Primera conclusión, para el caso del Estado de México considerado “un súper termómetro”, el abstencionismo rebasa y con mucho el 45% del electorado. Cuestión grave, preocupante, aguda.

A partir de esta referencia viene un planteamiento pertinente, ¿el PRI con estos elementos se puede sentir satisfecho, triunfalista, ganador, opción social? Podemos decir sin margen de error y de manera categórica, no. Viene uno de los cuestionamientos más claros y contundentes ¿qué puede ofrecer este partido a la ciudadanía de cara a una realidad que los ha rebasado desde hace mucho? Otro cuestionamiento pertinente es ¿programáticamente quien es el PRI? ¿Cuáles son sus ideales, principios, plataformas, su ideología a estas alturas de los tiempos? Aquí es donde debemos fijar nuestra atención. No se trata de retomar el poder por el poder, eso es simplismo, vulgaridad, ramplonería política-histórica-social. Otro cuestionamiento más, en todos los años que estuvo en el poder, por cierto no pocos ¿qué le dio al pueblo? Estas son las preguntas que debemos formularnos al momento de pensar en estos asuntos.

Una pregunta más, históricamente ¿dónde está situada esta agrupación política? No podemos olvidar que esta agrupación es “la síntesis” de la Revolución mexicana, es decir, “sus contenidos más fuertes” se anclaban en el ideario revolucionario, dicho de manera palmaria, se los apropiaron y le dieron el sentido y contenido que mejor les pareció. El politólogo Arnaldo Córdova hizo un análisis muy puntual del proceso, fue extrayendo las líneas centrales de lo que posteriormente sería el México posrevolucionario, donde se concluye una falta total de compromiso por parte de la facción triunfadora para dar cumplimiento a esos ideales y proyectos. Esta facción es el PRI. He aquí el meollo de la cuestión.

Es decir, esta agrupación ya comenzó a “repicar las campanas”, haciendo alarde de triunfos pírricos, donde siente que la ciudadanía “está con ellos”. La pregunta en este punto: ¿este es un cálculo correcto? Si se afirma que sí, es una apreciación en extremo temeraria, poco fundamentada y escasamente consistente. Si ponemos sobre la balanza las pasadas elecciones en el Estado de México donde se vayan sopesando, ponderando todos y cada uno de los elementos que la constituyeron, el saldo es contraproducente, empezando porque no hay una real y efectiva fiscalización de los gastos de campaña erogados por cada agrupación política, si no hay igualdad, equidad y limpieza en las elecciones, de antemano eso es fraudulento. Así, lisa y llanamente. Por ello proclamar triunfos, donde el abstencionismo, la parcialidad, “los carros completos”, las inequidades se dieron, los rebajan a su mínima expresión.

En todo esto hay una idea de fondo, ¿por qué debemos creerle al PRI? ¿Por qué votar por él? Considero que si somos mínimamente cuerdos, la segunda conclusión es, no debemos votar por esta agrupación política, porque históricamente ha demostrado no tener los arrestos para encarar los retos del siglo XXI. No hay que pensar que la pragmática política es el fundamento del buen gobierno, eso es una triquiñuela más de los políticos. Caso concreto, cuando se pretendió hacer la alianza entre el PAN y el PRD para los comicios en el Estado de México, eso sencillamente era aberrante, si de por sí el panorama es caótico, ¿qué se podía esperar de esa “alianza”? Reiteramos, la pragmática política no es sinónimo de gobernabilidad. Nuestra realidad es mucho más compleja que los pleitos tribales de los partidos. Estamos inmersos en una coyuntura histórica que requiere, exige, demanda ideas claras, principios creíbles, fundamentos políticos serios, éticos, responsables, consensados.

El asunto que nos debe poner sobre aviso es, pensar con sensatez, con actitud reflexiva, con sentido crítico, no dejarnos ir por “el canto de las sirenas”. Más de lo mismo no es razón suficiente para decir que eso es lo correcto, lo único posible, lo deseable. Por ello debemos tener claridad, en este punto la pregunta que podemos hacer es: ¿queremos más de lo mismo? Cuando históricamente hemos comprobado hasta la saciedad que las fórmulas políticas siguen siendo las mismas, los mismos discursos, las mismas frases, incluso, son los mismos personajes, no se han renovado, o en su defecto, los miembros de la misma “nomenclatura”. Discutamos esto con toda seriedad y profundidad. Por eso la frase de Marx es pertinente en estos momentos, “un fantasma recorre nuestro país”. ¿Qué nos trae? ¿Otra vez más de lo mismo?

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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