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…Monterrey… seguimos perdiendo…

209 | 13 septiembre 2011 | En Pocas Palabras | 169 vistas | comentarios

Nahum G. Hernández Bolaños

La descripción de la violencia en nuestro país a base de la interminable repetición se ha tornado en una serie de lugares comunes; antes Veracruz, luego Torreón, ahora Monterrey y luego seguramente Guerrero o Morelia, la continuidad de la sinrazón, la violencia y la estupidez circularmente repetida, inagotable y monstruosamente en aumento. Ganadores: absolutamente nadie. Perdedores: todos.

Monterrey

Monterrey. Foto: estrategiaynegocios.net

Todos perdemos algo en esta malograda “lucha”, incluso aquellos que aparentemente permanecen ajenos. A las 40 mil muertes y casi 9 mil desaparecidos hay que sumar los cientos de empleos que se han perdido por el cierre de negocios abatidos por la delincuencia, los cientos de familias desplazadas de las zonas de mayor conflicto son ya un problema de empleo en ciudades receptoras del centro del país. Pero sobre todo, se ha puesto en riesgo la consolidación de nuestra frágil democracia, pues cuando se debilita a las instituciones se debilita al mismo tiempo la viabilidad de la democracia, es decir, se pierde el voto de confianza y representación, pues cuando la sociedad deja de creer que las instituciones puedan resolver sus problemas (como la seguridad o el desempleo) deja de creer en ellas y esto merma su participación dentro de la forma de vida democrática, y si de paso comprometemos los derechos humanos con tal de “ganar” esta lucha, complicamos aún más la consolidación democrática. Ahí realmente perdemos lo poco ganado y a nadie parece importarle.

Entendamos que históricamente cuando de verdad se quiere solucionar o al menos cambiar algo necesariamente tiene que intervenir en pueblo organizado. Más allá de las marchas y las acaloradas exigencias, atrás del repudio y la rechifla, de la indignación; ahí, detrás de la pérdida de una vida, de un familiar secuestrado, de un amigo asaltado, ahí estamos todos nosotros. Tenemos que intervenir no sólo a través de la protesta y la exigencia a nuestras autoridades, debemos hacerlo también a través de la construcción de propuestas, como ya lo hace la UNAM, ahí, en el involucramiento real en el problema se encuentra la salida.

Al mismo tiempo, debemos convencernos de que la corrupción vive con y a través de nosotros, es ahí que también debemos actuar, entendamos que respetar la ley no es nunca una imposición moral o que el atenderla deba estar sujeto a la ética de las conveniencias personales; respetarla es la mejor estrategia de conseguir la paz. Toda interpelación que se lanza sin este sustento carece de verdadera fuerza.

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