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Un recordatorio necesario y pertinente

214 | 18 octubre 2011 | Desde Nuestra América | 100 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata*

El pasado 3 de octubre se celebraron los 90 años de la fundación de la Secretaría de Educación Pública con José Vasconcelos Calderón como su inspirador y primer secretario. Este aniversario merece una consecuente reflexión y actualización por muchas razones, entre otras, porque fue el inicio de un magno proyecto social heredado de la lucha revolucionaria, es decir, la creación de la SEP responde a los intereses, afanes, necesidades y anhelos de un pueblo que vio en la educación y la cultura un medio idóneo de superación material y espiritual, y con ello dejar en el pasado, el atraso, la barbarie y la ignorancia.

José Vasconcelos Calderón

José Vasconcelos Calderón. Foto: archivo.vazquezchagoya.com/

Este festejo debe ponernos en guardia ante un presente que cualitativamente es la negación de estos proyectos e inspiraciones. Estos ideales y proyectos así como su puesta en acto, representan lo más noble y profundo en la elevación de un pueblo. Si retomamos con cuidado y detalle la creación de esta secretaría veremos que fue uno de los momentos más lúcidos de la historia contemporánea de nuestro país y de nuestra América.

No fue tarea sencilla proyectar una secretaría con estas características y contenidos. México venía de un proceso revolucionario en extremo cruento y devastador con una población en términos concretos analfabeta, los datos que arroja el censo de ese tiempo muestran que nuestro país tenía diez millones y medio de habitantes de los cuales casi siete millones no tenían ningún tipo de instrucción, obviamente, no sabían ni leer ni escribir. Este es el telón de fondo de este magno proyecto que en términos objetivos es eminentemente social por la envergadura que tuvo, alfabetizar una nación, con ello unificarla y darle sentido, orientación y contenido a la revolución recién concluida. A su vez se buscaba crear una identidad nacional y un sentido de país. Esta secretaría debía condensar una serie de aspiraciones que le diera un claro contenido ideológico, político, social a nuestro México. Asunto en extremo complicado.

Pavorosa es la corrupción moral de nuestros pueblos. Densa su confusión. El cinismo como medio y el éxito como fin; he ahí el lema que a tantos trae venturosos. […] La tenacidad con que en determinados sitios el esfuerzo se mantiene inflexible nos da derecho a concebir esperanzas. Así como hay tantos que todo lo fían al azar y al cinismo, hay también otros que logran poner en acción las fuerzas superiores de la vida.

José Vasconcelos

También hay que consignar un elemento que a todas luces debe ser guía en estas reflexiones, esta secretaría tenía entre otros muchos quehaceres dar un contenido concreto a la enseñanza, es decir, no sólo era alfabetizar a la población, era elevar a través de la enseñanza la condición material y espiritual de los mexicanos. Cuestión central que debe ser analizada con sumo cuidado. Con esto datos podemos abordar la cuestión de fondo. ¿Qué ha pasado con la enseñanza en nuestro país?

Uno de los ejes de este magno proyecto era centrar la enseñanza en la lecto-escritura como vía para la formación de una ciudadanía madura, consciente y libre que pudiera tomar decisiones en diverso orden y nivel. Para ello se crearon las bibliotecas públicas, lo cual implicaba generar un proyecto editorial de gran envergadura que facilitara el acceso y difusión de los libros, en todo esto hay un asunto digno de encomio, la posibilidad objetiva de conseguir libros, comprarlos a precios realmente accesibles. Esto rebasa con mucho la “lógica actual” del mundo neoliberal y globalizado: el conocimiento no es un objeto, una cosa de lujo, sino una condición sustancial a todos los seres humanos. Asunto clave en estas discusiones. Actualmente se quiere caminar en esa dirección, la educación es sólo para un selecto número de “iniciados”, los que tenga dinero para pagarla.

Por otro lado, la enseñanza tenía contenidos muy claros, precisos, viables, no se buscaba la formación de sujetos ilustrados, la enseñanza era práctica, concreta. En este sentido, sin pretenderlo seguían una de las máximas de Marx, “primero hay que comer y después pensar”. Esto en términos muy concretos es una de las lecciones más claras y obvias, primero hay que satisfacer las necesidades básicas y de ahí nos proyectamos a empresas de mayor rango y calado. Porque efectivamente sería una insensatez pretender una sociedad “ilustrada”, sin los insumos necesarios para satisfacer sus necesidades más elementales, cuestión elemental.

En este orden, no hay que perder de vista que los años cincuenta fueron la “época de oro” de la pedagogía mexicana, porque se avanzó sustancialmente en la formulación de una propuesta pedagógica y social propia. Esto hay que verlo en su justa dimensión, la educación para que tenga un efecto claro en los educandos tiene que partir de un suelo propio, es decir, asumir consecuentemente a los sujetos que son la materia prima de la enseñanza. Porque es en extremo complicado y hasta contraproducente querer aplicar pedagogías foráneas a contextos que no son los propios. Éste fue uno de los logros más grandes de la SEP en sus años dorados. Para llegar a este punto estuvo acompañado por una dirección académica, administrativa, pedagógica lúcida, preparada, comprometida con el quehacer educativo, algo realmente sobresaliente, se tenía una idea, un proyecto educativo claro, con rumbo y orientación definida. Se sabía a dónde ir y cómo llegar. No se daban bandazos, ni se improvisaba. En este somero recuento hay que rendirle honor a dos de los más grandes secretarios de educación: Jaime Torres Bodet y Agustín Yáñez. Personajes preclaros con proyectos relevantes, como avanzar sustancialmente en la superación del atraso en nuestro país.

Paradójicamente hemos ido en la dirección inversa. Actualmente la SEP está pasando por uno de sus momentos más oscuros, entre otros, se ha perdido el rumbo en diverso nivel, que va desde lo estrictamente académico hasta lo administrativo, esto significa que estamos navegando en un mar revuelto donde cada quien buscar salvarse a como dé lugar. La pregunta aquí sería: ¿cuáles son los valores, las ideas, las propuestas que guían a la actual secretaría de educación? Más bien, tendríamos que afirmar que ha estado caminando a contracorriente de sí misma. No es ningún misterio que el campo educativo se ha convertido en un espacio de conflicto que se puede ejemplificar de manera coloquial: “A río revuelto ganancia de…” Esta es la realidad que enfrentamos en la educación contemporánea. Hay que decirlo de manera enfática, estas no son reflexiones nostálgicas, son planteamientos que retoman un panorama agudo, confuso y nebuloso en materia educativa.

Un dato más, las llamadas “modas pedagógicas” han impacto de manera muy desigual nuestra educación, entre otros aspectos, porque no se ha asimilado de manera pertinente, esto quiere decir, si no se tiene una idea clara, precisa, asimilada de esas pedagogías, el resultado está a la vista, una mezcla rara, inconexa que lleva por su propia dinámica a la confusión, el desaliento, la apatía y la negación del hecho educativo por inoperante e ineficiente.

Hay que decir con honestidad que a labor de la SEP en muchos sentidos es faraónica, una de ellas es rehacer administrativamente, porque se ha constituido en un monstruo de mil cabezas, al contemplar una población de más de un millón de agremiados hace de ella un ente difícil de coordinar y darle dirección clara y precisa. Otro aspecto a rescatar en esta cuestión, avocarse a la construcción de un proyecto pedagógico con rostro propio, no podemos seguir dependiendo de la pedagogía foráneo, pensada para otros contextos muy distintos a nuestras realidades. Este es un trabajo de construcción teórica, discursiva, propositiva, académica y formativa propia. A esto debería abocarse este asunto, si deseamos caminar en otra vertiente.

Finalmente hay debe decir que, la reestructuración orgánica de la SEP debe ser vista como una prioridad máxima, debe estar en su horizonte inmediato. Una de estas reestructuraciones es la relación que tiene la SEP con el SNTE, asunto fundamental e incuestionable a estas alturas de los tiempos. No es una estridencia ni una exageración decir que esta relación se ha convertido en perversa y extremadamente acomodaticia. Celebremos los 90 años de la fundación de nuestra secretaría de educación, pero también reflexionemos críticamente ¿qué rumbo le queremos dar a nuestra educación? Ya no es posible pensar que vamos a seguir funcionando de “prestado”, ni el FMI, ni el BM, ni la OCDE nos tienen que decir qué educación es la mejor para nuestro país, y aquí se abriría otro frente de discusión. La educación no la puede ni debe imponer la plutocracia mundial según sus intereses. Pensemos en esto con seriedad.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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