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La elección federal en Querétaro

216 | 1 noviembre 2011 | Columna invitada | 150 vistas | comentarios

Efraín Mendoza Zaragoza

La presencia del número dos de la estructura que comanda el gobernador José Calzada, en la sesión de instalación del Consejo Local del Instituto Federal Electoral (IFE) en Querétaro, el pasado 19 de octubre, generó algunas suspicacias. A más de alguno le dio pie a prolongar hacia la instancia federal el sospechosismo que envuelve a la autoridad electoral local por razones ya muy conocidas. Por supuesto, nadie debe escandalizarse de los contactos que existen entre las autoridades electorales y los poderes públicos, pues la ley obliga a estos a prestar la colaboración necesaria para que las elecciones se desarrollen en paz y bajo condiciones de seguridad.

Instalación del Consejo Local del IFE en QuerétaroNo obstante, en la tabla de prioridades del campo electoral, la paz y la seguridad deben encontrarse a la par de otra prioridad más compleja y veleidosa: la confianza ciudadana, de muy difícil construcción y de más complicada preservación. Es evidente que el IFE aún no se repone del desgaste que le dejó la polarización de 2006, irresponsablemente atizada por el interés electoral del Ejecutivo Federal. Bueno, casi concluye el gobierno emanado de esas elecciones y, como lo tienen presente muchos, todavía las boletas empleadas en esa elección continúan bajo resguardo militar, porque hay instancias internacionales que aún no resuelven sobre la demanda de un conteo general, voto por voto.

Instalación del Consejo Local del IFE en Querétaro

La elección presidencial de 2012 se prevé como un episodio de nervios. Y qué bueno que así sea. Las tres principales fuerzas políticas han echado a andar sus respectivas maquinarias para mandar a la competencia a sus cuadros más duros. Se equivocan quienes calculan que la elección es ya un mero trámite y que sólo es cosa de esperar la fecha en que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación deba entregarle al hombre de Toluca su declaratoria como presidente electo. Es mejor que se apresten a ver cómo su candidato entra en una pendiente de pérdida de fuerza, pues la que hoy tiene está fincada en la desmemoria histórica y en la espuma televisiva; además, la campaña todavía no empieza y es posible que se actualice aquello de que cuando un candidato ha llegado al pináculo de sus posibilidades, lo que le queda es caer. Si el PRI gana democráticamente habrá que asumirlo, pero desde ahora asombra que la restauración del pasado autoritario se encuentre posicionado como un sólido horizonte de futuro.

Por debilidades propias, por cálculos aviesos y por una deliberada omisión de la Cámara de Diputados al no haber integrado debidamente el Consejo General del IFE, éste se encuentra en una remota lejanía de los días dorados de Woldenberg, cuando gozaba de autoridad plena, vigor juvenil y confianza envidiable. La continua paliza del tribunal electoral bajo la presidencia de Carmen Alanís y la embestida de los corporativos mediáticos, que no han asimilado las reformas de 2007, se suman a la natural presión que acompaña a cualquier confrontación electoral.

Es difícil decir que en “la ciudadanía” priva tal o cual ánimo, pues la ciudadanía no es monolítica y, como se decía de los precios en los tiempos de inflación, su estado de ánimo está sujeto a cambios sin previo aviso. Ya veremos, a la par del coctel de discursos del renacimiento de la esperanza, la campaña de los desencantados de la democracia, que promoverán el voto nulo, buscando castigar la enanez de una clase política incapaz de leer correctamente la indignación, la exclusión y la frustración que prevalecen en la ancha periferia nacional.

Nadie desea para sí el abismo como horizonte. Nadie en su sano juicio debería desear para otros el abismo como horizonte. Preparémonos a vivir con intensidad la confrontación que viene. Aparte de la elección de ayuntamientos y diputados locales, que es competencia del Instituto Electoral de Querétaro, asistiremos a la renovación de ambas cámaras del Congreso de la Unión y, por supuesto, al relevo del presidente de la República.

El Consejo Local del IFE, responsable de la organización de las elecciones federales en Querétaro, ha acumulado una madurez muy apreciable. Puede verificarse esto en el bajo número de impugnaciones, por ejemplo. Sus estructuras están probadas tras varios procesos. La parte operativa en manos de Felipe Reyes, Fernando Ferrer, Jorge Vázquez, Abel García Montes o José Manuel Sabino, por citar algunos nombres; la parte colegiada bajo la vigilancia rigurosa de consejeros de la talla de Flavio Lazos Garza, Carlos Dorantes González o Dolores Cabrera, y la conducción de David Alejandro Delgado Arroyo, por ejemplo, con la salvedad de las tensiones de 2006, el órgano federal es digno de confianza.

Es oportuno recordar, finalmente, que el Consejo Local del IFE, instalado el 19 de octubre, atrajo la atención nacional pues, como bien lo apuntó Juan José Arreola en El Universal, su integración femenina casi en su totalidad es un hito en la historia de 21 años de existencia del IFE. Seis de sus siete consejer@s con voto son mujeres: Ana Lilia Pérez Mendoza, Alejandra Martínez Galán, María Isabel Martínez Rocha, Lidia Aurora López Núñez, Donancy Reséndiz Rosas y Marisol Reyes Soto, bajo la presidencia de la primera. Algunas de ellas tienen, además de experiencia electoral, un prestigio qué preservar y un activismo social que las respalda.

Estarán sometidas a doble presión: sacar bien una elección altamente confrontada y, con su capacidad política y jurídica, callar a los machines alérgicos a la presencia femenina en los asuntos públicos. Apostemos a que en este caso asista la razón a Michelle Bachelet, según la cita de Ana Lilia Pérez Mendoza el día de su instalación: “Cuando una mujer entra en política, cambia la mujer; cuando muchas mujeres entran en política, cambia la política”. Sí, antes de que el 2012 se convierta en el episodio final del desencanto y la asfixia del espacio público mexicano.

Ojalá que el titular del Ejecutivo del Estado y su Secretario de Gobierno se despreocupen. Es deseable que, más allá de las comprensibles cortesías institucionales, se abstenga de alimentar la quisquillosa y siempre fundada suspicacia de los desconfiados. Un connotado priista lo advirtió: en política la forma es fondo. Puede agradecérsele su prestancia y colaboración con los órganos autónomos pero es mejor que con su presencia en las sesiones del IFE no mande “mensajes” como el que el propio Ejecutivo estatal mandó a la ciudadanía en septiembre de 2009 al pretender, directa e imprudentemente, meter mano en las reglas electorales y subordinar al órgano garante de la democracia. Hay que recordarle, de nuevo, que las elecciones ya no son tarea suya.

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