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Querétaro: “Afectados” por préstamo comparten su testimonio

217 | 7 noviembre 2011 | Querétaro | 2.025 vistas | 4 comentarios
  • Libertad de Palabra entrevistó a algunas personas que, si bien solicitaron omitir sus nombres, se identificaron plenamente ante el reportero de nuestro medio, narraron cómo se maquinó el presunto fraude millonario en el SUPAUAQ.

Iván Aldama Garnica

Querétaro, Qro.- El primer testigo dijo que entre junio y julio de 2010 se enteró por amigos, que visitaban su negocio, de que se estaban entregando préstamos sin avales, que eran como él expresó: “fáciles de dar”.

Sus amigos lo llevaron a la casa de una señora que se identificó como “Azucena” y ella le pidió que reuniera cinco copias de su credencial de elector, cinco copias de su comprobante de domicilio, cinco copias de la Clave Única de Registro de Población (CURP) y cinco copias del acta de nacimiento. Después, esta mujer le indicó que esperara ocho días porque estaba juntando más gente.

En el lapso de tiempo que el testigo estuvo esperando, recomendó a más personas con Azucena, quien les pidió la misma documentación: “entonces yo comentando con mi hermano, con la señora, con su esposo, con otras gentes, me dicen que si les puedo echar la mano y voy con la señora Azucena y le digo: ‘oiga, fíjese que hay gente que le interesa, ¿se puede que los metamos aquí en la lista a ver si les toca el préstamo? Sí, tráigame sus documentos’. Para eso fuimos como 8 ó 9 personas y llevamos los documentos”.

Durante los primeros días de agosto de 2010 acudió a su primera cita en las instalaciones de la Casa Club del SUPAUAQ.

Mencionó que al lugar llegaron “Azucena” y Miguel Ángel Díaz, quien se identificó como hermano del licenciado José Díaz o “Pepe Díaz” como lo conoce el testigo. Dijo que éstos sugirieron a los poco más de 40 asistentes que no cuestionaran a Julio César Rubio Abonce porque se podía molestar y que todo lo que él les dijera debía ser anotado. Si es que alguno llegaba a tener dudas, el indicado para resolverlas era Miguel Ángel Díaz.

El segundo testigo –quien fue invitado a mediados del año 2010 por un conocido– coincidió en el nombre del contacto que le consiguió la cita: “me dijo que la señora se llamaba Azucena; que necesitaba cinco copias de mi IFE, de mi comprobante de domicilio, del CURP y de mi acta de nacimiento”.

También coincidió en el lugar de la reunión porque señaló que lo citaron en la mañana (como a medio día, recordó) en las oficinas de la Casa Club del SUPAUAQ, donde vió a un grupo de personas haciendo ejercicio. Contó que fueron veinte personas quienes entraron a un salón donde había un pizarrón, una mesa, y sobre esta, veinte folders que contenían dos documentos: una solicitud de préstamo y una solicitud de ingreso a la Caja Morelia Valladolid.

Explicó que Julio César Rubio Abonce los hizo llenar las solicitudes, pero antes les advirtió que si alguien era cliente de la Caja Morelia Valladolid no sería acreedor al préstamo: “inclusive una señora que tenía una cuenta en la Valladolid se fue”.

Los interesados comenzaron a llenar los formatos con sus datos personales, pero cuando se requería información sobre su trabajo, Julio César Rubio Abonce les pidió que se hicieran pasar como personal de la universidad: “nos dijo el señor Julio César que nos pusiéramos como empleados de la Universidad Autónoma de Querétaro, y que el sueldo, que el departamento en que trabajáramos, nos dijo: si tienen nada más primaria pues pueden poner ‘limpieza’, ‘velador’; si tienen secundaria pueden poner ‘almacenista’, ‘secretaria’ o ‘personal de confianza’ y así sucesivamente, depende el grado de estudios, incluso el sueldo también. Él nos ponía en el pizarrón, él nos estaba poniendo. Ahora sí que depende del rango de estudios que uno tenía, el sueldo que supuestamente ganábamos”.

El primer testigo relató que escribió sus datos personales en hojas membretadas de la Universidad Autónoma de Querétaro y de la Caja Morelia Valladolid, y que Julio César Rubio Abonce mostró un tabulador que contenía cada puesto que existe en la universidad; de ahí los presentes, de acuerdo con su nivel de estudios, escogían la actividad –con su respectivo salario– en la que podían ser ubicados: “si tu tienes primaria, alcanzas intendencia, jardinería y así sucesivamente, según el estudio que tuviéramos. Cada uno de nosotros ahí poníamos el puesto que más o menos correspondía. En cuanto al salario también nos dan un tabulador, el primer nivel pues gana tanto; el segundo tanto y ahí se va”.

Este primer testigo también narró que Julio César Rubio Abonce explicó que formaba parte de una fundación llamada “CAIM” y que dicha fundación les otorgaría el famoso préstamo de los 50 mil pesos. Sin embargo, la fundación conservaría la mitad del dinero y los “nuevos socios” se quedarían con el resto, lo que aceptó porque, dijo, necesitaba el dinero y le dio confianza el saber que una fundación estaba involucrada: “Quedamos en que nos iban a dar 25 mil pesos y el resto iba a dar a la fundación (…) yo, en lo particular, pues iba con la mente en que pues ‘me vas a prestar y te tengo que pagar’, ¿no? y más porque era una fundación para la mujer. Decía: ‘bueno pues como que puede haber forma de que no tan fácil se vaya’ ¿no?, al haber una fundación es porque ya hay algo de respaldo”.

Así, el trato fue que los beneficiarios del crédito abonarían quinientos pesos quincenales a la caja y CAIM cubriría la otra mitad.

Para esto, declararon los dos testigos, el licenciado Julio César Rubio Abonce les pidió que firmaran un pagaré, ya que él quedó como aval y debía protegerse, porque en caso de que los deudores no pagaran, él era el responsable de responder ante la caja.

Tras hora y media, recordó el segundo testigo, salieron de la Casa Club con el aviso de que les llamarían por teléfono en 15 días más para concretar el préstamo.

El primer testigo mencionó que cuando él asistió a su cita, cuarenta personas más entraron a uno de los salones de la Casa Club que ya estaba acondicionado como una sucursal de la Caja Morelia Valladolid. Esto también lo rescató el segundo testigo: “Llegamos y nos dijeron que nos buscáramos en una lista, en un cuaderno, y que pasáramos a uno de los salones, donde había unas mesas puestas y había computadoras y en eso llegaron las secretarias, llegaron unas muchachas con uniforme de la Valladolid, gafete de la Valladolid y con toda la papelería hecha de recibos, de todo”.

Después, el segundo testigo refirió que las secretarias les tomaron fotografías para una credencial y les entregaron dos recibos que les hacían firmar: uno por 45 mil pesos y otro por 5 mil pesos, así como el calendario de pagos y otros documentos que los acreditaban como beneficiarios de un seguro de vida y del préstamo reconocido por el concepto “Credinómina”.

“Yo verificó la lista, la lista éramos como 35 ó 40, venían los nombres de todos los aceptados y de los no aceptados, que eran como cuatro en total, y pasamos”, dijo el primer testigo.

Después de que firmó los cheques, lo llevaron a una oficina donde señaló que el licenciado Juan Acosta le entregó el dinero, pero le restó 3 mil 500 pesos por “servicios de papelería y por estar interviniendo en el asunto”. Durante su relato, el testigo hizo una pausa, se quedó pensando y calculó: “por treinta que hayan sido eran 105 mil pesos, ¡por treinta!, si eran más, pues échele cuentas”.

Luego, dijo que Miguel Ángel Díaz le indicó que caminara hacia afuera de las instalaciones de la Casa Club donde estaba, junto a una camioneta, la señora Azucena acompañada de dos ‘guaruras’. Ahí le pidieron otros 4 mil 500 pesos por órdenes del licenciado José Díaz. De los 50 mil pesos que originalmente se les entregarían, el primer testigo dice haber recibido casi una tercera parte de lo prometido: “17 mil pesos fue lo único que nos entregaron ya limpios”.

“Uno por la necesidad también del dinero y todo eso, pues no lo tomamos muy a mal. Entonces el detalle para nosotros fue aceptar por el dinero que nos iban a dar y que íbamos a pagar más, también lo sabíamos; pero de momento nos sacaba de muchos apuros y aprietos”.

El segundo testigo indicó que, con su cheque, salió a un patio y subió una escalera donde aguardaba Juan Acosta: “en un cuarto, en la planta de arriba, estaba el señor Acosta, Juan Acosta. Entonces él nos dijo que endosáramos el cheque (…), no se nos hizo raro porque estaban ahí las secretarias de la Caja Morelia”, explicó.

Contó que Acosta (quien ya tenía paquetes de billetes sujetados con ligas) le pidió que le entregara 3 mil 500 pesos por el trámite. Luego siguió contando que, abajo, Miguel Ángel Díaz le indicó que saliera de la Casa Club porque era necesario que pasara con “Azucena”. En su camino, describió que había personas cuidando que nadie se fuera sin dar los 4 mil 500 pesos adicionales: “en total me quedé con 17 mil pesos”, contó.

Los dos testigos manifestaron que realizaron entre cuatro y cinco pagos quincenales de 500 pesos en las instalaciones de la Casa Club del SUPAUAQ, donde la secretaria de la Casa Club recibía el dinero y firmaba con el nombre del Lic. Julio César Rubio Abonce y ponía el sello del Centro de Apoyo Integral para la Mujer (CAIM).

Sin embargo, a finales del año 2010, la misma secretaria les indicó que los pagos los debían realizar en otro lado y les señaló las direcciones de los recibos que les entregaban.

El testigo número dos contó que en diciembre fue a hacer su quinto pago, pero en esa ocasión la secretaria le dijo: “‘sabes qué, que aquí ya no se lo voy a poder recibir’ (…) que en los recibos que me había dado, ahí venían unos domicilios y que yo fuera; ya fui a uno de los domicilios que me dio, un domicilio es en la Colonia Amalia Solórzano, y fui y no había nada”. (Dicho domicilio está ubicado en la calle Jesús Arriaga, número 105-A en la Colonia Amalia Solórzano, esquina con Pie de la Cuesta, frente a Plaza El Faro. Teléfono 3 91 84 98).

Refirió que regresó y le explicó a la misma secretaria que no había encontrado nada y ésta la mandó a otra dirección, pero esa vez dio con un local donde venden aceites. La dirección es: Pie de la Cuesta número 818-B, Colonia Desarrollo San Pablo. Teléfono 3 91 84 98 (ambas direcciones tienen el mismo número de teléfono).

Cuando el segundo testigo tuvo la oportunidad de ver al licenciado Julio César Rubio Abonce, éste se mostró inaccesible y la corrió. Por otro lado, declaró que la “señora Azucena” le habló ocho veces por teléfono para avisarle que estaba dispuesta a pasar por los pagos a su casa, lo que tomó con extrañeza.

Los deudores aseguraron haber acudido donde marca la dirección de los recibos, pero nunca encontraron el sitio. No siguieron abonando, pero ahora con los requerimientos que les hace la caja popular, sólo están a la espera de que los culpables caigan.

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4 comentarios

  1. hola he leido uno de los testimonios y el mio es parecido fue en las instalaciones de la supauaq pero el licenciado que nos indico como llenar la solicitud de prestamo es el licenciado JULIO CESAR RUBIO ABONCE Y LA PERSONA QUE ME ENTREGO EL DINERO FUE JUAN JOSE UGALDE el pagare fue de 50 mil pesos 25 se quedo supuestamente la uaq tomaron 3 mil para gastos de papeleria y el resto me lo entrego juan jose ugalde dijeron que los pagos hiban a ser de 500 quincenales en las instalaciones de la supauaq y despues ya no estaban MI ERROR MAS GRANDE FUE PRESTAR MI NOMBRE PARA ESE PRESTAMO AHORA LOS DE LA CAJA ME AMENAZAN Y ME HABLAN Y SON MUY GROCEROS SI EN ALGO ME PUEDEN AYUDAR SE LOS AGRADECERE TENGO ENTENDIDO QUE LLEGARON A UN ACUERDO QUE CON 39 MIL PESOS SE PAGABA TODO Y SE DIO UN ABONO DE 20 MIL PESOS TNGO ENTENDIDO QUE ESOS PAGARES LOS COMPRO LACAJA MORELIA VALLADOLID HUBICADA EN LA CALLE CERRO DEL ACUEDUCTO NUMERO 94 COLONIA COLINAS DEL CIMATARIO EN QUERETARO Y AHORA ME MANDAN UN PAPEL DEL DESPACHO RUIZ Y ASOCIADOS DEL LIC RICOBALDO RUIZ MANRIQUEZ AMENAZANDOME QUE ME VAN A EMBARGAR PERO QUE ME ENBARGAN SI N TENGO NADA NUEVAMENTE LES PIDO AYUDA GRACIAS

  2. nosotros estamos igual hay alguien que nos pueda orientar para poder salir de este enrrollo ya que no podemos pagar lo que ellos piden

  3. Buenos días,
    En primer lugar le le aconsejaría le desconfiar de las ofertas sobre el neto así como los anuncios. Ya que más del 90% de estos anuncios son fraudulentos. Hoy día hay cada vez más timos. Quería pedir prestado dinero, después de haber fijado un anuncio, cada días yo recibo más de 25 mensajes nada que estafadores que piden dinero sean diciendo gastos de tramitaciones. Y suprimía su mensaje pero un día caí sobre una persona nombrado leonido veronas, creía que hacía partido también de los estafadores del neto pero a mi gran sorpresa éste es diferente, él me hice un préstamo de 40.000 euros y lo reembolsé respetando los plazos. Le lo confirmo y sucedía que busca de préstamo contactan el por correo electrónico. Ahí tienes su correo electrónico:

    leonidoveronas@gmail.com

  4. Las ofertas de préstamo entre particulares existen realmente… quienes que esté o cualesquiera que sean sus problemas, es un hombre de negocios o una mujer. Necesita fondo para empezar a su propia empresa u otros, tiene un proyecto para el cual buscaba financiaciones; Se les ve desgraciadamente negado de los créditos para los bancos para distintas causas. Es particulares, honestos y de buena moralidad. Dispone de una renta que puede permitirle ocurrir a sus mensualidades; Más preocupaciones soy un particular religioso que dispone de un capital, yo deseo poner a su disposición en forma de préstamo reembolsable sobre una duración máxima de 40 años a un porcentaje que va del 2% según la suma pedida y la duración de reembolso. No vacilar ya un único momento ya que no se les no decepcionará. Si está de verdad en la necesidad, quiere escribirme por correo electrónico.

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