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Un acto de sentido común

220 | 29 noviembre 2011 | Desde Nuestra América | 59 vistas | comentarios

Óscar Wingartz Plata*

Hace unas semanas presenciamos un evento que muestra una vez más la poca o nula sensibilidad que tiene “los barones del dinero”, al menos en nuestra América. Dicho evento tuvo lugar en Asunción del Paraguay en el marco de la XXI Cumbre Iberoamericana. Esta cumbre tiene como impulsora a España, que reúne a los presidentes de toda la región. Un elemento digno de comentar es que no todos los mandatarios asistieron a dicha cumbre, sólo por mencionar algunos, de Brasil, Argentina, Venezuela y Colombia, no estuvieron representados en dicha reunión. Estos países tienen un peso específico en las relaciones latinoamericanas. Cuestión sintomática.

XXI Cumbre Iberoamericana

Foto: paraguay.com

En dicha reunión hubo un “incidente”, si se puede llamar de esa manera protagonizado por el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien solicitó ausentarse de la plenaria mientras estuviera hablando Pamela Cox, vicepresidenta del Banco Mundial. La reacción del presidente Correa generó en algunos de los asistentes desconcierto por las razones que expuso. Aquí está la relevancia del hecho. El presidente hizo manifiesto un asunto que no es de hoy, es una cuestión histórica que traemos a cuestas los latinoamericanos al expresar lo siguiente: “En un foro iberoamericano, ¿por qué tengo que escuchar las cátedras de la vicepresidenta del Banco Mundial, que chantajeó abiertamente a mí país?” Más adelante enfatizó dicho reclamo al decir: “¿Hasta cuándo vamos a soportar esas cosas, a liberarnos del neocolonialismo?” “Si quiere el Banco Mundial hacer una exposición que empiece ofreciendo disculpas a América Latina por todo el daño que hizo, que fue y sigue siendo uno de los personajes impulsores del neoliberalismo” (La Jornada, 30/X/2011). La cuestión que se desea enfatizar va en diversa dirección.

De ahí el interés por describir a los Estados Unidos como “más egoístas y prepotentes en sus prácticas que las monarquías europeas”, dominados por la “plutocracia” o “millonocracia” y la “diplomacia filibustera”, términos todos ellos que producen la adjudicación del carácter “parasitario” al capitalismo yanqui, connotación de larga fortuna en la reflexión sobre los EEUU en el discurso de la intelectualidad latinoamericana, que incluso llegará a superponerse con una definición análoga sobre el entero fenómeno capitalista proveniente de un campo tan diverso como el generado por la implantación del anarquismo en América Latina.

Óscar Terán

No hay que pasar por alto la posición que históricamente ha tenido y tiene la América Latina en el llamado “concierto” de las naciones. Este punto es clave en esta discusión, porque “normalmente” queremos disimular el hecho. “La posición” que guarda el continente latinoamericano de cara al asunto que se está planteando, en términos objetivos es totalmente marginal. Esto quiere decir en palabras claras, somos “parte de la escenografía”, con una sola excepción, cuando los países centrales vienen por nuestras riquezas y recursos, tanto materiales como humanos, bajo esas “circunstancias sí contamos”, para lo demás, literalmente, no existimos.

Por ello el reclamo del presidente Correa es absolutamente claro, contundente, pertinente y justificado. No es un acto de revanchismo ni de “mal gusto” como lo dijo posteriormente el Sergio Jellinek, representante del organismo al decir que: “el ataque de Correa fue personal… fuera de lugar y fuera de contexto”. Qué casualidad que cuándo se hacen los reclamos siempre son “personales, injustificados, fuera de lugar”. Con esto queremos hacer ver la absoluta asimetría que seguimos padeciendo y soportando a escala internacional. Esto quiere decir, los países poderosos son los “únicos que siempre tienen razón, sus justificaciones son plausibles, los demás son una atajo de ignorantes, viscerales y resentidos” por expresar su inconformidad y evidenciar la inequidad del sistema mundo.

Tampoco debemos olvidar cuál ha sido “la actuación” de estos organismos, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a escala mundial. Estas instancias se constituyen como mecanismo de “ajuste” del capitalismo al término de la Segunda Guerra Mundial. Entre otros aspectos iban a servir como “reguladores” del llamado equilibrio financiero a nivel global. Esto les va a proporcionar un poder inmenso, hasta el punto que todos los países en mayor o menor medida tienen que “voltear” a estas instancias. Esto quiere decir que, la forma en que se “desarrolla”, “armoniza” y “balancea” el capitalismo mundial depende en gran medida de las medidas y posturas que asumen estas instituciones. Esto por su propia lógica nos pone a los latinoamericanos en una situación de absoluta postración, la pregunta es: ¿cómo no inconformarse ante tal evidencia? Donde nuestro margen de maniobra a nivel económico es nulo.

En estas puntualizaciones cabe una que tiene una dimensión expresa, la vamos a formular a manera de pregunta: si efectivamente estas instancias son tan “efectivas” ¿por qué estamos sumidos en una crisis global de proporciones apocalípticas? Asunto central. Todavía hay más: en este desastre ¿dónde se ubica nuestra América? Por ello se afirma que la posición de Rafael Correa es de un claro sentido común. No son actitudes “patrioteras” como algunos lo han querido calificar, es una muestra clara de la defensa de nuestros legítimos intereses como pueblos y naciones con derecho a una vida digna.

Estos argumentos explicados en toda su extensión nos llevaría un enorme número de páginas y entregas por la densidad que tiene desarrollar estas ideas. Como punto de arranque cabría decir que, si no hay una real, verdadera y clara redefinición de las relaciones de intercambio el asunto a nivel mundial irá de frente al desastre total. No es una exageración este planteamiento, las evidencias las tenemos al alcance de nuestras manos. No es cuestión de buscarle mucho.

Estos planteamientos deberían ser retomados por nuestros gobernantes y hacer explícita su posición en esta materia. Porque el presidente de Ecuador habló por la América Latina en tu totalidad, la referencia es: ¿hasta cuándo vamos a tener un mínimo de sentido común? Es decir, ¿hasta cuándo vamos hacer respetar nuestra posición y nuestros anhelos como país delante de estas instancias? O como siempre, ¿uno debe hablar por todos? Se hace mención de este punto, porque actualmente, nuestro país está cada vez más “enganchado” al “carro del norte” que nos hace más complicado tener cierta distancia del derrumbe que se avecina. Este es, si está crisis se despliega a lo largo y ancho del planeta como se está mostrando ¿de dónde nos vamos a sostener? No son estridencias.

Finalmente, reconozcamos en la actitud del Presidente Correa un gesto de consecuente defensa de nuestra América. Este tipo de respuestas hacen falta si deseamos tener mayor espacio de maniobra, porque la docilidad, la sumisión y la entrega nos ponen en una situación de franco repliegue con todas consecuencias que ello pueda tener en el futuro mediato. Necesitamos urgentemente gobiernos que tengan como uno de sus horizontes inmediatos, la defensa de nuestra dignidad y el derecho a una vida plena como cualquier ser humano.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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