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Derechos por balas

223 | 19 diciembre 2011 | Diálogos Diversos | 85 vistas | comentarios
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    Activistas

    Foto: EFE / mexico.cnn.com

    Lluvia Cervantes*

    En estos tiempos terriblemente oscuros para la defensa de los derechos humanos en nuestro país, los esfuerzos para que cada persona pueda declararse activista y sentirse involucrada en esta lucha se ven rebasados por impunidades a manos llenas.

    “¿Cuáles Derechos Humanos? nada se respeta en este país, luego exiges que hagan su trabajo y te contestan con balas”, leo en un foro en línea donde comentan la muerte de los estudiantes de Ayotzinapa. Esa pesadilla recurrente con A: Aguas Blancas, Acteal, Atenco. Alguien más comenta: “Sólo fueron 2, nada que ver con el 68”. ¿Nada que ver? ¿En qué momento llegamos al punto en que se piense que si hay menos muertes violentas es menos grave? Pienso en los países en donde es titular nacional e indigna que una sola mujer muera a manos de su pareja. Qué atrás dejamos eso. Hace más de 67 000 muertes, dice Sicilia.

    También pienso en esa defensa recalcitrante que hacen algunos grupos por “la vida desde la fecundación” para que al nacer, tanta gente de los mismos sectores se lave las manos para propiciar y exigir vidas no precarias y el pleno acceso de TODOS los derechos de esas (ahora sí) personas. Pareciera que sólo les importan algunos derechos humanos, ya que también vemos autoridades que siguen exigiendo que cada óvulo fecundado tenga derecho a la vida, aún a costa de las vidas de las mujeres que tengan que parirles, pero siempre y cuando esas “personas nacidas” ya de jóvenes o adultas en lo cotidiano “se aguanten” lo que sea que les toque vivir en este “valle de lágrimas”, o por ejemplo, no ejerzan su derecho a manifestar públicamente sus afectos, a formar una familia, o simplemente a mantener prácticas sexuales consensuadas si es con personas de su mismo sexo.

    Lo cierto es que el 2011 nos deja el impacto de que a todas las personas, ya sea por azar o por cacería directa, la violencia (también la institucional) nos está tocando. Peor aún, se multiplicó este sentimiento colectivo de desconfianza ante las instancias que se supone, debieran procurar nuestra seguridad y nuestro acceso a la justicia, pero que parecen estar más ocupadas discriminando a mujeres indígenas, pidiendo mordidas, dando carpetazos o ingeniando peritajes, torturando y sembrando drogas o “cuernos de chivo” para responsabilizar a las víctimas de sus propias muertes o los atentados sufridos: Muertos impunes que matan a activistas que lucharon contra las muertes impunes, como Marisela Escobedo (cualquier parecido con el caso de Octavio Acuña en Querétaro no parece ser mera coincidencia). Medidas cautelares “de a mentiritas” y evidentemente negligentes para Norma Andrade, Pedro Leyva y don Trino. Amenazas de acciones legales contra la protesta social expresada con gises o de 23000 personas. Expedientes criminales instantáneos que pretenden justificar oficialmente que Nepomuceno Moreno haya sido ejecutado. Levantones, allanamientos cotidianos: esa punzada en el estómago al enterarse de otra persona (cercana o no) extorsionada, desaparecida, ejecutada, o descabelladamente criminalizada por el propio estado. 98% de crímenes quedan impunes en el país, reitera Sicilia.

    Pero con todo, activistas o no, hay que seguir indignándonos, evidenciando, preparándonos para la otra guerra que se viene el próximo año, la electoral. Y con ella, más afrentas al Estado Laico, o el ya aprobado recorte presupuestal a programas de salud, de equidad entre los géneros, de cultura, de educación, aunque el gobierno siga afirmando que en este país se garantizan los Derechos Humanos. Eso sí: cada día hay más dudas sobre a qué se refiere, sobre cuáles sí considera derechos, o si cambiará las leyes para que tengamos sólo algunos y siempre y cuando las y los “prole” no hagamos manifestaciones, exigencias o críticas.

    Leo comentarios en Twitter del tipo “Poco a poco las opciones que nos van dejando son: gritar que no quieres esto, y esperar una bala, o quedarte en silencio a esperar una bala.”

    ¿Cómo se cura la desesperanza?

    *Coordinadora en Querétaro de la Red por los Derechos Sexuales y reproductivos en México

    @DdeserQro
    desdudate@gmail.com
    http://www.ddeser.org

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