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Radiografía del político promedio en México

228 | 8 febrero 2012 | Óptica Democrática | 94 vistas | comentarios
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    Arturo Marcial Padrón

    La clase política mexicana exhibe su escasa capacidad de debate en una trifulca. FotoS: http://9gAg.com

    La clase política mexicana exhibe su escasa capacidad de debate en una trifulca. Fotos: http://9gAg.com

    En el ejercicio político se ubican hombres y mujeres con diferentes temples y personalidades, si revisamos la trayectoria de vida muchos de ellos, seguramente caeremos a cuenta el porqué de su muy peculiar estilo de participar en la vida pública.

    Hay personajes, que desde la cuna han tenido cercanía con la política, quienes la heredaron como forma de vida y no conocen otra forma de sobrevivir que no sea del erario público. Deambulan también liderazgos naturales y socialmente espontáneos, gente preparada y profesional que está inmersa en esta actividad por cuestiones de ética y compromiso. Desafortunadamente para nuestro país, estos últimos, son muy pocos.

    Los políticos mexicanos –en una gran mayoría–, carecen de una visión moderna de la política, se pierden en las cortesías que a diario reciben de sus sequitos, en lugar de pulsar las problemáticas y enfrentar con entereza las divergencias ciudadanas. No; para ellos, lo más importante es su zona de confort y seguir rodeados de falsas adulaciones que consuelen sus pequeños egos.

    Cada que he tenido oportunidad de conversar con amigos de otras partes de México y del mundo, en su discurso aparece de manera intermitente la mediocridad de nuestra clase política, hay quienes se sorprenden de la ignorancia, arrogancia y petulancia de nuestros dirigentes. Pero más aún, de la nobleza del pueblo de México por seguir manteniendo a gobernantes ineficientes. Los ejemplos de políticos mandados al ostracismo por pequeñeces son varios, pero la incredulidad se acrecienta cuando ven resucitar a políticos con extremos de impunidad y cinismo. No me extraña esta visión, en estricto sentido corresponde a la realidad.

    El político mexicano de hoy, es un hombre de mundo, viaja por muchos de los rincones del planeta, desde luego con cargo al erario, se jacta de buscar inversiones, conocer modelos de gobierno, recibir reconocimientos y poner en el plano internacional a sus respectivas regiones. Es una lástima que de este turismo político, no se les quede un poco de las formas y conductas de hombres de Estado con los cuales tienen roce. Se creen que por haber visitado –en una semana o dos– determinados países, conocen su cultura y valores. Lo que han de- mostrado hasta la fecha, es que son buenos para el glamur, no así para trasladar modelos de gestión pública.

    Si nos enfocásemos a revisar la práctica de valores cívico democráticos en la cúpula política, seguramente encontraremos pocos practicantes del diálogo, la tolerancia y el debate razonado. En este país, una gran mayoría se rige bajo los principios diametralmente opuestos, no hay capacidad de debate, mucho menos de consenso. Se pierde todo, o se gana todo; hay que eliminar siempre al adversario. Triste realidad.

    Abundan también, gobernantes con piel de extrema sensibilidad –como consecuencia de sus carencias sicológicas–, no resisten la más mínima expresión de divergencia, sus egos los hacen sentirse demasiado importantes o demasiado pequeños, por lo que toman las críticas a título personal. Considero que este tipo de personajes, en lugar de hacer de la política su forma de vida, deberían dedicarse a un oficio que les procure blindaje exterior.

    Por más ridículo que parezca, no hemos transitado a nuevas formas de relacionarnos en política, los “señores públicos” siguen peleando la representatividad social con escasos argumentos y si con muchos dimes y diretes que rayan en la vulgaridad. Con su comportamiento, se asemejan más a estrellas de rock que a hombres y mujeres responsables de la conducción social.

    Ahora bien, el que predominen políticos con estos perfiles, también es responsabilidad de nosotros los ciudadanos, casi siempre se tiende a idealizarlos, a verlos como grandes salvadores. No señores, el que algún funcionario ejecute recursos para construir hospitales, carreteras, pozos de agua o repartir despensas en la Sierra Tarahumara, no es una acto de bondad, es por disposición legal su obligación. Los políticos son para eso, para tomar decisiones y emprender acciones que solucionen las problemáticas de la sociedad en su conjunto.

    La buena noticia, es que México poco a poco está entrando en un dinámica diferente, asoman ya por ahí nuevos perfiles políticos, que seguro consolidaran su trayectoria y se acostumbrarán a las criticas, y mejor aun, serán inmunes a los fanatismos radicales. Aunque hoy en México sería impensable que alguien saliera íntegro en su persona, si decidiera lanzarle harina a un candidato presidencial como sucedió en Francia con François Hollande–, lo más seguro es que los futuros políticos tendrán prepararse para una ciudadanía más fiscalizadora y crítica de sus acciones.

    arturomarcialpadron@gmail. com

    twitter@ARTURMAR- CIAL

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