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La poesía es un juego peligroso

277 | 12 febrero 2013 | Una Temporada en el Infierno | 104 vistas | 2 comentarios

Ramón Martínez de Velasco

Rimbaud en abisinia.

Arthur Rimbaud (de pie, a la izquierda). Foto: Especial.

Todo comenzó en 1854.

Su padre fue militar. Su madre católica al rojo vivo. Pareja explosiva.

Las salidas de emergencia que toma el adolescente son la lectura, la escritura, el hachís y el ajenjo (un afrodisíaco llamado “demonio verde”, muy estimado entre los bohemios).

El vagabundeo callejero, el sueño debajo de cualquier puente y las alucinaciones, culminan en su exilio voluntario.

A los 16 su prosa poética es saludada por los círculos literarios.

A los 18 entrega “Una temporada en el Infierno” a un impresor. Nunca regresa y jamás ve su librito publicado.

A los 20 abandona la Francia, asqueado de los intelectuales y de su mundillo rutinario.

A los 26 llega al Mar Rojo. Deambula en los puertos. Busca trabajo sin mucha suerte. Hay guerras civiles en curso.

Su paisaje es una mano sin líneas. El sol tiñe su rostro, que nunca es igual en las pocas ilustraciones y fotografías que de él se conocen (tres fotos son autoretratos que envía a su familia).

Ya no es francés. Ya no tiene nombre ni pasado.

Habla distintas lenguas. Trafica con armas. Ya es “el sabio del sillón sombrío”.

Desde Abisinia un comerciante emprende un viaje a la Francia. Allí se entera quién es Arthur Rimbaud. Su nombre es citado en el libro “Los poetas malditos”, de Paul Verlaine.

Su obra ha adquirido fama. Ninguno de sus lectores sabe que está vivo.

Conmocionado, el comerciante le da la noticia a su poco comunicativo empleado.

Éste, colérico, manotea y desdeña su pasado.

No retorna a su patria para disfrutar de fama, prestigio y dinero. Huye hacia Adén, organiza una caravana y le lleva rifles “a Menelik, rey de Choa”.

Fracasa. Se gasta sus ahorros. Embrutecido, cae enfermo.

Las semanas que siguen se convierten en una ruleta rusa, con siete balas en el cargador. Los días, en un río no navegable. Muere, envejecido, a los 37 años de edad.

Todo comenzó frente a una página en blanco.

La poesía es un juego peligroso.

Y se ha cobrado numerosas víctimas.

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2 comentarios

  1. Breve historia dramática en prosa punzocortante contada una y mil veces. El cierre es exacto. Cortado con bisturí. La explosión de las palabras. Vivir es peligroso. Cuida tu espíritu. Hombre duro, ¿qué te dice tu vocecita interior? ¿Estás listo? Ay…
    Fraternalmente.
    Julio Figueroa.
    Qro. Qro., miércoles (ombligo de la semana), 13-II-2013.

  2. Gracias por comentar esta colaboración, Julio Figueroa. Espero le haya conmovido el personaje y la breve narración de algunos pasajes de su vida. Lo saludo. Continúe participando.

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