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Un papado controvertido

279 | 26 febrero 2013 | Desde Nuestra América | 90 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata*

Pope Benedict XVI

Joseph Aloisius Ratzinger. Foto: www.topnews.com

De manera sorpresiva, el pasado 11 de febrero el Papa Benedicto XVI anunció, ante el colegio cardenalicio reunido en el Vaticano en consistorio para examinar tres causas para la canonización de los futuros santos de la Iglesia, su renuncia como Sumo Pontífice. Dos de las razones aducidas fueron su avanzada edad y su quebrantada salud. En este orden, no hay que perder de vista que el Derecho Canónico tiene estipulado en sus normas el retiro del cargo a los 80 años, es decir, los obispos pueden pedir su remoción por edad avanzada. El Papa con mucho rebasa la edad canónica al haber cumplido 85 años. Esto significa que está en su legítimo derecho de pedir su remoción. Paradójico, pero está en su derecho.

Este anuncio rompe con una “regla no escrita del papado”, el permanecer en el puesto hasta la muerte. El último Papa que abdicó fue Celestino V, en 1295, es decir, en 718 años la Iglesia Católica no vivía un acontecimiento de esta magnitud. Esta noticia para muchos ha significado una crisis más para la institución religiosa, para otros, una muestra de la humanidad que acompaña este cargo, en el sentido de que están expuestos como cualquier otra persona a las limitaciones que se viven cotidianamente. Muchos más han visto en su renuncia un acto pleno de responsabilidad, de plena conciencia de su misión, de su entrega a la Iglesia. Para otros ha sido llanamente una traición.

En relación con este anuncio, deseamos apartarnos de las explicaciones trilladas, simplistas, en definitiva, no estar haciendo especulaciones sin fundamento. Porque este tipo de hechos se presta para hacer esoterismo. Sobre todo, si tomamos en cuenta que la vida vaticana tiene otros ritmos, dinámicas y formas de hacer conjugarse. Por otra parte, no hay que perder de vista que el actual Papa ha tenido que enfrentar una serie de situaciones por demás complicadas, altamente expuestas, escandalosas, casos concretos: la pederastia de algunos sacerdotes, el lavado de dinero del Banco Vaticano, la homosexualidad, el acercamiento con otras confesiones. Se debe decir que estos problemas le fueron “heredados” por el Papa anterior, en muchos sentidos, él tenía conocimiento de los mismos. En este orden, una de las labores más comprometidas fue el cargo que ocupó como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (el antiguo Santo Oficio). Estando en el puesto enfrentó un conflicto que estuvo precedido por una enorme desinformación, exageración y, en cierta medida mala fe, el combate que entabló contra la Teología de la Liberación y los teólogos de la misma, el caso más sonado fue la suspensión que le aplicó sin miramientos al padre brasileño Leonardo Boff, al prohibirle ejercer su ministerio docente y pastoral.

El carácter controvertido del Papa, desde esta consideración tiene una doble vertiente, por un lado están las funciones mismas del papado en cuanto tal, por otro, su propia personalidad. No podemos pasar por alto que estuvo afiliado a las juventudes hitlerianas, esto lo ubica con antecedentes nada deseables. En esto hay una faceta de su persona que es definitiva, su vida académica e intelectual al ser considerado uno de los grandes teólogos de la Iglesia. Este dato es avalado al haber sido uno de los asesores durante el Concilio Vaticano II.

Otro problema que encaró el Papa fue la posición que guardaba delante de la llamada modernización eclesial, también conocida como el aggiornamento, esto en términos muy concretos ha sido una de las cuestiones más conflictivas, no de este papado, sino de la Iglesia al menos en los últimos 120 años, por poner una referencia. Muchos analistas han referido este asunto como “la eterna lucha” entre conservadurismo y progresismo. El problema más agudo es hacer compatible los principios de la Iglesia con la modernidad. Aquí cabe una consideración muy precisa, la Iglesia como institución no puede ir en contra de sus propios principios, porque son su médula, su fundamento, no es como un partido político, que puede cambiar, modificar, tirar o negar sus propios principios como PRI, al cambiar sus principios a pleno antojo, de manera oportunista y coyuntural.

Por otra parte, este papado ha tenido que lidiar con situaciones inéditas en la historia de la humanidad, tres ejemplos de esto son: el reconocimiento de la homosexualidad como un fenómeno del mundo contemporáneo, el reconocimiento del “matrimonio” gay y replantearse a profundidad el problema del aborto con todas sus consecuencias. Asuntos todos ellos en extremo complicados. Ante esto el Papa ha intentando mediar y darle un cauce a las discusiones en un mar revuelto y lleno de antagonismos.

Os he convocado a este consistorio no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino.

Benedicto XVI

Sobre estas consideraciones, es justo decir que de ninguna forma se pretenden hacer apologías o defensas a la figura papal, simplemente se está haciendo mención de una realidad que objetivamente ha rebasado a un hombre anciano, que además lo consume profundamente. En todo esto las pugnas vaticanas son una variable que también actuó en contra suya. Es decir, uno de los factores que “jugaron” adversamente contra el Papa fue haber sido considerado de “transición”, esto significa que la lucha por su sucesión se comenzó a gestar desde el momento mismo en que lo nombraron sucesor de San Pedro. Situación realmente adversa. Esto también puede leerse, sin exageraciones, al afirmar que su designación le llegó de “rebote”, porque su verdadera vida es la academia, ser un profesor de enorme nivel, dedicado plenamente al quehacer intelectual, a diferencia de Juan Pablo II, que era un hombre impresionantemente mediático, esto quiere decir, que no todos los pastores son académicos ni todos los académicos son pastores. Al Papa Benedicto XVI le pesaba enormemente la vida pastoral, él es un hombre de letras, de reflexión, de libros.

Finalmente se debe decir que el Papa teólogo reflexionó con profundidad y serenidad su renuncia, es un acto que va más allá de su ministerio, porque tiene clara conciencia de lo que significa para la Iglesia en su totalidad. Si hemos de “juzgar su decisión”, debemos decir que le ha hecho una enorme contribución a la Iglesia por su valor, su lucidez y sinceridad al aceptar que ya no podía más. Este es un testimonio de honestidad y congruencia humana y religiosa. Como se ha dicho, este mundo sería otro si nuestros gobernantes tuvieran estas actitudes y este temple, el reconocer que son más útiles haciéndose a un costado y no estar medrando del poder. Benedicto XVI le ha hecho una gran contribución a la Iglesia y la humanidad con esta decisión.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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