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“Vivir es un derecho, no una obligación”

278 | 19 febrero 2013 | Una Temporada en el Infierno | 189 vistas | comentarios

Ramón Martínez de Velasco

Ramón Sampedro.

Ramón Sampedro. Foto: Especial.

La eutanasia está prohibida en 18 estados de la república mexicana. Querétaro es uno de ellos.

Su obispo, Faustino Armendáriz, rechaza categóricamente su aplicación, cualquiera que sea la condición del paciente (Total, de algo hay que hablar para no aburrirse en el limbo).

Algunos legisladores queretanos también han opinado sobre el tema, en días pasados. Simples babosadas, claro está (Total, vale la pena apantallar a los reporteritos que, a final de cuentas, lo que buscan es que algún despistado les invite el cafecito).

Las opiniones de unos y otros se engarzan, pues ambas partes representan a una sociedad retrógrada. “La Iglesia no es una organización política, lo cual no quiere decir que no influya en la situación política”, ha escrito la semana pasada el periodista Jaime Septién, director del semanario queretano El Observador. ¿Así, o más claro?

“La eutanasia no se legisla porque no da votos”, escribió el español Ramón Sampedro, quien el 12 de enero de 1998 decidió tomar cianuro y morir frente a una cámara de video, tras vivir 29 años postrado en su cama, “acostado en mi ataúd”. Él quedó tetrapléjico desde los 25 años de edad, al fracturarse la espina cervical por la séptima vértebra.

Defendió su causa, la de morir, en audiencias, tribunales y juzgados. “Mi equilibrio consiste en saber que puedo sobrevivir domesticando el infierno, pero sin olvidarme jamás que es absurdo permanecer en él”.

Su amiga íntima, Ramona Maneiro, le puso “el vaso con la pajita” donde disolvió el cianuro en agua. También preparó el video en el que Sampedro grabó su testamento y su propia muerte, a fin de exculpar a todas las personas de su entorno.

“Señores jueces, autoridades políticas y religiosas. Después de las imágenes que acaban de ver, les pregunto: ¿qué significa para ustedes la dignidad? Sea cual sea la respuesta de vuestras conciencias, para mí la dignidad no es esto. Esto no es vivir dignamente. Yo, al igual que las personas que aman la vida y la libertad, pienso que vivir es un derecho, no una obligación. Sin embargo, he sido obligado a soportar esta penosa situación durante 29 años, cuatro meses y algunos días. Me niego a continuar haciéndolo por más tiempo (…) Es vuestra desidia la que me obliga a hacer lo que estoy haciendo, escondido como si fuera un delincuente. Y como tanta desidia me parece una burla, he decidido poner fin a todo esto, de la forma que considero más digna, humana y racional. A mi lado tengo un vaso de agua conteniendo una dosis de cianuro de potasio. Cuando lo beba habré renunciado voluntariamente a la propiedad más legítima y privada que poseo: mi cuerpo. También me habré liberado de una humillante esclavitud: la tetraplegia. Señores jueces, autoridades políticas y religiosas: negar la propiedad privada de nuestro propio ser, es la más grande de las mentiras culturales. Y no es que mi conciencia se halle atrapada en la deformidad de mi cuerpo atrofiado e insensible, sino en la deformidad, atrofia e insensibilidad de vuestras conciencias”.

Así quiero yo, cuando llegue la hora, irme en la eternidad.

¿Así, o más claro?

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