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Carta al Papa Francisco

296 | 2 julio 2013 | Fuera de Foco | 136 vistas | comentarios

El Papa Francisco I, Jorge Mario Bergoglio. Foto: www.telegraph.co.uk

Jorge Filipponi Schpilman*

Estimado Papa Francisco:

Ya que no recuerdo habernos encontrado en alguna de las tantas líneas del subterráneo de Buenos Aires, ni en el estadio de San Lorenzo de Almagro, quisiera presentarme:

Mi nombre es: Jorge Filipponi. Soy argentino. Porteño de ley –igual que Usted–, y a punto de cumplir 53 años de edad. Vivo en Querétaro desde hace ocho años, y si se da una vueltita por México, no dude en visitarnos, eso sí, me avisa con unos días de anticipación para que apenas baje Usted del avión en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, tenga asiento reservado en la Primera Plus.

Ahora, quisiera ir al tema principal de esta carta, que tiene como objetivo buscar su consejo en favor de un muchacho que se llama: Ernesto Cordero, que trabaja como presidente del Senado y al cual, no me une ningún vínculo de amistad o familiar, pero como dice el dicho: “Haz el bien sin mirar a quien”.

Creo, su Santidad, que es mi deber ayudar a enderezar el camino de las ovejas descarriadas, en este caso, un cordero descarriado…, y es por eso que me animo a escribirle para que Usted me encamine, y así poder encontrar las palabras adecuadas.

Respecto a los políticos, mire, no hay mucha diferencia con Argentina. Hay de todo un poco… Para que me entienda mejor, es como en el fútbol, en donde algunos jugadores prometen pura gambeta y terminan pateando la pelota a la tribuna, o en lugar de ir para adelante van para atrás, o aquellos a los que se les paga millones y terminan siendo un fiasco, en fin, se da algo así como un paralelismo…

Pero en el caso de este muchacho, no creo que sea mala persona. Simplemente pienso, que tiene un serio problema de “enfoque” o de “actitud” por la manera en que se gasta los “recursos públicos”, que según estuve investigando, en política es una costumbre tan vieja como el mismísimo mundo.

Nadie duda que un representante de la sociedad, desee dar una imagen de sobriedad, pulcritud y elegancia ante su electorado y la ciudadanía en general, pero a Ernesto se le fue la mano…

Yo entiendo que tanto Usted como yo, nos vistamos con ropa de marcas desconocidas y con zapatos remendados, porque en definitiva, ni Usted sale del Vaticano, ni yo salgo de mi casa,  pero Ernesto no lo entiende así, y él insiste en vestirse con modelos exclusivos de un tal Luis Vuitton, al cual no tengo el gusto de conocer, y que según me han dicho, es bastante abusado en los precios…

Tampoco puede uno andar gastando el dinero de los contribuyentes en el “Rey del Dulce”, en cigarros y en boletos de avión, ¿me explico?… Yo entiendo que haya que endulzar la vida, y que fumarse un cigarrito –de vez en cuando– calma los nervios, y que es más rápido viajar en avión que en camión, pero siempre y cuando sea por cuestiones de trabajo y no por asuntos personales…

Quizá se le pueda perdonar el hecho de que se haya gastado –siempre de los recursos públicos– 800 mil pesos en orquídeas, porque eso habla bien de él. No hay duda que el tipo es un romántico…. Tampoco se le puede recriminar que se gaste fortunas en productos contra la calvicie, porque entre nosotros, es feo y desgastante que a uno le anden diciendo “pelón”, más aún apellidándose Cordero…

Como podrá intuir a través de estas líneas, hay que atacar el problema de raíz, ya que nuestro querido Ernesto, poco a poco se está acercando a un punto de no retorno y porque a este ritmo, no hay bolsillo ni recurso público que aguante.

Yo pensaba que Usted, quizá, podría mandarme algunos videos de esos en donde habla de que el dinero “debe servir y no gobernar”. O cuando dijo que: El ser humano está en “peligro”, en referencia a que en el mundo “no manda el hombre, sino el dinero”. Y ese cuando denunció “la concepción economicista de la sociedad que busca el beneficio egoísta mas allá de los parámetros de la justicia social” aseverando que “la dignidad no es la que da el poder, el dinero, la cultura, sino que la dignidad nos la da el trabajo y un trabajo digno”…

Para ir redondeando: Estoy convencido que si atacamos el problema por este lado, lograremos buenos resultados. Yo por mi parte, prometo entregarle los videos personalmente y asegurarme que los vea más de una vez.

Además, y Usted me dirá si es correcto, también estaba pensando en conseguir algunos documentales que hablan de la vida y la obra de Olof Palme, de Mahatma Gandhi, de Gilberto Bosques… O quizá no sería mala idea mandar a Ernesto a vivir una temporada con el Pepe Mujica, en una de esas, quién sabe, lo ayudamos a enderezarse y ¡hasta nos sale bueno!…

Finalmente, quedo a la espera de su sabio consejo, y me gustaría despedirme con estas palabras que seguramente le van a resultar cercanas, ya que provienen del otro lado “del charco” y son obra de Eduardo Galeano: “Estamos en plena cultura del envase: el contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo, y la misa más que Dios”.

Papa Francisco, muchas gracias por su amable atención y, por favor, rece por Ernesto…

*Teólogo, musicólogo y veterinario frustrado.

Conductor del programa El Guardián de la Memoria, que se transmite por Radio UAQ.

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