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Modernización o privatización de Pemex

296 | 2 julio 2013 | En Pocas Palabras | 127 vistas | comentarios

Durante una marcha en contra de la privatización de Pemex, realizada en el año 2008. Foto: Alexandre Meneghini/Associated Press (AP).

Teresa E. Hernández-Bolaños

Sin duda Pemex (Petróleos Mexicanos), vuelve al ojo del huracán neoliberal en el capítulo Peña Nieto. Si bien, como lo señala Enrique Méndez en su colaboración en La Jornada del pasado 24 de junio, al menos los últimos 14 años tanto PRI como PAN han buscado la privatización de Pemex, so-pretexto de sus problemas financieros, poca rentabilidad y poca “modernización”, no se ha logrado ganar del todo la batalla privatizadora. Y en contraste, tampoco se ha perdido del todo la batalla por la defensa soberana de los bienes nacionales, como lo indica el artículo 27 de la Constitución.

Más allá del discurso demagógico sobre la propiedad estatal de la empresa, del actual Presidente de la República, de la falsa “defensa de Pemex” de cierto grupúsculo del PRD, cuyos dirigentes no dudaron en tomarse la foto y firmar el “Pacto por México”, que plantea abiertamente la reforma constitucional y la apertura al capital privado de la paraestatal; más allá de eso, las acciones gubernamentales aliadas con algunos dirigentes partidistas y con sectores empresariales, sobre todo transnacionales (entiéndase ExxonMobil, Shell y Repsol), son claras, evidentes, contundentes.

“Modernización” en los terrenos del libre mercado siempre ha tenido espíritu privatizador, y como discurso ha funcionado muy bien.

No haremos aquí un análisis del término modernización; sin embargo, la praxis neoliberal es contundente al respecto, opacando el doble discurso de Peña Nieto. Es claro que el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 plantea abiertamente su vasallaje al modelo neoliberal del libre comercio y la privatización, basta con leer el capítulo VI de Objetivos, estrategias y líneas de acción, en su apartado VI.5 México con Responsabilidad Global, Objetivo 5.3, donde se expresa: “Reafirmar el compromiso del país con el libre comercio, la movilidad de capitales y la integración productiva” (PND 2013-2018:151). Por otro lado, el “Pacto por México” inserta las reformas a la Constitución y la “modernización” de Pemex en el punto 2, dedicado al crecimiento económico, el empleo y la competitividad.

La “competitividad” es un término clave a lo largo del punto, significa apertura a capitales privados; según el argumento, a través de la inversión pública y sobre todo privada se logará empleo y crecimiento económico, de ahí que habrá que abrir a esa inversión (privada) tanto telecomunicaciones como energéticos, incluido el petróleo, bajo el signo de la competitividad, mercados competidos. El argumento aterriza en la necesidad de una reforma energética como motor de la inversión y el desarrollo, privado por supuesto, en tanto la empresa paraestatal mexicana es bastante rentable para el Estado mexicano.

De ahí que la apertura de Pemex a la inversión privada, con el pretexto de que su liberalización conlleva el aumento de su capacidad productiva, no es más que el falso discurso que encubre una total privatización de la empresa y con ella el tiro de gracia al futuro soberano y democrático de esta nación.

Correo electrónico: estelahdzb@gmail.com

Twitter: @estelabol

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