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Nicaragua y el retorno de William Walker

296 | 2 julio 2013 | Desde Nuestra América | 165 vistas | comentarios

El proyecto del Canal Interoceánico de Nicaragua. Foto: www.semana.com

Oscar Wingartz Plata

Una vez más nos encontramos ante la reiteración de la historia. Esta afirmación puede parecer un verdadero contrasentido que los entendidos en la materia la descalificarían ipso facto, “la repetición de la historia”. Asunto que a estas alturas puede parecer complicada su aceptación, como también se ha expresado en repetidas ocasiones: “La terca realidad es mucho más obstinada y reacia a los ‘encuadramientos mentales’ que van mucho más allá de lo que podamos ver o concebir desde la imaginación o la razón”. La realidad, siempre nos desbordará por el costado que la imaginemos o queramos controlar.

Se hacen estos planteamientos por una razón muy sencilla, no es la primera vez que la República de Nicaragua vive estos eventos, es decir, la ilusión de tener un canal interoceánico. Incluso desde el siglo XVII ya se había soñado conectar los dos océanos, a través del Río San Juan en la frontera con Costa Rica, que desembocara en Puerto Corinto, en el Pacífico nicaragüense. Este proyecto siempre ha estado cobijado por las distintas potencias que atracaron en sus costas, es decir, española, inglesa, norteamericana. La tentación-seducción del canal ha hecho presa de estos imperios hasta un punto que la historia de ese país centroamericano se ha visto modificada por esas ambiciones imperiales.

Precisamente el personaje al que se ha hecho referencia en el título de esta entrega, fue un aventurero norteamericano esclavista que pretendió poner “sus reales” en esa porción del istmo centroamericano. Entre otras cosas, se hizo llamar “presidente de Nicaragua”, aunado a la implantación de la esclavitud, con ello abrir “de par en par” esa nación al capital estadounidense sin trabas ni restricciones de ninguna índole. Entre otras “ambiciones” estaba la construcción del paso oceánico por los lagos nicaragüenses. Este personaje es “toda una perla” del anacronismo histórico. Su desalojo sólo fue posible por la conjunción de las distintas fuerzas centroamericanas, para terminar con esa farsa histórica encabezada por ese “ilustre sujeto”, con ínfulas de déspota, tirano y sátrapa de la peor especie.

Walker sentó sus reales en Nicaragua y habría terminado por sumar la región al patrimonio de los Estados Unidos sureños norteamericanos –Estados Unidos le reconoció como “presidente” de Nicaragua– de no haber coincidido en su contra los intereses de un aventurero de su misma laya, el empresario Cornelius Vanderbilt, y los de la raposa Albión, por entonces enseñoreada de la región como rival de Estados Unidos, acicateada por una presa disputada por ambos: el control de un paso entre los dos océanos, susceptible de transformarse en canal acuático por obra del espíritu emprendedor de la época.
Gregorio Selser.

El afamado escritor nicaragüense, Sergio Ramírez, que en los años de la Revolución fuera Vicepresidente de Nicaragua nos dice de manera elocuente lo siguiente: “Un tema recurrente de nuestra historia, que yo diría vicioso, una especie de sueño maléfico que nos aparta de todo lo demás para arrastrarnos hacia esa eterna panacea entre brumas de opio. Pobreza, ignorancia, marginalidad, injusticia económica, todo queda cubierto una y otra vez por este velo mágico. El estrecho dudoso, que viene desde los tiempos de la conquista […] ha desmedrado nuestra soberanía a la hora de firmar tratados como el Chamorro-Bryan con Estados Unidos en 1914, el epítome nacional de la aversión antimperialista.” Se ha hecho esta breve referencia para ubicar el contexto en que la hermana república latinoamericana se encuentra involucrada a propósito de este proyecto.

En esta historia hay un asunto que no está claro, ¿qué implicaciones tiene para Nicaragua la construcción del canal interoceánico? Porque, la ecuación no es tan sencilla, es decir, “ya se construyó el canal y la riqueza viene por sí sola.” Pensar de esa forma es un verdadero simplismo y una aberración histórica. Se hace esta afirmación por una cuestión que la tenemos ante nuestros ojos, “las ganancias son para otros”, no para nuestras naciones. Esto lo sabemos de manera reiterada, los recursos y su capitalización se dan fuera de nuestros países, sino, hay que voltear a nuestro México con la tan ansiada privatización de Pemex, “la joya de la corona” para la plutocracia norteamericana, que el Gobierno priista, encabezado por Peña Nieto, se las está poniendo en “bandeja de plata” a los inversionistas extranjeros. El clásico e inacabable cambio de baratijas por oro. ¡No aprendemos, no aprendemos!

Realmente es increíble que nos dejemos seducir de manera tan ingenua. No hay que engañarnos, la superación de la pobreza no viene como dice Sergio Ramírez con “sueños de opio”. Se vuelve a reiterar el problema, estructuralmente nuestras naciones están atrapadas en la “dialéctica del poderoso y sus afanes de enriquecimiento avieso”. Un asunto que el presidente de Nicaragua, el Comandante Daniel Ortega Saavedra no ha dicho ¿qué pasará con Nicaragua cuando termine la obra? ¿Qué será de su pueblo en términos económico, ecológicos, sociales, históricos? Cuestión clave, central de toda esta discusión. Porque todo hasta el momento son “cuentas alegres”.

De forma insistente se ha dicho que la devastación ambiental será sin exageraciones de ninguna índole de dimensiones apocalípticas, entre otros asuntos técnicos está la remoción de miles de toneladas de sedimentos en el Lago Nicaragua, es decir, la construcción de un canal dentro del canal. Esta sola idea es realmente alarmante, porque implicaría acabar con toda la flora y la fauna de Nicaragua, además, de que el agua sería inservible para el riego y para su posible tratamiento para otros posibles usos.

Estas serían algunas consideraciones sobre este proyecto, que en términos sociales, económicos, ecológicos, culturales es para Kafka.

Parece ser que algunos de nuestros gobernantes han perdido la brújula histórico-social. Si analizamos con cuidado qué es la pequeña República centroamericana nos daremos cuenta que es uno de los países más pobres de nuestro continente, con enormes e infinitas carencias. Éstas vienen de tiempo atrás, que se fueron incubando con el paso del tiempo, han dado como síntesis, el país que vemos hoy. No es ninguna exageración afirmar que la construcción del canal interoceánico será una verdadera maldición para la tierra de Rubén Darío. No es que uno se ponga en plan catastrofista, pero las evidencias científicas, técnicas, ecológicas, sociales, económicas, históricas y espirituales están a la vista. No hay necesidad de hacer esoterismos.

Es realmente preocupante que se siga creyendo en “golpes de suerte” a estas alturas de los tiempos. Precisamente, uno de los hechos más portentosos de la historia reciente de Nicaragua fue llevar adelante una revolución social que pretendía, intentaba superar el atraso, la marginación, la pobreza y la extrema dependencia económica de Estados Unidos, verdadero artífice del atraso endémico de nuestra hermana república centroamericana. Esta no es ninguna actitud antinorteamericana, es una constatación histórica irrefutable, sino, vayamos a la historia, y leámosla con actitud crítica, objetiva y seria.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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