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El episodio negro de Kenia y Camila en el Parque “Querétaro 2000”

334 | 22 abril 2014 | Querétaro | 1.344 vistas | comentarios
  • Ya son cerca de 3 meses desde aquél funesto día, pero las autoridades han optado por callar lo que ahí ocurrió.

Redacción

Kenia 11

Kenia Neftaly Gómez Zavala. Foto: Libertad de Palabra.

Querétaro, Qro.- El Parque “Querétaro 2000” es promocionado en Internet como un lugar donde se impulsa el deporte y la recreación, “abierto para todo público”.

El martes 4 de febrero de 2014, Kenia y su hija Camila de 4 años de edad, disfrutaban del mediodía en el área de juegos para los niños con discapacidad.

Como ella, otras madres jugaban con sus hijos o los paseaban en sus carreolas. Algunos hombres hacían ejercicio.

Ese día, como otros, familias enteras convivían en este parque público, ubicado en Bernardo Quintana, una de las vialidades más transitadas de Querétaro.

Tras un rato de juego en el césped del parque, la pequeña Camila se ensució sus manos, por lo que su mamá la acompañó a lavarse.

Kenia, quien asistía regularmente a ese parque a nadar, se percató que un sujeto pasó fuera del baño, mientras las observaba.

Ella se sentía confiada y segura.

Jamás pasó por su mente que podría pasarle algo a ella o su hija en ese lugar.

Sobre todo porque recuerda que “había mucha gente”.

Mientras Kenia se disponía a lavarle las manos a su hija, se sorprendió cuando el sujeto apareció en la puerta del baño.

Preocupada por su hija, instintivamente la colocó detrás de su cuerpo. Acto seguido, deslizó una mano para presionar la cabeza de Camila hasta empujarla debajo del lavabo.

Fue en ese momento que el hombre se lanzó sobre de ella.

“¡Ahora sí, hija de tu pinche madre, dame todo!”.

Con el puño cerrado la golpeó en la cara y en la cabeza.

Para tratar de contrarrestar la golpiza, la madre de 1 metro con 66 centímetros de estatura y cuerpo fornido, logró abrazarlo y empujarlo fuera del baño.

“Pensé que iba a robarse a Camila”, recordó.

Fuera del baño, su agresor la tomó de su cabello y la siguió golpeando.

Durante el forcejeo, ambos chocaron con una barda que divide los baños de unos juegos del parque, pero él no dejó de golpearla.

Cuando Kenia sintió cómo su sangre comenzaba a escurrir por su mejilla izquierda y vio que el piso comenzó a pintarse de rojo, decidió empezar a gritar.

“Yo tengo una voz muy fuerte y ese día grité muy fuerte”, pues temía que se le acabaran las fuerzas y se robaran a su hija.

“¡Cállate, cállate!”, le ordenó su agresor.

Pero Kenia siguió gritando, incluso mucho más fuerte cuando escuchó que su hija Camila, lloraba asustada.

De reojo, Kenia pudo ver a gente a la distancia. Pero nadie la ayudó. Tampoco le brindó apoyo el guardia que suele estar cerca del lugar donde fue agredida.

“… lo que pensaron las personas era que un señor le estaba pegando a su esposa y no se quisieron meter”, fue lo que el encargado del parque le dijo a la mamá de Kenia cuando fue a pedir una explicación.

Tras los gritos de Kenia que le provocaron quedarse afónica, ni un guardia del parque acudió en su auxilio, no obstante, el sujeto simplemente dejó de golpearla.

Con un ojo lastimado, ese día Kenia se metió al baño, cerró la puerta y se atrincheró ahí unos segundos. Después consoló a Camila.

La joven madre aún no se explica el ataque. Sospecha que pudo ser el robo, aunque no le robaron nada, porque asegura que no tiene, ni ha tenido, problemas con nadie.

Kenia levantó una denuncia en el Ministerio Público.

A las 3 semanas de la agresión, recordó que un policía ministerial la buscó en su casa para mostrarle algunas fotografías, ese es el único “avance” en la investigación.

Ni siquiera las autoridades del Instituto de Deporte y Recreación del estado de Querétaro (Indereq), dependencia que administra el parque, la buscaron para saber qué le había ocurrido o para ofrecerle ayuda.

Es más, dijo que desde el inicio quisieron ocultar el asunto a los usuarios, pues no emitieron alguna alerta sobre la persona que la agredió, cuando su madre les reportó los hechos.

“… hay mucha gente que no tiene ni idea de lo que pasó y se está arriesgando en un lugar en el que pensamos que es tan seguro que podemos confiar”.

Hace más de dos meses que ocurrieron los hechos y a Kenia aún se le puede ver una pequeña marca en el pómulo izquierdo de su rostro, derivada de los golpes.

A pesar de lo que le pasó, Kenia considera que tuvo suerte porque su agresor no traía consigo un arma con la que le pudo haber hecho un daño mayor.

“Gracias a Dios la persona no llevaba una pistola o no llevaba un cuchillo”.

No obstante, este episodio le cambió la vida.

Su hija quien miró parte de la agresión se pone nerviosa cuando entra a un baño público.

Para evitar que Camila viva con miedo, Kenia trata de hacerle saber que esta historia terminó en un final feliz, que el “señor malo” fue capturado y prometió no volver a ser grosero con ninguna persona.

No obstante, la madre soltera y estudiante de Gastronomía en la Universidad Autónoma de Querétaro, también quedó afectada.

¿Cómo se olvida un hecho como este y se vive sin miedo?

Kenia ha acudido a terapias, pero aún así, se le quiebra la voz y se le llenan los ojos de lágrimas.

Ahora permanece más alerta y desconfía de todos cuando entra a algún estacionamiento, visita un centro comercial o camina en la calle.

Ha pensado en adquirir gases lacrimógenos y retomar sus clases de defensa personal.

“… ya ahorita no estamos seguros en ningún lado”, piensa.

Kenia decidió denunciar públicamente lo que vivió, ante la indiferencia de las autoridades del deporte para alertar a los visitantes de ese parque sobre lo ocurrido.

Y es que considera que si eso le pudo pasar a ella, una mujer fornida que practicó kick boxing, a medio día, cualquier cosa la puede pasar a una madre de familia que va a hacer deporte durante la noche.

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