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Las cuevas de cantera

346 | 17 julio 2014 | Medio Ambiente | 641 vistas | comentarios
Anaximandro en una cueva.

A 19°C y 60% de humedad en el interior de las cuevas de cantera de Villa Cayetano Rubio. Foto: Anaximandro Flores Valderrama.

Anaximandro Flores Valderrama*

En días pasados, tuve la oportunidad de ser invitado por unos vecinos de la zona conocida como Rancho San Antonio, correspondiente a la Delegación Villa Cayetano Rubio del municipio de Querétaro, a recorrer un área cercana a dicha colonia, en donde guiado por ellos llegamos a la parte alta de esa pequeña loma y finalmente nos encontramos con por lo menos 4 huecos, todos distantes unos de otros.

Con equipo apropiado para la práctica de la espeleología, nos introdujimos al primero de ellos. Se trata, en los cuatro casos, de formaciones de roca ígnea comúnmente conocida como cantera, que resultan ser afloramientos de ese tipo de roca producto de un milenario proceso de erosión que finalmente los dejó al descubierto por la acción del agua y el viento, es decir, producto del intemperismo físico y químico. La cantera se forma a través de millones de años, a partir de la actividad volcánica. Vale la pena recordar que la Zona Sur de nuestra entidad es flanqueda por un grupo de volcanes extintos y un par de grandiosas calderas, la de Amazcala y la de Amealco (para mayores detalles, pueden consultar: “Querétaro y sus volcanes”, Libertad de Palabra número 290).

De regreso a nuestro recorrido, en la entrada de la primera “cueva” (porque en realidad son grietas, fracturas de los monolitos de roca), es muy notorio el vandalismo que se ha hecho en ella: grafitis de todos tipos, unos encima de otros; bolsas de basura; botellas de vidrio y de plástico; heces de animales y humanas, en fin, terrible espectáculo. Una vez en el interior, ante el panorama de la huella humana, el recorrido se vuelve desafiante, ya que prácticamente todo el trayecto únicamente puede hacerse reptando, es decir, arrastrándose, debido a que hay muy pocos espacios tan sólo para estar en cuclillas. Sólo en una de las cuevas, en un confinado espacio de poco menos de 2 metros cuadrados, es posible estar de pie (en espeleología, esos espacios estrechos se denominan “gateras”). El resto del recorrido tuvimos que hacerlo gateando o reptando, lo que sin duda implicaba un riesgo adicional por la gran cantidad de botellas de vidrio rotas que había en el lugar. Así fueron las circunstancias en las que apenas lográbamos avanzar.

La torpeza humana hacia el trato o más bien maltrato contra la naturaleza es ilimitada: en algunos de los pequeños “salones” hasta el techo se encontraba grafiteado y, el colmo, restos de fogatas. Imaginemos el escenario que pareciera ser de cavernícolas, fuego y humo en un sitio donde no hay corrientes de aire y el monóxido de carbono de la combustión de esa “fogata” sería el verdugo implacable para alcanzar en pocos minutos la asfixia sin remedio, y de manera adicional con la escapatoria a unos 20 tortuosos metros de distancia en unas circunstancias donde correr es imposible. Y es que el regreso a la salida en esas condiciones nos llevó poco mas de 20 minutos. Sin duda algún frustrado suicida dejó ese vestigio.

Por otro lado, una de las cavidades más pequeñas representa un serio peligro  dado que pudimos apreciar recientes derrumbes de roca, roca suelta, y pedacería de la misma, motivo por el cual resultó imposible su exploración. Estos derrumbes obedecen sin duda a los asentamientos geológicos dada la localización del lugar a lo largo de miles de años.

Como se trataba de una exploración inédita, como parte del equipo para este tipo de incursiones llevaba conmigo el termohigrómetro, instrumento que nos permite registrar tanto la temperatura como la humedad del sitio (19°C y 60% de humedad), registros importantes que se deben tomar para conocer las variables ambientales del lugar. Existe evidencia también que dichas cuevas son madrigueras temporarias de algunos mamíferos que rondan el lugar. Dada la cantidad y variedad de basura encontrada en el interior, lamentablemente encontramos algunos ejemplares de cucarachas que fielmente cumplen su papel en la cadena alimenticia como detrívoros, es decir, que se alimentan de los restos de materia orgánica introducida a las cavidades.

En otro orden de ideas, existe interés de algunos colonos de la zona en habilitar las cuevas para ser visitadas. Tres de las cuatro exploradas reúnen las condiciones para ello, a juicio del que esto escribe. Esta actividad, si fuera el caso, permitiría: primero, la conservación y restauración de las mismas; segundo, la posibilidad de la generación de ingresos para la comunidad; tercero, la generación de empleos para los que pudieran ser los guías (previa formación y capacitación en la materia); y cuarto, de poder llevarse a cabo, esta incipiente iniciativa constituiría un atractivo ecoturístico para los que gustan de apreciar, conocer, respetar y acercarse a la naturaleza de forma regulada, segura y digna.

“Todos tenemos nuestra casa, que es el hogar privado; y la ciudad que es el hogar público”. Enrique Tierno Galván. Sociólogo y ensayista español.

*Docente/asesor externo.

Correo electrónico: anaximandrofv@yahoo.com.mx

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