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Ayotzinapa y el 2 de octubre: presente y pasado

358 | 8 octubre 2014 | En Pocas Palabras | 866 vistas | comentarios
Marcha de normalistas.

Estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, realizaron una protesta para exigir el esclarecimiento del asesinato de tres de sus compañeros y la desaparición de otros 57. Foto: www.educacionfutura.org

Nahum G. Hernández Bolaños

Es habitual en nuestro país recordar la aciaga fecha del 2 de octubre, ya arraigada en nuestra memoria colectiva, con algunas marchas, conferencias, exposiciones y toda clase de expresiones sociales y académicas que encuentran, ciertamente, eco especialmente en la población estudiantil, esa a la que tras lo ocurrido en Ayotzinapa se le recuerda que en realidad poco ha cambiado desde aquella histórica matanza.

En esta ocasión, como si el fantasma de nuestro pasado regresara recurrentemente justo para indicarnos que no hemos progresado, precisamente en el momento mismo en el que la voz oficial nos dice que México está en movimiento, que ya cambió, nos encontramos con que no, no ha cambiado y ahí en la realidad está la prueba; lo que el hecho sí nos recuerda, es que simplemente desperdiciamos palabras en torno a la democracia y a la consolidación de dicho espíritu en nuestras instituciones, siempre absortos en construir con sólo palabras una realidad que anhelamos, inmersos en la argumentación imaginaria de un cambio artificial, mismo que se desbarata con el mínimo roce de la realidad. Hoy la muerte, mutilación y desaparición de estudiantes normalistas en Guerrero nos demuestra, una vez más, que las instituciones no han evolucionado tanto como la majestuosidad sinvergüenza de los discursos optimistas. En los días que corren, si lo analizamos, nos encontramos con el mismo fondo intolerante y autoritario que originó aquella carnicería; la forma, el proceder, tampoco ha cambiado, pues los estudiantes fueron baleados a mansalva.

Por otro lado, es evidente que la violencia en México no ha cesado, lo más grave del hecho es que dicha violencia la genere la propia autoridad constituida para controlarla o por lo menos atenuarla, ello es en sí otra feliz ironía nacional, como irónico resulta también el partido de “izquierda” que gobierna aquella entidad caracterizado por implementar una persecución sistemática hacia las movilizaciones sociales, comunitarias, magisteriales, populares y, claro está, estudiantiles, actos contrarios a la supuesta ideología de izquierda que dicen sostener.

Observemos también en los lamentables hechos, que aún no concluyen, los efectos colaterales de la llamada reforma educativa. Así, la última e incómoda línea de resistencia, la representan justamente los maestros rurales, desde ahora se puede advertir más persecución y muertes.

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