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El “norteamiento” de las autoridades federales

358 | 8 octubre 2014 | Desde Nuestra América | 111 vistas | comentarios
Osorio Chong.

Durante el encuentro público que sostuvieron estudiantes del Instituto Politécnico Nacional con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Foto: siempre889.com

Oscar Wingartz Plata*

Vamos a poner en perspectiva el título de esta entrega. Es de clara evidencia que el actual Gobierno Federal está navegando en “aguas turbulentas”. ¿La razón? Por su total alejamiento de los problemas, necesidades, intereses y aspiraciones de la población, esto es, no le interesa lo que pase con el común de la gente, viven en una burbuja hecha a su medida, caso concreto, las declaraciones que hizo Peña Nieto en su reciente viaje a Nueva York, al hablar de “mundos idílicos y etéreos” que sólo ellos se creen. Esto se confirma con la “comparecencia” del secretario de Gobernación Osorio Chong el pasado 3 de octubre ante los estudiantes politécnicos en la Avenida Bucareli de la Ciudad de México, en espera de la respuesta a su pliego petitorio.

El hombre estaba totalmente desconcertado, se sentía fuera de lugar, estaba a la retaguardia ante un auditorio crítico, beligerante, comprometido y consciente del momento histórico que estaba viviendo, es decir, el secretario estaba desorientado por una cuestión que se ha hecho “cotidiana”, esto se le puede aplicar a todos los secretarios de Estado, sólo se escuchan entre ellos, “su interlocución” siempre está hecha a modo, a la medida, la componen subordinados, incondicionales, empleados a su servicio que sólo repiten ordenes o asumen los regaños de estos funcionarios.

Pocas, poquísimas ocasiones se ven confrontados por un auditorio pensante que los interpela y cuestiona frontalmente. En este orden se debe decir que Osorio Chong salió a “dar la cara” por la actual administración, pero objetivamente salió mal parado por las razones ya expuestas. Ni qué decir del actual secretario de Educación, Emilio Chuayffet, está totalmente rebasado por todos los planos. No tiene ninguna capacidad de Interlocución ni posibilidad de diálogo. Está sólo para ocupar el despacho, no más. Triste figura de un secretario de Estado.

En este orden viene una pregunta central ¿por qué los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional están movilizados? Una razón de ello es clara, contundente, evidente quieren un futuro mejor, no quieren migajas, ni mendrugos por parte del Estado. Desean un mundo mejor para ellos y nuestro país, porque su lucha no se encasilla en sus escuelas, está planteada en un marco más amplio, nuestro México, a través de su formación profesional. Es de absoluta pertinencia y relevancia la movilización politécnica.

La radicalidad, sin embargo, no es para asustarse, porque si se analiza con detenimiento, en el fondo las demandas de un movimiento con el actual Politécnico, a pesar de que en la perspectiva de esa institución pueden aparecer como radicales, en realidad encajan perfectamente con el marco más amplio de la Educación Superior creado a partir de 1968.

Hugo Aboites

Todo esto empezó hace dos semanas de manera explícita cuando la Directora del IPN, Yoloxóchitl Bustamante, presentó ante la comunidad estudiantil y docente una serie de reformar y modificaciones de orden académico y administrativo, ello levantó la indignación y la inconformidad de la comunidad por ser eminentemente lesivos para la institución en su conjunto. En términos concretos: las reformas van encaminadas a lesionar sustancialmente la formación académica y profesional de los egresados del IPN al reducirlos a simples “técnicos calificados”, es de absoluto razonamiento que una comunidad pensante y reflexiva por ningún motivo puede aceptar estas reformas.

Los puntos más álgidos son los siguientes: La imposición de un Nuevo Reglamento Interno, esto quiere decir, una serie de sanciones e imposiciones donde estudiantes y profesores quedan en calidad de subordinados. ¡Esto es inaceptable para una institución de Educación Superior! La aplicación de nuevos Planes y Programas de Estudio, donde la nota clave es la baja sensible en el contenido de las asignaturas, esto es, tecnificar la educación superior, no profesionalizarla. Asuntos diametralmente opuestos. Reducción de la calidad académica, en consecuencia, masificar la mano de obra técnica.

Como se puede observar, tanto los estudiantes como los profesores analizaron con sumo cuidado y detalle el contenido de estas reformas que vienen en sintonía con la actual política implementada por el Gobierno Federal en el sentido de ir desplazando los contenidos, la función, la misión y la proyección que debe tener la educación pública. El contenido último de estas reformas es privatizar paulatinamente la educación en todos sus niveles en nuestro país. No es ninguna exageración afirmar esta posibilidad. Aquí está el núcleo de la lucha politécnica. No son cosas menores, porque atacan la médula misma de la educación pública mexicana. Esta es la trascendencia de la movilización. No hay que irnos como se dice, con la finta.

En cuanto al epígrafe de esta entrega, es cierta, no hay tal radicalidad, es parte un largo proceso de lucha que viene desde el emblemático 1968 con toda su carga histórica. Uno de los elementos centrales del Movimiento del 68 era precisamente la plena democratización del país y la reformulación del proyecto de nación, incluida la educación como motor del desarrollo y proyección de todos los sectores de la población. Es digno de encomio y reconocimiento como los jóvenes politécnicos mostraron sus argumentos ante el secretario, con absoluta claridad, pertinencia y seriedad. Se afirma este elemento, porque estamos “acostumbrados” a callar ante el poder, como si el poder por sí mismo fuera una instancia ajena, lejana e inaccesible al conjunto de los ciudadanos, esto llama “sacralizar” el poder, es decir, darle un peso y un contenido que no tiene. El poder somos nosotros, no los políticos.

Finalmente, retomaríamos la idea inicial de esta entrega, nuestra autoridades están en otra órbita, en otra dimensión, en otro contexto. Porque es increíble que sean tan miopes e insensibles ante una realidad que los está rebasando a pasos agigantados. Confeccionarse un país a modo es el camino más corto para hacer de él un caos. Efectivamente, nuestra clase política vive “la ensoñación” del poder y el dinero, pero de manera subordinada a la plutocracia internacional, porque no es una casualidad que se estén implementando una serie de reformas que no hacen otra cosa que agudizar cada vez más las contradicciones sociales en nuestro país.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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