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La batalla de todos

| 31 marzo 2015 | Global-Local: Mirador Internacional | 136 vistas | comentarios

Marisol Reyes Soto*

La batalla de todos

Imagen: Especial.

Desde hace algunos años se ha mencionado con insistencia que México es uno de los lugares más peligrosos para ejercer el periodismo en el mundo. Para establecer parámetros a nivel internacional se suele contabilizar el número de crímenes graves perpetuados contra periodistas tales como asesinatos y desapariciones. También se incluyen los atentados y agresiones severas que han sufrido las instalaciones de algunos medios de comunicación. En esa evaluación, la Federación Internacional de Periodistas incluyó a nuestro país en una lista donde aparecen Siria, Irak y Afganistán, en tanto que en América Latina, sólo nos superó Honduras en el 2014.

Aunque el creciente deterioro del ejercicio periodístico independiente en nuestro país ha generado llamados de atención por parte de los relatores especiales para la libertad de expresión de las Naciones Unidas y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en realidad, no se ha observado un cambio sustantivo en la situación de inseguridad que experimentan algunos informadores. De acuerdo con un informe sobre del estado de censura en México, elaborado por “Artículo 19”, organismo enfocado a la protección y promoción de la libertad de expresión en el mundo, los periodistas en el país sufren algún tipo de agresión cada 26.7 horas.

La batalla por la expresión sin censura, sin embargo, alcanzó un nuevo nivel con la remoción de Carmen Aristegui de su espacio informativo en MVS. Más allá del origen de la disputa, en el imaginario colectivo de la sociedad quedó cimentada la interpretación de que su despido obedeció a un acto de autoritarismo gubernamental. La noticia sobre el tráfico de influencias y corrupción en la que incurrieron el Presidente de México y el secretario de Hacienda en la adquisición de propiedades fue, simplemente, letal. A la fecha, todavía no se ha presentado un argumento legal o político lo suficientemente poderoso para desarmar la percepción dominante.

Pero la batalla por la libertad de palabra no es menor si se considera que en esta lucha también están de por medio los intereses de los grandes y poderosos monopolios informativos, que en sí mismos, representan un cuarto poder en México. Las nuevas leyes y  reglamentos que se diseñaron para limitar alrededor del 70 por ciento del mercado televisivo de señal abierta, cable y satelital que domina Televisa, o bien, la telefonía de América Móvil, propiedad del multimillonario Carlos Slim, no han rendido los frutos esperados. Esencialmente, la opinión pública mexicana sigue secuestrada por familias de empresarios vinculados con la clase política a través de una compleja red de intereses mutuos.

La demanda fundamental por la que surgieron movimientos ciudadanos como #somos 132 no es producto de una coyuntura pasajera. La pluralidad e independencia en la cobertura informativa es un aspecto esencial para la consolidación de cualquier democracia. Existen demasiados problemas en el país que merecen atención, pero sin duda la lucha por la libertad de palabra es una batalla que nos atañe a todos.

*Académica especializada en temas internacionales.

Correo electrónico: mreyess@itesm.mx

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