Banner Jurídico.
Banner Sorriso

San Miguelito / Félix, el punto de quiebre

379 | 24 marzo 2015 | Inseguridad | Querétaro | 279 vistas | comentarios
  • El incidente en la escuela Josefa Ortiz de Domínguez, entre un pandillero y un docente del plantel detonó la ira de la comunidad.
San Miguelito. Félix, el punto de quiebre.

El joven pandillero. Fotos: Libertad de Palabra.

San Miguelito, Qro.- Hace unos años, Félix Adolfo Rubio Monay era un niño que estudiaba en la escuela Josefa Ortiz de Domínguez, en el poblado de San Miguelito.

En aquellos años de su infancia y tras acompañar a su abuelo al cuidado de algunas chivas que tenían, le dijo a su madre Elva, que de grande quería ser veterinario.

Aquellos anhelos de ese niño, con los años, se esfumaron.

Félix, ahora con 19 años de edad, integrante de la pandilla “Vatos Locos”, enardeció a la comunidad donde habita, al intentar ingresar, drogado, alcoholizado y con cuchillo en mano, a la escuela primaria donde estudió.

Ese acto derivó no sólo en una serie de versiones erradas, en la comunidad, sobre lo ocurrido, sino incluso en el intento de linchamiento a otro hombre y en la retención de algunos policías (ver nota aparte).

El incidente de Félix en el colegio encendió la alarma en una comunidad, donde la gente se había acostumbrado a las balaceras entre pandillas, cada fin de semana.

Sobre todo porque apenas, un día antes, el 08 de marzo, ocurrió la balacera más larga que recuerden, durante cerca de 3 horas, con saldo de varios jóvenes lesionados. Uno recibió un balazo en el abdomen.

Félix, el punto de quiebre en San Miguelito.

La entrada de la escuela primaria Josefa Ortiz de Domínguez de San Miguelito.

09 DE MARZO

Félix, el punto de quiebre en Querétaro. Centro de salud.

En el Centro de Salud ahora procuran tener la reja cerrada.

Contrario a lo que se ha dicho, Félix actuó solo, cuando robó e hizo destrozos drogado y alcoholizado el lunes 09 de marzo.

Aquél día, a eso de las doce del día, llegó al Centro de Salud, donde solicitó unos preservativos.

Las enfermeras le respondieron que se les habían terminado, por lo que le solicitaron regresar por ellos en una semana.

El muchacho salió del lugar, pero minutos después regresó y amagó al personal de recepción con un cuchillo.

Ante los gritos de las enfermeras y la presencia de un médico, optó por tomar un teléfono móvil y huir corriendo.

Félix, el punto de quiebre. Casa Araceli.

La señora Araceli improvisó una barda de piedra y espinas para tratar de proteger su patrimonio.

Félix no agredió al médico, Arturo Rodríguez Jiménez, como la gente asegura. El propio médico explicó lo que días antes le ocurrió.

“Yo dos semanas antes me había caído en la moto, yo tengo una moto, entonces traía la mano vendada y creo que de ahí se suscitó que me habían hecho algo, pero realmente no me hicieron nada”, explicó.

Las versiones también apuntaron a que ingresó al colegio y lastimó a los docentes, pero Félix ni siquiera tuvo acceso al plantel.

La profesora Susana Monserrat Moreno Hernández confirmó que Félix rompió a pedradas los vidrios de los vehículos estacionados de los docentes.

Y es que minutos antes de las seis, de aquella tarde, Félix intentó ingresar al colegio, pero un docente se lo impidió.

Esa tarde Félix también ingresó a una casa cercana a esa escuela, propiedad de una mujer de nombre Araceli.

En ese lugar fue al refrigerador y hurtó algunos alimentos. Se quitó sus zapatos y los cambió por otros que encontró.

También cargó con un televisor de pantalla plana, de esas que el Gobierno Federal distribuyó entre la gente de escasos recursos.

SUSPENDEN CLASES

El incidente con el pandillero en la escuela Josefa Ortiz de Domínguez, provocó la suspensión de clases durante una semana en el turno vespertino y durante 3 días en el matutino.

Los docentes accedieron a reiniciar labores, hasta que la Policía Municipal se comprometió a realizar rondines en la zona y garantizarles seguridad.

A la directora de la primaria Josefa Ortiz de Domínguez y al profesor que forcejeó con Félix los cambiaron de plantel.

Antes de que Félix comenzara a romper los vidrios de los vehículos de los profesores de la escuela, hubo vecinos que llamaron a la Policía, la cual llegó tarde y no logró aprehender al muchacho, quien llevaba dos cuchillos en las manos.

Por iniciativa de autoridades de la Unidad de Servicios para la Educación Básica en el Estado de Querétaro (Usebeq), padres de familia organizaron grupos de vigilancia durante los horarios de entrada y salida de los niños, en ambos turnos.

“Tuvimos un apoyo de los padres de familia que nos sorprendió bastante, precisamente por las situaciones que se han generado en la comunidad”, informó Verónica Salazar Albarrán, directora del turno matutino.

Antes de la agresión a la escuela primaria, Félix estaba sentado bebiendo cerveza y drogándose afuera de una casa de la calle Hacienda San Miguelito, una de las principales de la localidad.

“Le hablaron a las patrullas y no vinieron, no vinieron. Nosotros, yo le hablé como dos veces, hasta la segunda fue cuando vinieron. (Les dije) que ‘por favor, ¿van a venir o no?’”, narró otra vecina, que pidió omitir su nombre.

Cuando la Policía llegó, Félix logró escapar corriendo con el televisor bajo el brazo y dos cuchillos en las manos.

El hogar de Félix

  • Creció en una familia desintegrada y pobre.
El hombre que se libró de ser linchado por su pueblo en Querétaro, señora Elva

La señora Elva, mamá de Félix.

Félix, de 19 años de edad, es el segundo de 5 hijos. Su madre, Elva Monay Chávez, prácticamente estuvo sola al frente de la familia.

Su padre es un alcohólico que poco aportó a la casa, debido a que prefería gastar el dinero que ganaba en beber.

Félix tiene una hermana mayor, Liliana, y tres menores que él, Jorge Ernesto, Gloria Guadalupe y la más pequeña, María Ángeles, de 14 años de edad.

Su infancia estuvo marcada por los golpes que su padre les propinaba a él y a su hermano Jorge, ante la rabia e impotencia de su madre, quien oía a su marido decirles que tenían que ser “chingones” como él.

Para doña Elva, el maltrato por parte de su marido a sus hijos, fue algo determinante en su desarrollo.

Ella misma expuso que para ese hombre, ella es de su propiedad, aunque está consciente que eso no es cierto.

“Yo creo que por eso también son muy rebeldes, porque si llegaban a la hora que les daba hambre y si él estaba aquí, que no le ‘haiga’ tocado trabajar, los golpeaba y los regresaba al monte sin comer. Por eso son así”, considera.

A doña Elva se le hace un nudo en la garganta y contiene el llanto, cuando narra que a veces, no tenía para darle alimento a sus hijos.

Por eso valora mucho el apoyo que le brindó su hermana Gloria, quien vende tacos en ese pueblo y le regalaba las tortillas que le sobraban.

“Toda la tortilla que le sobraba para que yo le diera a los niños. Yo con eso les daba tortilla y lo que les podía comprar. A veces una sopa o frijoles, cosas sencillas”. Doña Elva recordó que cuando era niña, la expectativa para estudiar era nula. Ni siquiera pensé en algún momento en realizar alguna profesión.

Su madre tuvo 9 hijos. De la primogénita fue madre soltera. De Elva y su hermano, el padre desapareció cuando eran niños. Y con un tercer hombre, con quien tuvo otros 6 hijos, finamente se separó.

Doña Elva recordó que en aquél momento, su madre pasaba todo el día cosiendo balones, cuando San Miguelito era famoso por fabricar y exportar estos productos, lo que permitió dar alimento a todos sus hijos.

Durante los últimos años, ella ha trabajado haciendo limpieza, haciendo tortillas, vendiendo comida y también cosiendo ropa, para sacar a Félix y sus hermanos adelante.

“Compré una máquina de coser, pero después la tuve que vender por la misma necesidad. Cuando no tenía trabajo yo con eso los sacaba adelante”.

VIDA LOCA. TIEMPOS MALOS

Félix, el punto de quiebre en San Miguelito. Dibujo

Mientras estuvo encerrado en prisión Félix hizo algunos dibujos.

Cuando Félix tenía 14 años e iba a la secundaria comenzó a consumir marihuana.

Un año después, su madre, quien se ha encargado de lavarle la ropa, le encontró envoltorios con esa droga en sus bolsillos. Supo que una novia de la comunidad de El Pedregal, se la vendía.

Su hijo Ernesto le confirmó a su madre que su hermano Félix andaba mal.

Ella encaró a su hijo. Le pidió dejar las drogas. Lo aconsejó. Le dijo que eso no estaba bien. Pero Félix no hizo caso.

Decía que ya no podía dejar el vicio de las drogas, recordó su madre.

Dispuesta a recuperar a su hijo, doña Elva lo llevó a un centro de rehabilitación en Desarrollo San Pablo, donde le facilitaron realizar un primer pago de 800 pesos en abonos. Después estuvo pagando 250 pesos durante 6 meses.

Félix recayó tiempo después. Su madre lo llevó a otro centro de rehabilitación en Santa Rosa Jáuregui, donde le cobraban 1,200 pesos al mes, pero ahí su muchacho sólo duró 3 meses y se escapó.

Cinco días después de cumplir sus 18 años, Félix fue enviado al Centro de Reinserción Social (Cereso) de Querétaro por robar un teléfono móvil a un joven de esa comunidad.

Pasó cerca del año en la cárcel, debido a que no tuvo para pagar la multa de 3 mil pesos.

Tras cumplir su condena y de regreso en San Miguelito fue arrestado otra vez por asaltar una miscelánea. Su madre no sabe qué fue lo que robó esta vez, sólo que pasó varios meses en el penal.

Después de recobrar su libertad, su madre dijo que Félix andaba tranquilo, ya no se había drogado, ni tomado, hasta el pasado 09 de marzo cuando volvió a delinquir.

Afectado por las drogas, ingresó a una casa donde tomó alimento de un refrigerador, unos zapatos y una de esas pantallas que repartió el Gobierno Federal.

Ese día Félix además robó un teléfono en el Centro de Salud e hizo destrozos a las afueras de la escuela Josefa Ortiz de Domínguez.

Contrario a las versiones del otro lado del pueblo, donde la gente se queja que los padres de familia solapan a sus hijos, doña Elva, desea que su hijo sea encarcelado.

Lo quiere así porque sabe que la pandilla de Los Pugas, una que tiene su territorio en el otro lado del pueblo, ha dicho que matará a su hijo por lo que hizo.

Teme lo peor porque señaló que el señor José Margarito Puga Rodríguez, alias “Chocha”, hace 2 años levantó a su hijo Ernesto, con varios de sus pistoleros, y lo llevó al cerro donde lo golpearon y lo abandonaron desnudo.

La señora Elva agregó que a su hijo Ernesto también lo ingresó a un centro de rehabilitación, por consumir alcohol. En su caso encontró trabajo y no quería regresar a esa comunidad porque le expuso que ahí, simplemente no estaría en paz.

Ernesto regresó y se lo llevaron detenido, después de los destrozos en la escuela, en lugar de su hermano. A él la Procuraduría lo acusó de intento de homicidio por una balacera ocurrida el día anterior.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Comentar

Agrega tu comentario debajo o deja un trackback desde tu sitio web.

 Suscríbete a los comentario para recibirlos en tu lector RSS.

Se pide que los comentarios se hagan con respeto, para evitar que sean editados.

* campos requeridos

Comentario

¿Quiéres recibir nuestras actualizaciones por e-mail?

Simplemente ingresa tu dirección de correo en la casilla siguiente, aparecerá una ventana confirmándote tu suscripción. A partir de ese momento recibirás un correo electrónico con las últimas noticias.

Ingresa tu e-mail:

Actualizaciones entregadas por FeedBurner