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Roberto Loyola Vera, la vida sigue…

400 | 25 agosto 2015 | Columna invitada | 369 vistas | comentarios

Julio Figueroa Medina*

Roberto Loyola Vera.

Roberto Loyola Vera. Foto: Libertad de Palabra.

Un día después, lunes 8 de junio:

–La agenda en blanco. El teléfono no suena. Recogimiento en casa, con la familia. Tratando de entender lo que pasó. Digiriendo las cosas. Sin buscarle chiches a las culebras. El abrazo a mi niña en la escuela. El grito “Loyola ladrón” a mi hijo. Todo eso y más flotando alrededor. La vida sigue, don Julio. El oficio de político no se acaba de aprender. Hoy lo dijo Beltrones, cuando uno entra a la política, uno no se sale, lo sacan. ¿Estoy dentro o estoy fuera? No lo sé. Estoy vivo, tengo salud, mi familia, la propia y la de mi madre y las de mis hermanos. Mi trabajo notarial. ¿Qué sigue? No lo sé bien. Un político no se jubila. Todo depende del tiempo y las circunstancias, diría Ortega y Gasset. Digamos que estoy reflexionando y procesando lo sucedido. No me he robado ni una pluma. Todo lo que tengo lo he conseguido con mi trabajo.

–¿Qué pasó el domingo 7 de junio? ¿Por qué perdí? La vorágine de esos días fue tremenda. Uno no va solo sino con cientos y miles de gentes. Ser la cabeza y al mismo tiempo organizar y jalar parejo con tanta gente, créame que no es nada fácil. Como hacer una película, dice usted, el director dirige pero no la hace solo. Traté de desempeñarme lo mejor posible. No alcancé mi objetivo. Por múltiples factores. La gente está desencantada de la política, no carente de razón. Diseñar y ejecutar un gobierno no es fácil. No pude lograr lo que quería. Traté al menos de que no me comieran los acontecimientos. Y aquí estoy…

En este punto noto claramente un doble desencuentro. El desencanto y hartazgo de la sociedad respecto de la política, y el desencanto y amargura del político respecto de la sociedad. No se encontraron ni se conectaron unos a otros. Un mudo reproche: respeta la elección de la sociedad, pero por lo bajo le reclama su no elección.

El 08 de junio de 2015

La agenda en blanco. El teléfono no suena. Recogimiento en casa, con la familia.
Tratando de entender lo que pasó. Digiriendo las cosas. Sin buscarle chiches a
las culebras. El abrazo a mi niña en la escuela. El grito “Loyola ladrón” a mi hijo.
Todo eso y más flotando alrededor. La vida sigue, don Julio, le dijo Roberto Loyola
Vera, ex candidato a Gobernador, al escritor Julio Figueroa, en una plática que el
escritor comparte con los lectores de Libertad de Palabra.

Me contó la fábula de un ratón adinerado, un gato asesor y el perro bravo. Todo va bien hasta que aparece ese perro bravo. ¿Cómo defenderse y ganarle al perro?, pregunta el ratón a su gato asesor. Tras pensarlo el gato, llega la respuesta. Conviértete en un león.

¿Cómo transformarse en león? Ese es tu problema, yo sólo soy el asesor, dijo el gato. ¿RLV no pudo ser ese león y se quedó en ratón?

Luego la respuesta trillada en la que no quiso entrar en detalle:

–La derrota fue un problema multifactorial. Estoy apenas digiriéndola. Dejemos pasar más tiempo, por prudencia política, para ver y decir más cosas. Se pierde lo que se tiene. Yo perdí pero no perdí lo que no tenía. No alcancé el objetivo. Fueron muchas razones. La realidad allí está.

Dígame dos o tres razones precisas al menos.

–La voluntad popular no me favoreció. Respeto su juicio. Yo estoy en paz conmigo mismo. Hice todo lo que pude. Respeto el veredicto. No alcancé la meta propuesta.

Esta es la cuestión. ¿Por qué no lo favoreció el voto popular?

No quiere hablar del PRI, no quiere hablar del gobierno de Calzada, no quiere hablar de la sociedad queretana y no queretana, no quiere enjuiciar a nadie. El enjuiciado fue él. Reprobado.

Yo no voté por usted porque no podía votar por este PRI local y nacional, le espeto. Tampoco voté por Francisco Domínguez, le aclaro. En este caso anulé mi voto.

Dos momentos, el otro día de las elecciones y hoy 18 de agosto.

José Calzada y Roberto Loyola.

Los priístas José Calzada Rovirosa y Roberto Loyola. Foto: Agencia Siete Foto.

–Indudablemente hay sucesos que marcan el alma. Los vamos acumulando y nos van forjando. Acontecimientos felices y dolorosos. Esta derrota por supuesto fue y es un hecho doloroso. Yo he experimentado las dos cosas. Victorias y derrotas.

–En los primeros días de enero de 2011 nadie esperaba, ni yo mismo, que fuera secretario de Gobierno, luego candidato victorioso del gobierno municipal en 2012, hice mucha obra como presidente municipal, si usted quiere pequeñas cosas, pero nunca dejé de trabajar ni de hacer lo mejor por la ciudad, en la medida de mis posibilidades, y luego fui candidato a la gubernatura… en una carrera rápida y complicada. No me puedo quejar demasiado. La elección es apenas un instante en la vida de un político. La vida misma es un instante. Por ahora todavía sigue… Se pierde lo que se tiene. No alcancé la meta. Fuera de eso, no he perdido nada.

Volví a recordar a Willy Brandt en las palabras de mi profesor ERG. Roberto Loyola me confesó que algunos buenos amigos le han dicho que su verdadera victoria fue perder. Aquí recordé a Octavio Paz alegrándose de la derrota de Mario Vargas Llosa en su búsqueda de la presidencia de Perú, porque esa derrota le permitiría seguir escribiendo hasta alcanzar el Premio Nobel.

RLV no se engaña y sabe que compitió para ganar, y no pudo.

RLV solo

En solitario. Foto: Especial/Facebook.

Sigo percibiendo un callado reproche del candidato derrotado hacia la ciudadanía que no votó por su opción. “Pinche sociedad desagradecida, ojalá te vaya bien con el otro, por el bien de Querétaro, pero ojalá revientes, por pendeja”, pienso yo que puede estar pasando por su cabeza. No cuestiona públicamente a la clase política a la cual pertenece. Tiene nudos que no acaba o no quiere desatar. Mira hacia abajo, no hacia arriba.

Baja estima y poca participación de la sociedad; poca estima y mala acción de la política; ¿adónde vamos a parar? Pienso. Reproches cruzados entre sociedad y políticos, enterrados o abiertos.

–La derrota electoral por supuesto fue una derrota familiar dolorosa. (Nota al paso: la palabra derrota se dijo menos en la conversación de lo que aquí aparece, pero era la nube negra que flotó todo el tiempo). Como ir todos en un avión y de pronto nada. El vacío, el desierto, la vuelta a la cotidianidad chata, sin la tensión de los días eléctricos. Una marca dolorosa que apenas estamos encajando. Por fortuna no hay ninguna fractura familiar. Es cierto, a veces se aprende más de la derrota que de la victoria.

Como tocar el cielo con las manos y luego caminar con los pies descalzos sobre vidrios rotos, me digo literariamente.

–Así lo quiso Dios, dice mi madre. Pertenezco a una familia de fe. Siguen nuestros proyectos individuales y familiares. No hay ruptura familiar ni política. Digamos que de otro modo las cosas siguen más o menos igual. La vida en familia es nuestra única riqueza real. Esto no se ha perdido.

¿Por eso perdió RLV? ¿Le faltó la tradición crítica de la ruptura? ¿Separarse y no reproducir al viejo y gastado PRI? ¿Pero cómo transformarse en león o en Saturno y devorar su estirpe? ¿Cómo tomar distancia de los Calzada y de los Burgos? Tras el éxtasis social y político, ¿le basta la vida familiar a un político?

En su código genético familiar y político no hay grandes rupturas. Hay diferencias pero prevalece el respeto. Domina la tradición que viene de lejos y poco se abre a la modernidad crítica. Una familia de 12 hermanos (8 hombres y 4 mujeres), 47 nietos, 20 bisnietos, más los anexos (novias, amigos y servidumbre, pienso), dice la madre. Tal vez eso sea la queretaneidad mexicana. Acallar y respetar las diferencias, sin gritos, mejor desviar la mirada, sin elevar a valor moderno la mirada crítica y creativa.

–La silla del poder pesa. 6 años en la vida de un pueblo y de un individuo son apenas un suspiro. Lo importante no es cómo se llega y se entra, sino cómo se sale.

Eso lo sabían muy bien los romanos. ¿Cómo salió por ahora RLV?

–Compitiendo sin alcanzar el más alto puesto político del estado. Con la frente en alto. No me escondo de nadie y puedo caminar tranquilo por la calle. Con errores, sin duda. Pero nunca con mala intención, ni dolo. Salí el 9 de febrero legalmente en que dejé la presidencia municipal para aspirar a la gubernatura del estado. Ya no regresé y no llegué. No me arrepiento. Fue lo correcto. Hice las cosas lo mejor que pude. No alcancé.

¿Cómo está terminando el gobierno de José Calzada?

–La situación es compleja. Las responsabilidades administrativas tienen nombres según las dependencias. La responsabilidad política es unipersonal, no se comparte.

(Y luego me dijo algo en corto, muy en corto, y me pidió no anotarlo. Para no herir susceptibilidades. Por prudencia política. Dice que se lo ha dicho personalmente a Calzada).

Respondí: en su clase política, todos defienden al preciso, un preciso que llegó y empezó medianamente, luego creció, ciertamente creció, y vuelve y termina en su medianía aristocrática, no republicana.

¿Cómo termina el gobierno de Calzada?

Tres horas después del mismo día me llegó una respuesta a botepronto de JAIE en la comida de cumpleaños de JAEN:

–Mal, injustamente… Sigue siendo uno de los mejores gobernadores del país, calificado por organismos nacionales e internacionales de prestigio. Le duela a quien le duela. Pero no lo voy a decir. Por ética profesional. Yo sólo podría hablar de sus cosas positivas. Está bien que quieras hacer el balance crítico de su gobierno. Pero no con esa gente de la universidad llena de prejuicios hacia su gobierno.

Y siguió la fiesta en las alturas… del Hotel Impala. Vuelvo al Edificio Querétaro, Tecnológico 118-205. Camino todo Zaragoza. Gente muy diversa atareada en sus cosas. Ensimismada. Veo y siento mucha desconfianza social, desconfianza política, inseguridad en todos lados, roturas en el tejido social y político, poca comunión entre sociedad y gobierno, sin conciliar muchos intereses encontrados, conciliar, precisamente lo que hace la política. La calle es un revoltijo. Pese a todo, el mundo sigue funcionando y la vida sigue caminando. Faltan sin embargo más y mejores ciudadanos activos, más y mejores políticos sirviendo de veras a la sociedad y no sirviéndose a ellos mismos, equilibrar mejor ganancia y servicio en los negocios, más solidaridad, más crítica lúcida y creativa, más y mejores caminos que no vayan a lo mismo: a ninguna parte.

El candidato del PRI, Roberto Loyola

El ex candidato del PRI a la gubernatura. Foto: IEEQ.

Roberto Loyola Vera:

–Veo la agenda política extraviada en el tiempo. (¿La agenda del estado, del país, de usted?). ¿Qué sigue? No lo sé. Un político no se jubila. Ya lo dije, no se sale uno. Lo sacan.

¿Quién lo saca a uno de la jugada? Tal vez los extraños poderes que entre todos echamos a andar y a todos tarde o temprano nos saca de la jugada. Estar vivos y sanos, caminar y respirar tal vez sea suficiente. Palabrear. Pero siempre queremos algo más.

Amigo RLV:

Muchas preguntas se quedaron en la cabeza y otras más se desprenden de aquí. Por favor acepte mi propuesta democrática nada indecorosa: una entrevista profesional con el amigo común EM, con preguntas concretas y respuestas a grabadora prendida. Usted me dice, ¿cuándo nos volvemos a ver? Sin perder la prudencia y el respeto, demos un paso más.

Saludos cordiales y agradecidos.

*Escritor y palabrero ambulante.

Correo electrónico: juliofime@hotmail.com

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