La UAQ bajo la lupa de la DFS

417 | 14 enero 2016 | Archivo y Memoria | 910 vistas | comentarios
La UAQ bajo la lupa de la DFS

El “Monumento a la Autonomía”, en la entrada principal del Centro Universitario de la UAQ. Foto: Prensa UAQ.

Daniel Guzmán Cárdenas-Kevyn Simon Delgado*

Desde que se fundó la Universidad de Querétaro en 1951 y con su consolidación a lo largo de los años, paralela al proceso de industrialización en el municipio de Querétaro, esta se posicionó como uno de los círculos de influencia más importantes dentro de la política Queretana a la par de la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

La relación que existe entre el poder y la Universidad es clara, ya que ha habido personajes de ambas partes que han buscado beneficiarse de este prestigio que te otorga ser universitario para consolidar su agenda de grupo o personal en la política.

Sin embargo, al interior de la Universidad también se generó un espacio de convivencia para el pensamiento de oposición, tanto de izquierda como de derecha, o simplemente se daban las bases para que surgiera una actitud más crítica del estudiantado ante las cuestiones políticas, económicas y sociales que aquejaban al país y a la comunidad.

El marcaje personal de agentes del Gobierno a distintos personajes era común, siendo los rectores uno de los principales objetivos; desde Fernando Díaz Ramírez pasando por Hugo Gutiérrez Vega, José Guadalupe Ramírez Álvarez, Mariano Palacios Alcocer y hasta Braulio Guerra Malo, tienen sus expedientes en los que queda “expuesta” su personalidad, preferencia política, principales allegados, propiedades, ingresos económicos, desempeño laboral, relaciones profesionales y personales, incluso su preferencia sexual.

En muchas ocasiones sus aulas han sido incubadoras de distintas causas, no solo las estudiantiles, si no también de las sindicales, la lucha urbano popular y hasta el encauzamiento político-ideológico de los estudiantes que finalmente los lleva a militar en distintos partidos políticos u organizaciones sociales.
Por estas razones, el organismo nacional de inteligencia, la Dirección Federal de Seguridad (DFS), le dio un constante seguimiento a la vida interna de la Universidad, monitoreando los ánimos y movimientos de distintos individuos y agrupaciones, que iban desde la base estudiantil hasta la rectoría, desde los “porros” hasta las decisiones tomadas en Consejo Universitario; informes que han quedado guardados en la Galería 1 del Archivo General de la Nación (AGN) en la Ciudad de México.

La UAQ bajo la lupa de la DFS

Reporte sobre la UAQ en 1973. Fotos: Daniel Guzmán-Kevyn Simon.

A lo largo de la historia de la Universidad, la vigilancia por parte de este organismo ha estado presente en distintos episodios tan recordados y trascendentales como la fundación de la misma en 1951, la huelga con la que se consiguió la Autonomía en 1958, la toma del Patio Barroco en 1966, el impacto del movimiento estudiantil-popular de 1968, las luchas estudiantiles y sindicales de la década de 1970, el apoyo a la lucha de la Escuela Normal del Estado en 1980, así como elecciones de rector, elecciones para presidentes de la Federación Estudiantil Universitaria de Querétaro (FEUQ), seguimiento a lo discutido en las sesiones del Consejo Universitario, y marcaje personal a profesores y estudiantes destacados.

Pero ¿cómo es que se recopilaba la información acerca de la vida interna de la Universidad? En el expediente que hizo la DFS sobre la Universidad queda bastante claro que se recurrió a los agentes y a las famosas “orejas”.

La diferencia básica entre estos dos personajes es que un agente era aquel que trabaja directamente en la agencia gubernamental recopilando la información de primera mano, generalmente con una formación policiaco-militar, que queda de manifiesto en la redacción de sus informes para los cuales recurrían a tácticas de espionaje que iban desde “el trabajo de campo” (seguimiento a las personas de interés) hasta la intervención telefónica.

La “oreja”, por otra parte, era una persona que proporcionaba información desde el interior de las instituciones o agrupaciones infiltradas, sin hacer toda la labor que hacían los agentes ni con esa misma formación, básicamente se limitaban a prestar oídos a lo comentado en las reuniones, pasillos u otros espacios, para luego elaborar un informe que era mucho más coloquial que los elaborados por los agentes y en donde incluso vertían chismes, insultos y hasta su opinión personal, que en muchas ocasiones era muy poco profesional.

Entre estos últimos, podemos constatar que varios de ellos trabajaban en la Universidad, incluso en puestos directivos, pues la información que filtraban era extraída directamente desde las sesiones de Consejo Universitario. También consta que estos tenían reuniones con los directores de las escuelas y facultades, previo a las elecciones para designar al nuevo rector, para tener una idea del panorama.

Como se mencionó líneas arriba, el marcaje personal a distintos personajes era común, siendo los rectores uno de los principales objetivos; desde Fernando Díaz Ramírez, pasando por José Alcocer Pozo y sus doce días de rector, Alberto Macedo Rivas, el emblemático y recientemente fallecido Hugo Gutiérrez Vega, Enrique Rabell Trejo, Salvador Septién Barrón, Agapito Pozo Balbás, el polémico José Guadalupe Ramírez Álvarez, Enrique Rabell Fernández, Mariano Palacios Alcocer, hasta Braulio Guerra Malo, tienen sus expedientes en los que queda “expuesta” su personalidad, preferencia política, principales allegados, propiedades, ingresos económicos, desempeño laboral, relaciones profesionales y personales, incluso su preferencia sexual.

La UAQ bajo la lupa de la DFS

Reporte de 1974.

Lo mismo sucede con otros personajes muy cercanos a la Universidad, como estudiantes y docentes entre los que destacan Álvaro Arreola Valdéz, Manuel Suárez Muñoz, los hermanos Fernando y José Ortíz Arana, Enrique Burgos García, Mariano Amaya Serrano, Jorge García Ramírez, Sergio Herrera Trejo, Eduardo Sánchez Vélez, Fernando Tapia Rivera, Salvador Cervantes García, Jesús Rodríguez Hernández entre otros tantos; no importaba si eran militantes o gente cercana al PRI, si se les ubicaba con la oposición de izquierda o de derecha, mientras tuvieran un papel medianamente destacado en la vida interna de la Universidad, para la DFS era motivo suficiente para, mínimo, levantarles una ficha, estacionar un auto afuera de su casa o tomar otras medidas de hostigamiento que podían llegar finalmente hasta la represión.

Varias preguntas genera saber este tipo de información, una de las más importantes es ¿hasta qué punto podemos considerar que la Autonomía de la Universidad fue vulnerada por esta agencia?

Es difícil decirlo, para responderla adecuadamente deberíamos saber de qué forma fue utilizada la información recopilada y si tuvo alguna injerencia en la toma de decisiones que le correspondían exclusivamente a la UAQ; lo que sí está claro, es que este tipo de intervenciones en un espacio que dice promover un pensamiento universal, crítico y abierto al debate, son cuestionables y sumamente condenables.

*Historiadores de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

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