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XXI Conferencia sobre Cambio Climático, ¿última llamada?

419 | 27 enero 2016 | Medio Ambiente | 796 vistas | comentarios
Cambio Climático

Imagen: www.greenpeace.org

Anaximandro Flores Valderrama*

Del 30 de noviembre al 11 de diciembre de 2015 fue realizada en París, Francia, la vigésimo primera Conferencia sobre Cambio Climático con la participación de 195 representantes de igual número de países, incluido México. Esta confrencia, también conocida como “Pacto de París”, tiene un objetivo central que es lograr un acuerdo entre todos los países participantes en la disminución del calentamiento global hasta 2.7°C para el año 2100, con metas intermedias de reducción de la temperatura global entre 2030 y 2050.

La convocatoria a esta conferencia es el reflejo de la grave crisis ambiental que está padeciendo el planeta desde que inició la Revolución Industrial en el Siglo XIX, ahora agravada por los efectos acumulativos como resultado de la quema de combustibles fósiles para la producción de energía y múltiples usos en todo el planeta. Las altas concentraciones de CO2 en la atmósfera son alarmantes y las consecuencias están a la vista y todavía más, ya las empezamos a constatar desde hace algunas décadas: pérdida acelerada de las áreas glaciares; islas en el Pacífico Sur arrasadas por el aumento del nivel del mar, con ello da comienzo a los desplazados ambientales; elevación hasta de 32°C de la temperatura de los océanos; climas extremos; inundaciones y sequías, dando lugar a la pérdida de biodiversidad a nivel planetario; contaminación de ríos y mares a gran escala, contaminación del suelo y el avance de la desertificación, contaminación y degradación de la atmósfera. Pareciera ser una película de ficción ver en los noticiarios lo que ocurre por ejemplo en China con su atmósfera irrespirable por las  altas concentraciones de O3 (ozono) y partículas suspendidas producto del uso de carbón mineral y derivados del petróleo en un gigantesco, caótico y anárquico sistema de producción industrial. Se tienen noticias de los miles de enfermos y otro tanto de muertos por respirar lo irrespirable, en un desenfrenado frenesí por figurar en los mejores lugares de país “desarrollado”, las consecuencias ahí están: muerte y enfermedad.

En nuestro país, bastan algunos ejemplos: se ha tenido que implementar el programa de precontingencia ambiental en las grandes concentraciones urbanas como el D.F., Guadalajara, Monterrey, Salamanca, León, Veracruz, Puebla; mientras que por el manejo torpe y negligente de los residuos mineros, más de 200 km del Río Sonora fueron contaminados por metales pesados.

Desde los años sesenta con el “Club de Roma”, en los setenta con “La Cumbre de la Tierra”, en 1987 con el “Informe Brundtland”, se prendieron los focos rojos en materia ambiental. Le siguieron decenas de reuniones y pactos hasta llegar a la Agenda XXI en Río de Janeiro, Brasil en 1992, el “Pacto de Montreal” y la “Cumbre de Kyoto”, Japón 1997; Río +10, Río +20 y, ahora la  COP 21 reciente, resultados pocos, pobres o ninguno, basta ver una gráfica en donde las variables medibles son el tiempo y el aumento del CO2, lo que resulta directamente proporcional al aumento de la temperatura global.

El papa Francisco en forma insólita, por tratarse de una entidad que pocas o nunca se involucra en estas problemáticas ambientales, publicó una Encíclica antes de llevarse a cabo dicha Reunión en París, con la finalidad de influir en los resultados de la misma. De ese tamaño el brete en el que estamos metidos la humanidad toda. Hasta la Iglesia se involucra ahora, preocupación cristiana.

Paradójico resulta ser, que a pesar del desarrollo tecnológico en materia de energías renovables, las economías continúan ancladas apostándole a los combustibles fósiles, claro es cuestión muy simple: costo-beneficio, las consecuencias ahí las tenemos.

En nuestro país, los gobernantes le apostaron a una Reforma Energética, sustentada en la producción, extracción, venta y comercialización de nuestro recurso petrolero, compartida con capitales privados nacionales e  internacionales, lo que no implica necesariamente un mejor manejo ni sustentable, ni limpio del petróleo y sus derivados, recordemos que se ha especulado sobre la utilización de tecnología obsoleta en otros países como el “fracking” (técnica petrolera en donde se produce una fractura en el subsuelo para la extracción de gas y petróleo) en la que se atenta de manera más que brutal contra los ecosistemas marinos en la explotación oceánica y en zonas continentales.

Me pregunto, ¿con qué cara se acude a una Conferencia como la COP 21, cuando se han comprometido nuestros recursos naturales y al mismo tiempo ponen cara de preocupación por el medio ambiente?, doble moral ¿no?. A qué se comprometió México, a qué nos comprometemos para frenar una catástrofe ya en marcha y sin retorno.

¿Cuál será nuestro destino en medio de una crisis petrolera mundial, en donde por ejemplo Venezuela se ha declarado en emergencia económica al igual que Francia, 20 dólares por barril de petróleo. De esta manera con todo y la Flamante Reforma Energética, quien va ser el valiente que le entre en un negocio quebrado por anticipado por tiempo indefinido, son inversionistas, idiotas no.

Reuniones, pactos, tratados, agendas, conferencias, en más de 40 años en materia ambiental, y quizá con buenas intenciones para hacer un cambio en el estado de cosas que guarda nuestro vulnerado planeta, el tiempo se nos agota, todavía hay quienes ponen en duda que esto está ocurriendo, escépticos que no son otros que los que a toda costa quieren sostener un modelo económico a todas luces agotado pero son implacables en sostener la ganancia por sobre todas las cosas, los Estados Unidos, China, Rusia, la India, Canadá, entre otros países son los protagonistas de esta escalada de polución mundial que se niegan a lograr acuerdos, asisten a las Cumbres pero ni firman ni se comprometen, se sostienen, en sus sistemas de producción industrial fieles a la oferta y la demanda.

¿Será acaso la última llamada para salvar Nuestra Casa?. El planeta no está en venta.

“No hay puestos de trabajo en un planeta muerto”.

Sharan Burrow, secretario general de Sindicatos Internacionales.

*Docente/Asesor Externo.

Correo electrónico: anaximandrofv@yahoo.com.mx 

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