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Abandonaron por casi 3 años el caso de Antero y Raymundo

424 | 1 marzo 2016 | Destacado | Querétaro | 523 vistas | comentarios
  • Familiares los buscan desde hace 4 años, ahora las autoridades les dijeron que en realidad sus hijos fueron localizados 6 días después del reporte de su desaparición.
  • Las autoridades no movieron un dedo para investigar la desaparición de estos dos varones, denunciaron a Libertad de Palabra sus familiares.
José Antero y Raymundo Issac.

Desde 2014, cuando se agruparon en la asociación Desaparecidos Justicia, familiares de Raymundo Isaac y José Antero realizaron movilizaciones para exigir la localización de sus seres queridos. Fotos: Libertad de Palabra.

Iván Aldama Garnica

Querétaro, Qro.- La Procuraduría General de Justicia de Querétaro, confirmó el pasado 18 de enero de 2016, la localización de Antero y Raymundo, dos varones desaparecidos el pasado 12 de febrero de 2012 en Veracruz.

Mientras sus familiares los buscaron durante 4 años, ahora las autoridades les confirmaron que en realidad sus hijos fueron localizados apenas 6 días después del reporte de su desaparición en aquél estado.

Los familiares de Antero y Raymundo Isaac han perdido la fe en las autoridades, tanto del estado de Querétaro como de Veracruz.

Sus familiares han tomado con reserva la noticia y con dudas. Sobre todo porque, si bien las autoridades de Querétaro confirmaron públicamente la información, la Procuraduría de Veracruz dijo que en su caso falta que confirmen los estudios de ADN.

Mientras las dudas de las familias de Raymundo y Antero se esclarecen, accedieron a narrar lo que han tenido que afrontar en la búsqueda de sus seres queridos.

EN EL OLVIDO

Personal de la Procuraduría General de Justicia de Querétaro mantuvo en el olvido por casi 3 años la investigación sobre la desaparición de los jóvenes Raymundo Isaac Rico Arias y José Antero López González.

La averiguación previa fue iniciada el 13 de febrero en Querétaro –un día después de la desaparición– pero para mayo, 3 meses después, la averiguación había sido reservada.

Los familiares de Raymundo Isaac y José Antero descubrieron el abandono en el caso, cuando acudieron, a finales de 2014, a la Agencia VI del Ministerio Público, en compañía de uno de los abogados de la agrupación Desaparecidos Justicia.

La reserva del expediente ocurrió pese a que en esas fechas, la madre de Raymundo le proporcionó a la agente del Ministerio Público, Mónica Galicia Beltrán, los datos de las llamadas que fueron realizadas desde el teléfono de su hijo.

“Nos damos cuenta que las sábanas telefónicas nada más estaban engrapadas ahí (en el expediente), que no habían averiguado nada. Que desde mayo del 2012 estaba en reserva la averiguación de nuestros hijos.

“Estamos hablando que ¿qué investigaron, febrero, marzo, abril, mayo?, en mayo ya estaba así como que ‘ya no hay qué investigar’, entonces, ¿las sábanas fueron como que nada más un papel que anexaron y ya, no averiguaron números de teléfono que había ahí?”, lamentó.

BUITRES

Lidia Rico Arias

Lidia Rico Arias, hermana de Raymundo Isaac.

La señora Socorro Arias narró que pagó 15 mil pesos para obtener información detallada de las llamadas iniciadas y recibidas en el teléfono de su hijo, lo que denomina como “sábanas telefónicas”.

Después de entregar esta información en la Agencia del Ministerio Público, recibió la visita de dos agentes de la Unidad Anti Secuestro de la Procuraduría de Querétaro.

Los agentes llegaron a su domicilio no para informarle avances del caso, sino con la intención de solicitarle un pago de 3 mil pesos para investigar cada uno de los números que ella había logrado obtener del teléfono de su hijo.

“Estamos hablando que eran 6 números diferentes: 4 de Veracruz, 1 que estaba muy raro de Querétaro y uno de Tlaxcala, a tres mil pesos y acabando nosotros de pagar los 15 mil pesos de las sábanas, ¿cuánto iba a ser?.

“Yo hablé con los agentes, fueron a la casa de usted y me dijeron: ‘sabes qué, si quieres que averigüemos todos estos números, pues mira, por ser para ti, tres mil pesos por cada número. Le dije: ‘sabe qué, si tuviera el dinero, claro que se los doy, pero no lo tengo’”.

El expediente por la desaparición de Raymundo Isaac y José Antero fue iniciado en febrero de 2012 en Querétaro, pero para mayo, 3 meses después, fue reservado por las autoridades con el pretexto de que “ya no había qué investigar”, denunciaron familiares de los dos varones.

Los agentes se marcharon sin el dinero, pero ella confió en que la investigación continuaría al exponerles que no podía pagarles y sobre todo porque se trataba de servidores públicos que no debían de solicitarle dinero.

Casi tres años después supo que nunca investigaron. Luego de conocer a Brenda Rangel Ortiz –hermana de Héctor, desaparecido desde el 2009– la señora Socorro se integró a finales de 2014 a la agrupación Desaparecidos Justicia, a través de la cual comenzaron a presionar al Gobierno para que investigara sus casos.

Tras el cambio de administración estatal, en la primera mesa de trabajo entre personal de la Procuraduría e integrantes de la asociación civil Desaparecidos Justicia, ocurrida en noviembre de 2015, la señora Socorro Arias volvió a encontrarse al par de agentes que le solicitaron dinero.

Ahí los acusó frente al procurador, Alejandro Echeverría Cornejo, quien encabezó la mesa de trabajo. Echeverría Cornejo le contestó que averiguaría el motivo por el que le pidieron dinero, pero a la fecha no sabe si estos servidores públicos fueron sancionados.

“SEGUIMOS AVERIGUANDO”

Mantener viajes constantes hasta la ciudad de Veracruz, fue prácticamente imposible para ambas familias. A pesar de esto, permanecían al tanto de cualquier información proveniente del estado de Veracruz.

Desde que levantaron su denuncia, les proporcionaron un número de teléfono para llamar al agente encargado de la investigación en dicha entidad.

Así, llamaban seguido al licenciado Isidoro Peña, quien al principio les contestaba las llamadas, pero sólo para decirles que “aún no tenemos nada, pero seguimos averiguando”.

Esta misma respuesta la escucharon de los agentes del Ministerio Público de Querétaro que, como comprobaron, abandonaron la investigación por casi 3 años.

Después de unos meses Isidoro Peña dejó de contestarles las llamadas. El personal de la Agencia del Ministerio Público de Veracruz les pretextaba que no se encontraba, que había salido de viaje, que estaba ocupado o en junta.

En una ocasión, la señora Socorro consiguió una cita con el entonces procurador Arsenio Durán Becerra para exponerle el caso de Raymundo y de Antero.

No obstante, Durán Becerra no tuvo tiempo para atenderla y en su lugar envió a un subalterno a decirle a la señora que no había presupuesto para realizar búsquedas en el estado de Veracruz, dado que en la dependencia únicamente contaban con una persona para investigar casos de personas desaparecidas en la República.

DESCONFIANZA

Los familiares de Antero y Raymundo Isaac han perdido la fe en las autoridades, tanto del estado de Querétaro como de Veracruz.

No sólo porque dejaron de investigar por años el caso de sus hijos, sino porque de manera más reciente les informaron que habían logrado establecer la identidad de sus hijos con dos cuerpos que fueron localizados sin vida.

Los cadáveres fueron hallados en el municipio de Emiliano Zapata, a una hora de la capital del estado de Veracruz, desde el 18 de febrero de 2012, es decir 6 días después de que perdieron contacto con los varones.

Los agentes llegaron al domicilio de la señora Socorro, madre de Isaac, no para informarle avances del caso, sino con la intención de solicitarle un pago de 3 mil pesos para investigar cada uno de los números que ella había logrado obtener del teléfono de su hijo.

Sin embargo, esto les fue informado apenas en enero de 2015. La mañana del domingo 17 de enero, personal de la Procuraduría General de Justicia fue hasta la casa de los padres de Raymundo y Antero para llevarlos hasta Veracruz, con la noticia de que habían localizado los cuerpos de los dos varones.

Sin embargo, al llegar a aquél estado los familiares se percataron que las autoridades veracruzanas aún no realizaban los estudios en materia genética para cotejar la identidad.

No obstante, un día después, personal de la Procuraduría de Querétaro envió un boletín de prensa en el que reportaba que había logrado establecer la identidad de dos queretanos que fueron privados de la vida en el estado de Veracruz.

El padre de Antero recordó que desde el 14 de febrero de 2012, cuando acudió al Ministerio Público a reportar la desaparición de los varones, los agentes se resistieron a levantar la denuncia con la excusa de que antes tenían que transcurrir 72 horas.

En aquel momento acudieron a la Agencia 12 –la cual cambió de domicilio– en donde el personal trató de minimizar el asunto al decirles que seguramente sus hijos estaban divirtiéndose en Veracruz, mientras ellos estaban preocupados.

Los servidores públicos se limitaron a levantar una constancia de hechos por ausencia.

Si bien, la actitud de los servidores públicos varió en la Agencia del Ministerio Público del Puerto de Veracruz, a donde viajó el señor Antero para también reportar la desaparición de su hijo, la atención era igual o incluso peor.

Y es que el personal de dicha agencia no le entregó copia del acta debido a que le informaron que “no tenían tinta”.

Lo que sí hicieron fue extraerle sangre para obtener material genético y le proporcionaron el número de teléfono de la Agencia y el nombre del agente encargado del caso, Isidoro Peña.

El señor Antero López Cruz –quien viajó desde Querétaro hasta Veracruz con su hija y su yerno– buscó a los jóvenes en calles, en hospitales, en estaciones de Policía y hasta en instalaciones militares, pero sin obtener resultados.

Días después la señora Socorro hizo también el viaje hasta aquel estado para denunciar la desaparición de su hijo Isaac.

La mujer, al igual que el señor Antero, realizó una búsqueda con su esposo y compañeros de trabajo de su hijo, pero no obtuvieron pista de Raymundo.

En la carretera, de regreso a Querétaro, la señora Socorro se detuvo a pegar fotografías de su hijo, pero también de Antero.

No obstante, en una caseta de cobro le sugirieron que no lo hiciera para evitar que su hijo corriera peligro.

A la señora le explicaron que si Los Zetas habían capturado a su hijo y se enteraban que lo estaban buscando, terminarían por asesinarlo.

Esta misma sugerencia se la hicieron en una tienda de conveniencia. A la señora Socorro también le recomendaron no viajar de noche y cuidarse en el camino de vehículos de color negro, café o azul oscuro.

TRAGEDIA FAMILIAR

Abandonaron Caso de Antero y RaymundoLa desaparición de José Antero López González y Raymundo Isaac Rico Arias no sólo dejó un vacío en sus familias.

En el caso de Raymundo, el negocio familiar, una taller mecánico, cayó en picada, debido a que sus padres destinaron la mayoría del tiempo y del dinero en su búsqueda.

Posteriormente su padre falleció al descuidar el tratamiento de una enfermedad congénita en su hígado.

En tanto, el señor Antero López Cruz no sólo enfermó de Diabetes, sino que su esposa sufrió un derrame cerebral que le paralizó la mitad del cuerpo y la mantiene postrada en silla de ruedas.

ANTERO Y RAYMUNDO

José Antero López González es el hijo más pequeño de la familia formada por los señores Antero y Lucía González.

Era el único de los 3 hijos que vivía aún con sus papás. En la casa habitaban él, sus padres y la hija de una sus hermanas.

Antero, quien trabajaba como estilista, ya le había comentado a su familia que tenía planeado salir a Veracruz.

“Un día desayunando nos dice, a mí y a mi esposa: ‘vamos a ir de viaje (unos amigos y yo) de fin de semana’, se venía el Carnaval que es en febrero. ‘Vamos a ir a Veracruz, un fin de semana’”, recordó su padre, el señor Antero López Cruz.

José Antero, joven de 23 años de edad, no conocía el Puerto de Veracruz, dijo su padre. El 10 de febrero, cuando salió de su casa rumbo a Veracruz no les avisó a sus padres, quienes ese día habían salido a San José Iturbide.

Sin embargo, un día después el señor Antero y su hijo mantuvieron comunicación.

“El sábado 11 (de febrero) se comunicó conmigo como a la 1 de la tarde”. Durante esa llamada, José Antero le avisó a su papá que ya había llegado a Veracruz e incluso le prometió que a su regreso le llevaría un recuerdo del viaje.

El señor Antero quiso regañarlo por no haber avisado antes, justo en el momento que salió de casa, pero se contuvo y prefirió decirle: “Mire mijo, Dios que lo cuide y que lo bendiga y aquí nos vemos”.

“Ándale papá”, le contestó el joven. Fue lo último que platicaron, desde ahí perdieron la comunicación.

El señor Antero recuerda que a su hijo como un muchacho serio, responsable y dedicado a su casa por lo que le extraña mucho que no se haya tratado de comunicar los días siguientes.

La madre de Raymundo Isaac Rico Arias, supo por otro amigo de su hijo que les habían robado las carteras a ambos jóvenes en Veracruz.

Fue en ese momento cuando la madre de Raymundo se enteró que su hijo viajó a Veracruz y no a Puebla como le había dicho.

“No me dijo que iba a ir a Veracruz porque días antes, en las noticias, dijeron que habían encontrado los cuerpos de unos muchachos debajo de un puente en Boca del Río, (Veracruz)”, expuso la señora Socorro.

Este amigo le relató a la señora Socorro que recibió un mensaje de Raymundo en el que le solicitaba ayuda para regresar a Querétaro, pero ya no pudo comunicarse con él.

Justamente ese amigo, quien también era compañero de trabajo con Raymundo, desistió de ir al viaje a Veracruz por falta de dinero.

La mañana del domingo 12 de febrero, fue la última vez que la señora Socorro tuvo contacto con su hijo Isaac.

A través de un mensaje de texto, el joven de 27 años de edad le avisó que regresaría ese mismo día por la tarde o bien, el lunes desde muy temprano, debido a que tenía que presentarse a trabajar.

La señora Socorro relató que a su hijo le fascinaba su trabajo. Raymundo trabajaba como promotor en el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), donde daba clases a adultos y también a niños.

Isaac prefirió la labor que hacía en el INEA, la cual desarrolló durante su servicio social en la preparatoria, a su carrera profesional de tecnólogo ambiental.

El 10 de febrero, antes de que Raymundo saliera de su casa rumbo a Veracruz, la señora Socorro relató que le ayudó a hacer su maleta y le expuso su presentimiento de que no le gustaba el viaje que iba a hacer.

“Yo toda la semana había tenido un feo presentimiento y yo le dije que no me gustaba ese viaje, estaba yo muy inquieta y por cierto hasta me dolía el pecho, y le dije que no me gustaba ese viaje, y él me dijo: ‘Ay mamá, pues si siempre hemos salido y no sé por qué te pones así’. Se me salieron las lágrimas y le dije: ‘Ay, hijo, es que no me gusta ese viaje, no me late’. Y él me dijo: ‘Ay, no me pasa nada’. Lo abracé, se me salieron las lágrimas, me las limpié y le dije: ‘Ay hijo, pues si te voy a volver a ver’. Fui al carro y le ayudé a poner la maleta, la guardamos. Se despidió de su papá y se arrancó y se fue”.

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