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Diez años (en las entrañas del ‘perro guardián’) / y II

424 | 1 marzo 2016 | Una Temporada en el Infierno | 44 vistas | comentarios
Los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein.

Los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein. Foto: www.achievement.org

Ramón Martínez de Velasco

Si el periodista es observador adiestrado, lo que traslada a sus cuartillas concuerda con el criterio de mucha gente”: Manuel Buendía.

Para vigilar al Poder se necesitan algunas cualidades, además de una cierta dosis de masoquismo.

‘No ladrar’ es, digamos, el primer mandamiento.

Recuérdese que “la mejor forma de divulgar una verdad resistente es esconderla hasta que encuentre su propio espacio y estalle” (Juan Villoro).

‘Estar loco’ es, digamos, el segundo mandamiento.

Un loco que me iluminó el camino fue Manuel Buendía. Un hombre visionario.

En el cine, mi generación conoció un ejemplo clásico de ‘perro guardián’: el ‘caso Watergate’, que develaron Bob Woodward y Carl Bernstein, provocando la renuncia del entonces presidente estadounidense Richard Nixon.

Woodward y Bernstein se dedicaron a vigilar un asunto que consideraron impropio. De tiempo completo. Digamos que de día veían y de noche escuchaban.

Y no ladraron hasta que esa verdad que vigilaron encontró su propio espacio y estalló.

Su periodismo, digamos, sí se parecía a la vida real, ya envenenada por una maquinaria de fango, por “un periodismo de cloaca” (José Steinsleger), donde cualquier idiota opina y “siembra una sombra de sospecha sobre el comportamiento cotidiano de sus presas”.

En cuestión de estilo, los reporteros del Washington Post no pasaron por alto lo evidente, no recalcaron lo innecesario, no descubrieron lo obvio, no se conformaron con lo anecdótico, no limaron asperezas, no endulzaron los escenarios.

En palabras de Ryszard Kapuscinski, “el trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz para que la gente vea dónde se ocultan”.

En la ciudad de Querétaro ha habido y hay ‘perros guardianes’ que han entendido bien que “los medios pueden influir en la vida política solamente creando opinión” y que “los periódicos no son un órgano al servicio del público, sino un instrumento de formación del público” (Umberto Eco).

Heredero de esa ‘escuela’ es Libertad de Palabra, que a lo largo de varias ediciones ha cumplido con lo básico: alertar sobre las decisiones que toman unos pocos a nombre de todos.

En congruencia con esa ‘ruta crítica’, como columnista no podré silenciarme “mientras en nuestro país funcionen poderes espurios, poderes usurpados, téngalos quien los tenga” (Manuel Buendía).

De hecho, ya estoy preparando mi próxima venganza.

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