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Notas de viaje: Volcán de Fuego de Colima

425 | 10 marzo 2016 | Medio Ambiente | 700 vistas | comentarios
Volcán de Fuego de Colima

El Volcán de Fuego de Colima. Fotos: Especial.

Anaximandro Flores Valderrama*

En días pasados tuve la oportunidad de realizar un viaje al estado de Colima, cuyo propósito era estar lo más cercano posible al Volcán de Fuego que, luego de manifestar actividad de mayor intensidad a lo largo del año pasado, me era casi imposible estar al margen y sólo conformarme con su contemplación a través de noticiarios de televisión y radio y otros medios de comunicación, incluida la información muy puntual del Cenapred que continua con el monitoreo sistemático del volcán.

El volcán forma parte del Parque Nacional Nevado de Colima y el Volcán de Fuego que abarca una extensión de 22 mil 200 hectáreas, decretado como Parque Nacional desde 1936.

El volcán nevado tiene una altitud de 4 mil 335 metros sobre el nivel del mar (msnm) y lleva su nombre porque su cima se cubre de nieve durante la temporada de invierno (que por cierto no fue el caso de lo que pude observar, es decir sin glaciar). Se puede apreciar un bosque predominantemente de pino y oyamel  por lo tanto gran biodiversidad. Por otro lado el Volcán de Fuego alcanza una altura de 3 mil 860 (msnm) que, junto en el Nevado de Colima, forma un complejo volcánico ubicado en lo que se conoce como la Faja Volcánica Transmexicana o Cinturón Neo Volcánico Mexicano.

De acuerdo con la información geofísica y volcánica del Instituto de Geociencias de la UNAM, a lo largo de los últimos 500 años ha manifestado una frecuente actividad de tipo explosivo, considerado como el segundo más activo del país (superando más de 30 exhalaciones por año), después del Popocatépetl que pertenece también al mencionado cinturón neo volcánico, localizado este en los límites de los estados de Colima y Jalisco, mientras que el Volcán Nevado de Colima se localiza en el estado de Jalisco, en donde la población más vulnerable producto de su actividad es la que habita en Cd. Guzmán.

Para poder aproximarse al Volcán de Fuego, me trasladé primero a la Ciudad de Colima, capital del estado, de ahí en poco menos de media hora llegué al pequeño poblado y cabecera municipal de Comala, denominado Pueblo Mágico en 2002, rodeado este territorio por un área de protección de Recursos Naturales de Las Huertas, decretada en 1988.

COMALA Y EL VOLCÁN DE FUEGO

Una exhalación del Volcán de Colima que alcanzó los 2 km de altitud.

Una exhalación del Volcán de Colima que alcanzó los 2 km de altitud.

Comala, por cierto inmortalizada por Juan Rulfo en su obra Pedro Páramo, es un lugar de atractivo turístico, en donde logré llevar a cabo un recorrido guiado rumbo al pie del volcán, denominado “La Ruta del  Café”. En dicho recorrido, con duración de unas 3 horas, nos trasladan por diferentes comunidades productoras de café, desde las más artesanales hasta las de mayor tecnificación de la zona.

Poco a poco vamos internándonos al Parque Nacional, pero en algún punto del recorrido, alcanzando ya cierta altitud, nos señalan que estamos en las cercanías de la Reserva de la Biosfera de la Sierra de Manatlán, localizada también en los límites de los estados de Colima y Jalisco, que abarca una extensión de 139 mil 500 hectáreas, siendo considerada como la más grande de la zona occidente de nuestro país por su extensión y gran biodiversidad.

Finalmente llegamos al punto más cercano al Volcán de Fuego, donde las autoridades de Protección Civil del estado permanecen atentas emitiendo recomendaciones de seguridad, dado el riesgo producido por las exhalaciones del volcán que producen el efecto volcánico de la caída de cenizas.

En dicho lugar se localiza la comunidad de la Yerbabuena, en donde sus habitantes han sido reubicados a otras comunidades en virtud de su cercanía  con las faldas del volcán, aproximadamente a unos 6.5 kilómetros (km) de distancia.

El día anterior a este recorrido se produjo una exhalación que alcanzó una pluma de ceniza y vapor de agua cercana a los 2 km de altitud, dejando horas después la caída de la misma en esa zona. Sin pensarlo mucho me di a la tarea de hacer una colecta de dicho material piroclástico. Oportunidades como esa se presentan casi nunca para quienes vivimos alejados de estos fenómenos de la naturaleza.

Tres fueron las exhalaciones que tuve la oportunidad de presenciar de este coloso desde el inicio hasta el final, la primera en la cercanías de Colima, las otras dos en Comala.

El admirar un volcán activo de este tipo, el apreciar sus exhalaciones, el comprender las causas que lo mantienen en actividad, el entender que su actividad entraña riesgos a las personas, pero más los beneficios que aportan a  nuestros recursos naturales son incalculables. No debemos olvidar que la  contribución en la evolución de la vida en este planeta se la debemos a los volcanes.

Hay que respetarlos, conocerlos, entenderlos, admirarlos, contemplarlos… son la evidencia más clara de las fuerzas internas de la tierra que han moldeado este suelo que pisamos.

*Docente/asesor externo.

anaximandrofv@yahoo.com.mx

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