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La lucha normalista y la represión del 8 de mayo de 1980

| 8 mayo 2016 | Archivo y Memoria | 484 vistas | comentarios
La lucha normalista y la represión del 8 de mayo de 1980

“Muestra la gráfica el momento preciso en que comenzó la desbandada de la manifestación de normalistas ante los gases lacrimógenos, los jóvenes empezaron a correr despavoridos”. Fotos: Archivo Histórico/Diario de Querétaro, 9 de mayo de 1980.

Kevyn Simon Delgado y Daniel Guzmán Cárdenas*

La recordada lucha de la Normal del Estado de Querétaro en 1980 o la lucha del “8 de mayo”, tiene sus inicios en abril de 1979, cuando se empezó a demandar la salida de la directora, María Luisa Montes de Collantes, quien había sido diputada del PRI, así como de 7 profesores de bajo nivel académico y comportamiento reprobable; la contratación de personal académico titulado y especializado; se federalice la escuela; crear un reglamento interno para el personal académico, comunidad docente y de exámenes; que la Cooperativa Escolar se maneje por los estudiantes; superación académica y respeto a las garantías individuales.

Un año completo transcurrió entre marchas, manifestaciones, pláticas con las autoridades, secuestros de camiones, y el pliego petitorio, al que se le sumó la creación de una biblioteca y la solicitud de un camión para sus prácticas, no era resuelto, por lo que el 30 de abril de 1980, los normalistas, encabezados por la planilla “Despertar normalista” y su vocero José Dolores, iniciaron una huelga como medida de presión.

La lucha normalista y la represión del 8 de mayo de 1980

“Con motos y rifles de gases lacrimógeno, los uniformados comenzaron a dispersar al grupo”.

Sin embargo, según la Dirección Federal de Seguridad, durante los primeros días del paro, los estudiantes que resguardaban las instalaciones no eran muchos, “de 30 a 40” nada más, notando “que el grupo que ha activado este movimiento de paro se reduce paulatinamente”.

Observación que contrasta con el informe siguiente, del 7 de mayo, cuando la DFS informó sobre una reunión de aproximadamente 200 alumnos y padres de familia en la Normal, con la intención de ponerse de acuerdo para la manifestación del día siguiente, en la que se intentaría presentarle sus demandas a la comitiva del Presidente José López Portillo, quien estaría en la ciudad para inaugurar el séptimo Congreso General Ordinario del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radiodifusión, Televisión, Similares y Conexos de la República Mexicana (STIRT) –del cual el gobernador Rafael Camacho Guzmán había sido presidente durante muchos años– en el auditorio del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Estos serían los primeros reportes de muchos, de lo que fue sin duda el hecho más revisado por la DFS en Querétaro, estallada la lucha al día siguiente, cuando la marcha de las y los normalistas fue reprimida por la policía con gas lacrimógeno.

El 8 de mayo, a las 11:40 se informaba sobre la manifestación “desintegrada por los cuerpos policiacos del estado”.

Iniciada la marcha a las diez de la mañana en las instalaciones de la Normal, por aproximadamente 350 personas y apenas avanzado un kilómetro, llegando a la carretera Panamericana y Av. Prolongación Corregidora Sur, “en este último lugar habló con los manifestantes la Policía Judicial del Estado y la Dirección de Seguridad Pública, invitándolos a retroceder en forma pacífica, ya que de hecho no existía permiso para tal acto, ni es forma conveniente para solucionar sus problemas, a esto último no accedieron los estudiantes, pretendiendo continuar su marcha, fueron rechazados por los Cuerpos mencionados, con disparos de gas lacrimógeno y balas de salva al aire, de inmediato retrocedieron los manifestantes, causando pánico entre los mismos”.

Ahondaba el reporte, explicando que “cabe hacer notar que a la hora de los hechos fueron 7 disparos aproximadamente de gas lacrimógeno y como unos 25 de bala de salva, durante este hecho, hubo algunas personas entre manifestantes, transeúntes y elementos de policía […] salieron dañados en cierta forma en los ojos por los efectos del gas, sin mayores consecuencias”, además de “algunos lastimados leves que se cayeron”, señalando que el contingente de policías estaba integrado por 30 elementos, con lo que, alrededor de las 11 de la mañana “quedó todo desalojado por completo, volviendo la calma al lugar de los hechos”, reagrupándose los manifestantes en las instalaciones de la Normal y los cuerpos de seguridad en sus “respectivos alojamientos”.

La lucha normalista y la represión del 8 de mayo de 1980

“Entre dos mil y dos mil 500 fueron los participantes en la marcha de universitarios. Para las 10:00 horas de hoy está programada otra manifestación”. Foto: Archivo Histórico/Periódico Noticias, 9 de mayo de 1980.

Si bien sobre la inmediata persecución que se dio contra los manifestantes –según los testimonios de los propios manifestantes- no se dio información, sí se aclaró que “a unos 500 Mts. aproximadamente de la Escuela Normal hay un rondín de 2 patrullas de la Dir. de Seguridad Pública, con 4 elementos en total y 4 elementos de la Policía Judicial del Estado en un carro particular, también a la misma distancia”.

En efecto, concuerdan los testimonios, la represión y la persecución contra los estudiantes duró alrededor de 2 ó 3 horas, resaltando el ímpetu con el que la Policía asechó en sus vehículos a los estudiantes, incluso introduciéndose violentamente en las casas de los vecinos de la zona que dieron refugio a los jóvenes manifestantes.

La acción policiaca contra los estudiantes se extendió hasta los baldíos que se hallaban entre las colonias Burócrata y Valle Alameda e incluso en los terrenos de la Preparatoria Sur, “Salvador Allende”, lo que provocó que la Universidad se sumara al paro y se exigiera la salida de la procuradora, de los jefes de la Policía y del gobernador del estado.

El mismo 8 de mayo, el rector de la UAQ, Mariano Palacios Alcocer, convocó al Consejo Universitario a una sesión extraordinaria, donde asistieron 32 de los 40 consejeros, los cuales votaron unánimemente a favor del paro solidario hasta que fueran resueltas las demandas de la Normal, además de las demandas señaladas y, en la noche, se organizó una multitudinaria marcha exigiendo lo mismo, la primera de las múltiples y concurridas manifestaciones que caracterizaron esta lucha durante prácticamente un mes.

Sin embargo, entre la base estudiantil corrió el rumor de que Palacios Alcocer se decidió apoyar a esta lucha debido a, en parte, a peleas internas que había entre el grupo de los “universitarios queretanos priistas” y los cetemistas venidos de fuera, que se disputaban el control del gobierno local.

Ya finalizada la lucha, dentro de la UAQ y de la Normal, según varios testimonios, hubo “represión” donde se acrecentaron expulsiones y “exilios” de elementos clave del movimiento universitario para acabar con esta lucha.

Por otro lado, si bien para las autoridades de la UAQ la lucha resultó beneficiosa, para aquellos que se decían más identificados con la izquierda, no lo fue tanto, señalando la represión ya comentada.

¿Y la Normal? A la Normal se le fueron cumpliendo paulatinamente varias de sus demandas, pero, de igual modo, señalan que los líderes fueron apartados y bloqueadas sus aspiraciones laborales.

*Historiadores de la UAQ.

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