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UAQ: en caída libre

433 | 26 mayo 2016 | Una Temporada en el Infierno | 114 vistas | comentarios
Incrementan de 3.1% a un 8.6% el presupuesto estatal para la #UAQ

El gobernador Francisco Domínguez y el rector Gilberto Herrera en la sesión extraordinaria de Consejo Universitario. Foto: Libertad de Palabra.

Ramón Martínez de Velasco

Tras escuchar lo expuesto durante la sesión extraordinaria del Consejo Universitario, celebrada el pasado 19 de mayo en el campus de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), se me confirma un diagnóstico de René Drucker Colín, notable científico mexicano y comunicador de la ciencia, que le leí en el año 2011: “El sistema que impera hoy está diseñado para fastidiar, en vez de para ayudar e impulsar. La situación para la mayoría de los jóvenes científicos es idéntica a la que prevalecía en mi época, lo que nos indica que México nunca ha tenido una política científica y que las Universidades públicas están en el abandono”.

Se me confirma que la situación es idéntica y que aún todos se creen que las graves carencias de un sistema inoperante se corrigen con dinero, o se arreglan con discursos de un bajísimo nivel.

Se me confirma que aún no hay política científica y que la Universidad pública continúa en el abandono.

Se me confirma que la comunidad académica y científica se mantiene divorciada de su contexto, de la sociedad, y que va perdiendo su capacidad de interpretar la realidad, vacío que aprovecha la prensa oficial para tergiversarla y presentarla como una secuencia de hechos fortuitos, basados en “el dogma, la revelación, el milagro y el principio de autoridad”, según ha explicado el también notable científico y comunicador Marcelino Cereijido Mattioli.

Se me confirma que su Rector se paralizó y desaprovechó la sesión para pronunciar una pieza oratoria de dignidad universitaria.

Pronunciar una respuesta como la que el cultísimo Porfirio Muñoz Ledo recetó al infame Ernesto Zedillo en el año 1997, en 13 párrafos y 14 minutos.

“La obcecación es contraria a la sabiduría y nociva para los quehaceres del Estado, que si bien exigen firmeza, demandan asimismo flexibilidad, imaginación y acatamiento del veredicto electoral. Saber gobernar es también saber escuchar y saber rectificar. El ejercicio democrático del Poder es, ciertamente, mandar obedeciendo. Lo que en última instancia significa el cambio democrático es la mutación del súbdito en ciudadano.

“Ninguna ocasión mejor que ésta para evocar el llamado que, en los albores del parlamentarismo, la justicia mayor de Aragón hacía al entonces monarca para exigirle respeto a los derechos de sus compatriotas:

“Cada uno de nos somos tanto como vos, pero todos juntos somos más que vos”.

El Rector hizo un vacío, y ese vacío fue aprovechado por la prensa oficial para presentar aquella sesión extraordinaria del Consejo Universitario como “un hecho histórico”.

Y, de paso, para presentarlo a él como a quien ruega dádivas.

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