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Una visión desenfocada

432 | 10 mayo 2016 | Desde Nuestra América | 26 vistas | comentarios
La reforma educativa en Querétaro.

Aurelio Nuño y Francisco Domínguez. Foto: SEP.

Oscar Wingartz Plata*

Hemos tomado como punto de partida este epígrafe para hacer ver la estricta relación que debe guardar la comprensión y la explicación, sobre todo, ante los fenómenos y procesos sociales.

Iniciamos esta entrega con esta consideración por una cuestión que consideramos evidente: la profunda distorsión que ha ido generando la autoridad educativa en relación con la archicitada Reforma Educativa.

Comprender una estructura es captar la naturaleza y la significación de diferentes elementos y procesos que la constituyen como dependiendo de sus relaciones con todos los demás elementos y procesos constitutivos del conjunto […] Explicar un hecho social, es insertarlo en la descripción comprensiva de un proceso de estructuración dinámica que lo engloba.

Lucien Goldmann

Este dato de ninguna forma es menor, es uno de los puntos neurálgicos de esta contienda entre autoridades educativas-magisterio nacional. Esto tiene como fondo, las constantes menciones y alusiones que ha hecho el secretario de Educación, Aurelio Nuño sobre su labor al frente de la dependencia y el papel que juega al interior de la dichosa reforma.

En este orden, muchos de nuestros lectores se preguntarán ¿cuáles son esas menciones o alusiones que ha estado emitiendo el secretario Nuño? Una de ellas es la manera en que enfoca o percibe su trabajo: “como el gran reformador de la educación pública mexicana”. Esto en sí mismo es extremadamente pretensioso y fuera de lugar.

¿Razones?, hay muchas. Una de ellas es, la impresionante desconexión que existe entre su propia formación y la esfera educativa. Esto por su propia lógica lo ubica en una situación vulnerable y riesgosa. Expliquemos este punto, para llevar adelante esta magna obra implica insumos, condiciones, recursos humanos y teóricos que a estas alturas de los tiempos no se ven claros, ni explícitos.

Aunado a esto, una capacidad intrínseca para enfrentar una labor de estas dimensiones. Es de absoluta evidencia que llevar a buen puerto una reforma en cualquier rubro, y en particular, en educación, se requiere una alta dosis de lucidez y consenso. Lo contrario son consignas, imposiciones, legalismos; en definitiva, actitudes autoritarias y demagógicas. Esto lo podemos constatar en las reiteradas menciones y amenazas hechas a los maestros y maestras de sancionarlos, castigarlos, despedirlos, así como descontarles el sueldo por los días no laborados. Estas menciones son reiterativas, obsesivas, machaconas, como tratando de decir que esto se va a hacer cumplir aunque nos quedemos sin profesorado. Esto presentado de esta forma potencialmente es muy peligroso, porque muestra una incapacidad, una insensibilidad absoluta y una falta total de visión sobre la cuestión educativa en nuestro país.

El secretario Nuño ya se montó en una lógica que lo hace ver como una persona con escasísimos recursos teóricos, personales y formativos, por la manera en que está llevando la reforma educativa.

En el fondo es pretender imponer una reforma educativa con los costos que ello conlleve. Ante esto se debe decir que no se trata “del todo por el todo”, porque esas actitudes, esas visiones lo único que tiene como resultado es la confrontación y la desolación del campo educativo.

Por otra parte está el hecho de iniciar sistemáticamente la búsqueda de posibles “culpables”, esto lo podemos ver, en las reiteradas referencias a la persona de Andrés Manuel López Obrador, simple y sencillamente esto no tiene sentido, es una salida fácil y poco seria.

El secretario Nuño ya se montó en una lógica que lo hace ver como una persona con escasísimos recursos teóricos, personales y formativos, por la manera en que está llevando esta reforma. Las afirmaciones y descalificaciones que hace ante los maestros y maestras que lo cuestionan muestran precisamente los elementos que hemos referido. Su nula intención de dialogar con el Magisterio es otra muestra evidentísima que no tiene la menor disposición para enfrentar exitosamente la reforma que quiere implementar. Hay una expresión que sintetiza esta actitud: “Están conmigo o contra mí”.

Ante estas evidencias, el panorama es en extremo complejo y azaroso, por los costos que pueda tener. Por ello es importantísimo tener una idea clara del campo donde uno se mueve para evitar estas acciones y reacciones.

Comprender la conflictividad educativa nacional no es tarea sencilla, entre otras razones, porque el propio Estado la ha generado por tantos años de indolencia y abandono. Esta afirmación que hace, en el sentido de decir que: “El Estado vuelve a tomar control sobre la educación”, es una afirmación vaga, superficial e interesada. Uno le puede preguntar con absoluta razón: ¿Cuándo lo perdió? Como si la educación y todo el aparato que comprende pudiera ser tomado por cualquier grupo, sector, camarilla o agente. Simplemente no tienen sentido las afirmaciones que hace el secretario.

Pensemos un momento en su actuación y en lo desenfocada que está su visión sobre nuestra educación.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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