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La ultraderecha queretana: atentado contra la Revolución Cubana

436 | 14 junio 2016 | Archivo y Memoria | 185 vistas | comentarios
Los terroristas contrarrevolucionarios.

Los terroristas contrarrevolucionarios. Fotos: Archivo General de la Nación/Dirección Federal de Seguridad.

Kevyn Simon Delgado*

La Revolución Cubana marcó un parte aguas para toda América Latina. El 1 de enero de 1959, Fidel Castro y el movimiento 26 de julio entraban triunfantes a La Habana, la victoria de los revolucionarios no sólo representaba un nuevo inicio para el pueblo cubano, sino que también representaba una nueva etapa en las relaciones que los Estados Unidos sostenían con todas las naciones latinoamericanas, pues si bien los sectores progresistas de estas veían con buenos ojos la salida de Fulgencio Batista y el arribo de un nuevo proyecto, los estadounidenses lo vieron como un foco rojo que trataron de apagar invadiendo Playa Girón en 1961 con 1,500 exiliados del régimen batistiano, cuya maniobra, paradójicamente, aceleró el giro a la izquierda de la Revolución que encontró su único y más grande apoyo en los países del bloque socialista.

"El cómplice mexicano". Manuel de la Isla Paulín.

“El cómplice mexicano”. Manuel de la Isla Paulín.

El gobierno norteamericano decidió fortalecer las ya de por sí estrechas relaciones con el resto de América Latina para menguar en lo posible el efecto de la Revolución Cubana en el resto del continente, las medidas que tomó iban desde fuertes apoyos económicos para la zona, concesiones comerciales e intercambios culturales, hasta la militarización y la utilización de golpes de Estado. México, en cambio, tuvo una relación peculiar con los gobiernos cubano y norteamericano, fue el único país de América Latina que no rompió relaciones con “el Primer Territorio Libre” del continente y no sufrió repercusiones por no hacerlo, de hecho, fungió como un intermediario en la escasa relación que mantuvieron los dos países vecinos. Por esta misma razón, la Revolución Cubana fue presentada en México como una noticia que si bien no desbordaba las pasiones, sí despertó simpatía en muchos sectores. En Querétaro la misma, en un principio, fue presentada con un carácter informativo en el periódico Amanecer, reproduciendo la versión estadounidense del conflicto y, en los pocos artículos de opinión, privilegiando la mirada conservadora y anticomunista de José Vasconcelos.

Seis años después, el 8 de julio de 1965, en un atentado terrorista contra el periódico capitalino El Día, “de filiación izquierdista”, efectuado por elementos anticastristas de Miami, Estados Unidos, quienes aventaron granadas a sus instalaciones por ser “un periódico que está ayudando con su propaganda al gobierno de Fidel Castro Ruz”, estaban organizados en el Movimiento Nacional Cristiano (MNC) y contaron con el apoyo del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), organización de ultraderecha en México.

Uno de los directamente implicados en el atentado fue Manuel de la Isla Paulín. De la Isla Paulín, de 26 años, “elegantemente vestido, nervioso pero con actitud arrogante declaró ante la policía y los reporteros que era estudiante de Derecho en la Universidad de Querétaro.” En contacto con varios grupos de exiliados cubanos contrarios a la Revolución, fue el contacto entre el MNC y el MURO. Al ser detenido por la Policía, éste declaró no pertenecer al MURO, sin embargo, la DFS lo tenía identificado como una de las cabecillas de la organización, construyendo su estructura en Celaya, Guanajuato, por ejemplo. Dos días después del atentado el MURO se deslindó del hecho y afirmó que Paulín no era miembro del grupo; los cubanos, por su parte, aseveraron lo contrario: sí eran responsables y el MURO sí les había apoyado. Según declaraciones de los otros implicados detenidos, “Paulín iba a conseguir las granadas, pero luego se echó para atrás”. Información que, por cierto, no fue replicada en la prensa queretana.

De la Isla Paulín, reconocido como secretario de Prensa y Propaganda del sector juvenil del PAN desde 1963, trabajó como jefe de redacción de Revista Nacional, de claro corte derechista, donde él mismo escribió varios reportajes defendiendo a la Unión Nacional Sinarquista, expresando sus convicciones anticomunistas y criticando a religiosos progresistas y, durante el atentado trabajaba en El Sol de México, periódico perteneciente a la cadena García Valseca. Tras salir de la cárcel (supuestamente con el apoyo de algunos funcionarios de la Banca y de la Industria Privada), fue ascendido por Salvador Borrego, “verdadero director de la cadena García Valseca, aunque sin nombramiento oficial, cerebro de los neonazis en México”.

Considerado coautor de esos delitos (tanto del ataque a El Día, como de un ataque anterior al Instituto Mexicano Ruso), purgó una breve condena y para 1968 trabajó, contradictoriamente, en la revista Por Qué?, dirigida por Mario Menéndez, la cual venía inclinándose a la izquierda, donde fue, por sólo tres números, secretario de redacción y, después, colaborador. En 1971 reapareció como un fundador del grupo derechista denominado Guardia Nueva y, en 1972, según el periodista Manuel Buendía, Paulín había pronunciado elogios públicos a Benito Mussolini durante una misa celebrada para rogar por el eterno descanso del dictador italiano.

*Historiador de la UAQ.

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