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José Antonio Alzate y Ramírez

| 7 julio 2016 | Medio Ambiente | 804 vistas | comentarios
José Antonio de Alzate y Ramirez.

José Antonio de Alzate y Ramírez. Imagen: Revista UNAM.

Anaximandro Flores Valderrama*

José Antonio Alzate y Ramírez nació en Ozumba, Estado de México (1737-1799), en el seno de una familia que contaba con recursos económicos suficientes que le permitieron a este ilustre personaje cursar estudios en Teología, Filosofía, Ciencias y Artes en la Capital, en ese entonces de la Nueva España en el Colegio de San Ildefonso.

Fue ordenado como sacerdote en 1756. Se distinguió por su extremada curiosidad científica haciéndolo un personaje típico representante de la Ilustración criolla de la época Novohispana.

En el transcurso de los primeros años de labor sacerdotal, inicia su aportación como explorador, astrónomo, zoólogo y botánico; contribuye a la ciencia con el conocimiento de plantas cultivadas como el maíz, el cacao y las plantas medicinales, así como la sistematización de sus observaciones geográficas y meteorológicas; y desarrolla una máquina que permitía la extracción de productos de la minería. Posteriormente comienza a darse cuenta que el estudio por la Naturaleza era su objetivo.

No sólo buscaba la generación del conocimiento, sino promoverlo y divulgarlo. Se distinguió por identificar al conocimiento científico como medio que permitía iluminar.

Incursiona en el periodismo, como articulista, ensayista y redactor, publica en diversos periódicos de esa época sobre Ciencias y Artes, Física e Historia Natural, de manera que utilizó el periodismo como herramienta para la divulgación de la Ciencia que –en ese entonces, como producto de la influencia del poder de la Iglesia y su temible inquisición– resultaba ser un gran desafío y todavía más para Alzate, dada su formación religiosa.

Finalmente en 1768 funda la Gaceta Literaria de México, ya en calidad de corresponsal de la Academia de Ciencias de París, con dicha Gaceta que publicara por largo tiempo, contribuyó muy particularmente a fomentar en la juventud mexicana el interés y el acercamiento por la Ciencia, esto último asentado por Alexander Von Humboldt –padre de la Geografía moderna, así como el iniciador de la naciente, que no disciplina científica, de lo que hoy conocemos como la Ciencia de la  Ecología– en su obra “Ensayo Político Sobre el Reino de la Nueva España”. Dicho de otro modo, el súper ilustrado alemán le da crédito merecido a nuestro personaje criollo novo hispano.

Entre algunas de sus obras más consultadas en aquella época se destacan: “Descripción de las Antigüedades de Xochicalco”, “Observaciones meteorológicas de los últimos meses del año 1769”, “Observaciones sobre la cochinilla” y “Topografía de México”, entre otras, pero sin duda su mayor legado científico y técnico fue la fundación de la Gaceta Literaria de México, precursora de la Divulgación Científica y Técnica en nuestro país, dando un paso enorme sobre todo en la época histórica que le tocó vivir, utilizando el periodismo como herramienta que permite la transmisión del conocimiento, es decir que, y quizá sin proponérselo, ejerció el periodismo con compromiso social.

Valdría la pena releer sus obras.

La Gaceta de la UNAM, sin duda que continúa con ese propósito social. Como esta habrá decenas en nuestro aporreado país, pero la realidad es otra, la divulgación científica como parte integral de un Plan de Gobierno que en la retórica política barata de nuestros gobernantes, ayer y hoy, no figura como una palanca de desarrollo científico de México. No hace muchos días en una reunión, como abundan de cajón de la clase política mexicana, Aurelio Nuño Mayer, titular de la SEP, dio a conocer con bombos y platillos la aportación que el Estado mexicano haría al sector de la Ciencia y Tecnología, nada más ni nada menos que el fabuloso 0.06 del PIB, vía el Conacyt. No en balde nuestro Concyteq está como está, y no sólo por esa única razón, más de lo mismo. Prefiero omitir epítetos, sí necesarios, pero ya no sólo basta con ello.

Ánimo, amado Concyteq. ¿No se aburren de ser los mismos o bien, les vale madre?

Me inclino por lo último. Y a las pruebas me remito.

*Fuentes: Alexander Von Humboldt. Ensayo Político Sobre el Reino de la Nueva España. Ed. Porrúa.

- Silvia de la Cruz Castillo. Red de Divulgación de la Ciencia. UAM.

Docente/asesor externo

anaximandrofv@yahoo.com.mx

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