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Confesiones de un exagente gubernamental

444 | 10 agosto 2016 | Archivo y Memoria | 195 vistas | comentarios
Un exagente gubernamental.

Un exagente gubernamental. Imágenes y fotos: Especial.

Kevyn Simon Delgado*

Una mañana de viernes, en un café del centro de Querétaro, nos reunimos con un exagente gubernamental. Por medio de un amigo se puso en contacto con el que escribe, al enterarse de la naturaleza de nuestra investigación historiográfica. Por precaución ante una posible represalia pidió anonimato ya que, asegura, otros agentes gubernamentales lo han querido asesinar en un par de ocasiones. El exagente es originario de San Luis Potosí (donde tiene ciertas ligas familiares con el recordado cacique Saturnino Cedillo), de aproximadamente 70 años de edad, de tez morena y cabello castaño, portaba lentes y gorra. Su testimonio coincide con muchos hechos y personajes, parece verídico, aunque, como siempre, hay que tomarlo con la cautela necesaria. Siempre estuvo en comunicaciones, interviniendo y grabando conversaciones, sin embargo, con nosotros, baja la voz, casi pareciendo que no quisiera que quedara registrado nada en nuestra grabadora. Aquí su historia:

Miguel Nazar Haro, director de la DFS 1978-1982.

Miguel Nazar Haro, director de la DFS 1978-1982.

Ingresó al Servicio Secreto entre 1964 y 1965 –su memoria con las fechas y los nombres no es buena debido a varios golpes que ha recibido en la cabeza, aseguró– entró, como todos, por recomendación, entre los requisitos que pedían entonces era tener la secundaria “mínimo”. En el 68, durante el movimiento estudiantil, estuvo como oreja, haciéndose pasar por estudiante gracias a su corta edad, identificando a los líderes; sobre el 2 de octubre afirma que “ahí hubo unos treinta y tantos muertos, ¿pero y los que se llevaron? Ahí a muchos se los chingaron en el Campo Militar Número 1, la verdad, pero la gente de 4 ó 5 muertos hace 10”. La vida de un agente gubernamental era un constante ir y venir por todo el país y, a veces, hasta fuera de México.

A principios de los setenta, lo ubican en la investigación al narcotráfico, área en la que más trabajó y en la que, recuerda, rápidamente se empezaron a involucrar los agentes de distintos departamentos y militares del Ejército. En Matamoros, donde estuvo un tiempo, por ejemplo, hubo enfrentamientos armados entre agentes y militares ligados al narcotráfico, estando presente en uno. Los agentes, asegura, estuvieron en el lugar y momento equivocados. “No sabía ni qué onda, después supe toda la situación”.

Llegó a Querétaro entre el 72 y el 73 a trabajar con la Dirección de Investigaciones de la Delincuencia Organizada, permaneciendo hasta el 76-77. Sobre el narcotráfico en la entidad, afirma que “estaba bien tranquilo en aquel entonces. En Jalpan se hacía cocaína con apoyo de importantes funcionarios de aquí, quienes tenían conexiones en Guerrero, donde incluso mataron a un agente de la DFS en Acapulco”. Si bien se reportaba con el entonces Procurador General de Justicia del Estado, Ernesto Zepeda Vázquez, las grabaciones que hacía en Querétaro las pasaba directamente a México. Aquí colaboró con el Delegado de la Judicial Federal, Gilberto Vargas Muñoz, y el delegado de la DFS, Luis Vázquez Solórzano, de quien dijo “era una buena persona. Muy amigo del Capitán de la Barrera; Vázquez Solórzano era tranquilo, nomás pasaba la información, sondeaba, vivía aquí en el Hotel Impala, ahí se quedaba él cuando llegaba”, incluso se casó y falleció aquí. Para el 77 lo mandaron al D.F.

Con la infame DFS estuvo poco tiempo como meritorio, “ni el año, Nazar Haro no me quiso, pero ya después fue mi amigo”. Al respecto de la represión gubernamental, se decía que hubo “asesinatos, supuestamente del gobierno, pero eso no me consta”. Sin embargo, lo que sí le tocó vivir, fue el incremento del narcotráfico impulsado por las corruptas agencias gubernamentales, con lo que se hacían de “maletines llenos de dólares” y donde vendían su protección a narcotraficantes. Para mediados de los ochenta hubo varios agentes asesinados por líos de drogas y líos de faldas. La descomposición de la DFS estaba en su tope y la agencia fue disuelta en el 85. Intervino en León, en Guadalajara, donde “comencé a trabajar al Chapo Guzmán”, en Ciudad Juárez y hasta en Costa Rica. Ganaba unos 13 mil dólares mensuales, antes de la devaluación, con lo que compraba su propio equipo de grabación, el cual llevaba en una camioneta. “No más lo utilizan a uno, ya no les sirves y a la chingada”. Renunció a la Dirección de Investigaciones de la Delincuencia Organizada en el 86.

Con su equipo inalámbrico que tenía un alcance de 15-20 km, comprado en Estados Unidos, una vez intervino en la Ciudad de México a Fidel Castro Ruz hablando con una señora en Cuba en una plática informal “no era la gran cosa, nomás los agarré”. En otra ocasión, también intervino a Raúl Salinas de Gortari, “pero a él, los gringos lo traían por cobrarle a unos colombianos por pasar drogas en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México”. Es entonces cuando, a finales de los ochenta, lo intentaron asesinar en el D.F., otros agentes que lo persiguieron en una camioneta blanca, intercambiando disparos. Ante esto, parte a Oaxaca a trabajar con la Policía Judicial.

El ejército durante un enfrentamiento en Chiapas, enero 1994.

El Ejército durante un enfrentamiento en Chiapas, enero 1994.

Para 1994, estuvo en Chiapas, en San Cristóbal de las Casas, durante el levantamiento del EZLN, interviniendo teléfonos. Dejaba grabando y cada 15 días iba y sacaba sus cintas. Ahí se enteró de cosas “muy feas”, por ejemplo, de que el Ejército bombardeó una zona guerrillera “y hasta soldados mató, unos treinta y tantos soldados”. En 1996 se retira “de todas las broncas” después de un trabajo de narcotráfico entre EUA y Tabasco donde, tanto la Secretaría de Marina y “los gringos” se llevaron sus “billetotes”. También estuvo en Coahuila, donde recuerda que los panistas, cuando eran oposición, decían que acabarían con las ligas entre el narco y el gobierno, pero cuando llegó el PAN también le entraron al mismo juego, “no, si la corrupción está…”. Actualmente, ya retirado, reclama que el gobierno no lo quiere reconocer los años trabajados antes del 86 y, ahora, quizá contradictoriamente, está afiliado a Morena.

*Historiador de la UAQ.

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