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El derecho al voto de las mujeres en Querétaro

447 | 30 agosto 2016 | Archivo y Memoria | 248 vistas | comentarios
Voto mujeres

Les fue concedido el derecho al voto por su rol moralizador. Fotos: Especial.

Kevyn Simon Delgado*

El movimiento feminista tiene su origen desde el siglo XIX en Europa, surgido de las luchas proletarias con espíritu socialista y anarquista, demandando, a partir de la formación de diversas asociaciones de mujeres, la mejora de su situación en particular, con banderas como el derecho al voto, a la educación, equidad en los salarios y mejores condiciones laborales, que no fueran subordinadas al padre, al esposo y al patrón, se eliminara su explotación sexual y la doble moral con la que se veía su rol de género.

En México, este empezó a tomar forma desde finales del siglo XIX y a principios del XX, durante el Porfiriato. Ya en la Revolución Mexicana, varias organizaciones de mujeres, sobre todo a través de revistas y periódicos, demandaron el derecho al voto, como principal bandera. Pero sería hasta el periodo de Lázaro Cárdenas cuando se presentó de manera formal el que se otorgara este derecho en 1937, sin embargo, no entró en vigor. Diez años después, durante el mandato de Miguel Alemán, fue concedido el voto a nivel municipal, pudiendo ejercerlo por vez primera en 1951. En 1953, Ruiz Cortines amplió el voto a nivel federal, votando en los comicios presidenciales de 1955. Pero, cabe aclarar, que en el discurso tradicional de los políticos el voto no fue concedido porque consideraran a las mujeres como iguales, sino por el papel moralizador que estas tenían en sus familias, como lo era el inculcar los buenos valores a sus hijos, es decir, eran vistas como un complemento de los hombres, quienes tenían las riendas de la vida pública, y el que se les diera el voto no debía ser visto como una victoria del feminismo, sino como una muestra de la buena voluntad del Ejecutivo.

Voto mujeres

Pudieron votar a principios de los 50.

Además, este paulatino avance en materia jurídica no se dio sin críticas. Por un lado, los hombres “revolucionarios” consideraban que la mayoría de las mujeres darían su voto a la derecha, lo que pondría en peligro al régimen y se impondría la línea clerical. En el parámetro contrario, los grupos más conservadores veían que el orden establecido se derrumbaría, ya que el darle más independencia a las mujeres provocaría que las familias se dividieran al perder a su principal fuente de valores.

El discurso conservador en México, catalogaba a la mujer en general como opuesta a la racionalidad, impedida de tomar decisiones adecuada por lo que requerían de la tutela de un hombre para el manejo de sus bienes y de sus hijos “estableciendo las bases de un sistema patriarcal en donde el padre de familia es omnipotente”, y la mujer débil, física y emocionalmente, consagrada a la maternidad, como apuntó la investigadora Oliva Solís Hernández. Sin embargo, otros segmentos de derecha, como la Iglesia católica y el PAN, aprovecharon esta demanda para sus propios intereses. “Esta tradición de dominación religiosa sobre la condición de género de las mujeres fue bien aprovechada por el PAN, partido que algunas veces las utilizó como bandera de lucha y otras se sirvió de ellas para intentar golpear políticamente al régimen, sobre todo cuando se trataba de deslegitimar los procesos y las instituciones electorales”, según José Alfredo Silva Acosta. En el PRI y el gobierno estatal el tema ni siquiera era discutido en la Legislatura local. “Nuestras mujeres no son para eso, ellas son mujeres de hogar” declaró Francisco Susán, presidente del PRI en Querétaro en los cincuenta y, de hecho, algunos hombres no dejaron votar a sus esposas o ellos votaban por ellas.

Mujeres en la política

A mediados de los 60 la mujer gozaba de mayor apertura a la vida pública.

A pesar de los obstáculos, esta fue una etapa de transición a la modernidad, utopía que hasta entonces le había otorgado todos los derechos al hombre y muy pocos a la mujer. Se abrió la puerta a la vida pública. De mediados de los cincuenta a mediados de los sesenta cambiaron las concepciones acerca del trabajo, la economía, la educación, la moral, la sexualidad y la cultura. Se dio una inserción masiva de las mujeres al mercado de trabajo, la que las llevó a obtener de un ingreso propio y, por ende, a cierta independencia económica, su acceso a las universidades se generalizó por lo que aumentó su nivel educativo (las primeras mujeres universitarias formadas en Querétaro serían de finales de los cincuenta), hubo un relativo relajamiento en las costumbres morales y sexuales y, se inició su acceso a puestos de representación popular.

A 10 años de que pudieron votar por primera vez a nivel federal, fueron elegidas las primeras mujeres en presidir la Cámara de Diputados, en 1965, la profesora Marta Andrade del Rosal y la senadora María Lavalle Urbina, quienes, según la propaganda oficial, “iniciaron” una nueva época de igualdad, pero ambas pidieron mesura a las feministas y conformismo con este avance. De ahí en adelante, en la entidad, el PAN y el PRI, sobre todo, discutirían el papel de las mujeres en la sociedad, pero, a pesar del cambio, en los hechos, la desigualdad fomentada desde la cultura patriarcal, persistía, llegando las primeras diputadas locales y la primera presidenta municipal (en San Juan del Río) hasta la década de los setenta.

*Historiador de la UAQ.

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