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La contracultura en el Querétaro conservador

446 | 23 agosto 2016 | Archivo y Memoria | 231 vistas | comentarios
Bandas de rock en Querétaro.

Enero de 1975. Fotos: Archivo Histórico/Diario de Querétaro.

Kevyn Simon Delgado*

La llamada “contracultura”, en su concepto más aceptado, es el conjunto de obras y actitudes que tuvieron lugar en occidente, sobre todo a partir de la década de los sesenta del siglo XX, con el fin de oponerse a las instituciones tradicionales y conservadoras, buscando en el arte sus relaciones más estrechas, principalmente en la música. Estos instantes de rebeldía constantemente en movimiento y en insistente crítica a los pilares oficialistas, siempre van de la mano con el contexto político, sacando a relucir las necesidades de cambio de las nuevas generaciones, necesariamente a la vanguardia.

Contracultura Querétaro

“Greñudos… ¡Al bote!” por Águila Herrera, julio de 1972.

Si bien es en países como Estados Unidos e Inglaterra donde más se ha ahondado en el tema, en México hay una numerosa, aunque marginal, literatura al respecto y, usualmente, está enfocada en la Ciudad de México. Querétaro, como podrán imaginar, no se encuentra en la cresta de la ola de este movimiento, sin embargo, el impacto del mismo ha dejado sus huellas, las que aún no han sido recorridas por las ciencias sociales… claro que a la contracultura ni falta le hace.

Los primeros pasos dados en la Ciudad de Querétaro, se dieron a finales de los cincuenta, cuando el diario Amanecer reportó que por lo menos 4 “pandillas de ‘Rebeldes sin causa’ aparecen aquí”, compuestas por “agresivos jovenzuelos”, “estudiantes y mozalbetes”, quienes iban armados con cadenas, usando como centro de reunión el Jardín Guerrero, donde agredían a los transeúntes. Ciertamente el Querétaro de finales de los cincuenta les debió parecer una cárcel a este sector de jóvenes que buscaron empaparse en la muy nueva “cultura juvenil”, si contrastamos este ejemplo con las fotografías de la época, donde se aprecian los sombreros, los rebozos, las ropas de manta, que aún usaba gran parte de la población. Evidentemente los medios de comunicación, conservadores como el gobierno que los mantiene, rara vez comprende a la juventud y sus manifestaciones.

Para la década de los sesenta la contracultura fue más notoria, al menos en el imaginario de la prensa. En el semanario La Corneta hayamos varias notas en donde hacían burla de la influencia de la cultura “a go go” en las y los jóvenes de Querétaro, así como en el escándalo que esta provocaba entre los sectores conservadores debido a la minifalda de las mujeres y al cabello largo de los hombres, situación que desató las expresiones misóginas y homofóbicas.

Sin embargo, consideramos que el prototipo del “American Way of Life”, de la mano con el crecimiento industrial de la ciudad, llegó a Querétaro más en forma hasta la década de los setenta, igual que la revolución contracultural encabezada por el rock. Esta, cambió el lenguaje, la forma de relacionarse entre mujeres y hombres, la vestimenta, la idea de gobierno, la percepción sobre la sociedad y su alto grado de conservadurismo y paternalismo, provocando una verdadera revolución cultural –en diferentes grados– en todo el mundo, reflejo de la gran necesidad de un cambio. Sin embargo, para principios de los setenta, según se decía, el rock había muerto, aunque el certificado de defunción nunca se dio, sí bajó su impacto, no se diga en México, esa música es “ahora casi clandestina, tabú, a causa de que el rock ha sido la música más reprimida de la historia”, como apuntara José Agustín. Sumado a la censura gubernamental y a los ataques en su contra durante los gobiernos de Díaz Ordaz y Echeverría Álvarez, el entonces importantísimo referente para los sectores de la nueva izquierda contracultural, la Revolución Cubana, condenó al rock por considerarlo parte de la avanzada del imperialismo yankee, por lo que las y los jóvenes de la izquierda se vieron en la disyuntiva de ver al rock como su aliado musical o decantarse por el folklor latinoamericano de protesta, a la par del crecimiento de las luchas estudiantiles, principalmente desde la UAQ.

Óscar Chávez Querétaro

“Óscar Chávez: ‘El Caifán’ actuó en C.U.”. Enero de 1974.

En 1973 se llevó a cabo en el Estadio Municipal de Querétaro un “Gran Festival de Rock”, un Avándaro en chiquito, sobre el que la DGIPS apuntó: “Los habitantes de la ciudad de Querétaro en su mayoría se distinguen por ser demasiado católicos, no se han alarmado por dicho festival y solamente comentan algunas personas de diferentes medios sociales, que ojalá no suceda lo que en Avándaro y en otros lugares, donde no obstante la vigilancia policiaca se han consumido drogas”. En este evento, donde tocaron grupos como Three Souls in my Mind y Tinta Blanca, acudieron alrededor de 2 mil jóvenes. La reacción negativa de la prensa fue similar a lo sucedido durante el casi mítico festival de Rock y Ruedas. Tales reacciones responden a la preocupación que resultaba para las autoridades ver a multitudes de jóvenes movilizadas por el rock, quienes iban a escuchar a agrupaciones con canciones, en algunos casos, con sentido crítico hacia el régimen, lo cual siempre se asociaba a la desobediencia, a la vida sexual activa y al consumo de drogas. El rock sirvió, para multitud de jóvenes, como un estandarte de la rebeldía contra el sistema que no les ofrecía las buenas condiciones de vida que su propaganda decía otorgar.

Con el paso del tiempo, las restricciones al rock y a la contracultura, impuestas por un gobierno temeroso de las protestas estudiantiles, se irían flexibilizando (y mercantilizando), aunque nunca despegando una sólida escena local de conjuntos de rock o de manifestaciones contraculturales. En el invisible andar de la contracultura queretana, quedan el café Tata Vasco, incendiado en dos ocasiones por manos oscuras que rechazaban el lugar por mezclar música de protesta y libros marxistas; los conjuntos de folklor latinoamericano surgidos del calor de la lucha universitaria de los setenta; distintos artistas de Bellas Artes quienes, calladamente, pusieron cara al orden establecido.

Años después, el 9 de abril de 1989, la presentación de Rod Stewart provocó euforia en el estadio Corregidora. A pesar de los enfrentamientos con la Policía en el recinto, el concierto marcó un parte aguas para la reapertura del Gobierno de México hacia el rock. Desde entonces, punks, cholos, bandas, darks, emos (muy agredidos en Querétaro), jóvenes contraculturales en general, han tomado espacios en la ciudad, lo que nos invita a seguir reflexionando sobre la incidencia que estos fenómenos han tenido en los procesos sociales y en la conformación de la naturaleza de la sociedad civil tanto en Querétaro como en México.

*Historiador de la UAQ.

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