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Mujeres y presidentas…

| 31 agosto 2016 | Global-Local: Mirador Internacional | 125 vistas | comentarios
Hillary Clinton.

De izquierda a derecha: Theresa May, Primer Ministra del Reino Unido; Angela Merkel, Canciller de Alemania; Hillary Clinton, candidata del Partido Demócrata a la Presidencia de los Estados Unidos; Dilma Rousseffe, suspendida del poder presidencial de Brasil; y Cristina Fernández, ex Presidenta de Argentina. Imágenes: Especial.

Marisol Reyes Soto*

Aunque es común que se generen expectativas y reservas cada vez que da inicio una nueva administración en la máxima posición política de un país, es evidente que cuando una mujer logra romper el “techo de cristal” y logra alcanzar ese nivel, es inevitable que se transformen en objeto de puntillosas evaluaciones en las que no solo se consideran sus méritos, capacidades y competencias. En la política moderna en la que la imagen se ha transformado en un aspecto fundamental en el proceso para alcanzar el poder, una mujer es automáticamente juzgada por aspectos tan subjetivos y triviales como sus zapatos, su talla, o el color del tinte de su cabello.

Si bien es cierto que en los últimos años ha proliferado el número de mujeres que han sido nombradas presidentas o primeras ministras en diferentes regiones del mundo, la estigmatización de su embestidura sigue siendo una práctica frecuente aún en aquellos países que son reconocidos por su alto desarrollo democrático y político.

Actualmente el caso más exitoso de un liderazgo político femenino es el de Angela Merkel, quien de manera extraordinaria logró ser canciller de Alemania en un plazo de quince años. Aún más sobresaliente es el hecho de que haya logrado  mantenerse en  esa posición por once años demostrado una clara capacidad de autoridad e influencia que traspasa las fronteras de su país. Sus orígenes, sin embargo, no fueron sencillos, ante la opinión pública tuvo que crear una imagen rígida y asexuada en la que se exaltaron sus características anti femeninas. En su biografía oficial se menciona que es de profesión “físico”, originaria de Alemania Oriental y sin hijos. Tales atributos intentan eliminar cualquier asociación de su carácter con aspectos de vulnerabilidad, sentimentalismo y maternidad.

En otros casos, los méritos de las carreras políticas de las mujeres en el poder han sido opacados por las circunstancias en las que llegaron a ocupar su cargo. En el Reino Unido, Theresa May representa esta situación. Tras ocupar la compleja titularidad de la Secretaría de Gobernación, fue designada como Primer Ministra por decisión de su partido y no por una elección general. En cuanto fue nombrada, los titulares de los diarios más importantes de su país destacaron que su personalidad era “dura” y “astuta”. Algunos la han comparado con la célebre dama de hierro, Margaret Thatcher.

Otras mujeres han sido demeritadas en su trayectoria política por su cercana relación con hombres que han ocupado preponderantes posiciones de poder. En esta categoría podrían incluirse a Hillary Clinton en Estados Unidos; Cristina Fernández de Kirchner en Argentina; y de alguna forma, Dilma Rousseff en Brasil. En el caso de las primeras dos protagonistas las une la poderosa relación del matrimonio con ex presidentes. En el caso de Dilma, su carrera ha estado ligada indefectiblemente a la protección y apoyo que recibió del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Desafortunadamente, en pleno siglo veintiuno sigue prevaleciendo un orden patriarcal, que se caracteriza por la autoridad y la dominación institucionalizadas de los hombres en la esfera del poder político. Idealmente, los hombres y mujeres que aspiran a un cargo de elección popular deberían ser juzgados en igualdad de circunstancias y sin prejuicio de género. Las mujeres en la política no deben ser motivo de excepción, ni de condescendencia, porque en última instancia, persiguen el poder al igual que un hombre. Las políticas y los políticos deben ser evaluados por sus habilidades y capacidades, y a la vez, se debe reconocer que también pueden incurrir en los mismos vicios, aberraciones, corrupción y rapacidades.

Queda en todo caso en el poder y responsabilidad de nosotros los ciudadanos hacer un juicio cuidadoso y lo mejor informado posible sobre las cualidades y limitaciones de aquellos personajes que anhelan representarnos, más allá de su género.

*Académica especializada en temas internacionales.

Correo electrónico: mreyess@itesm.mx

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