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Querétaro-CDMX: el huevo de la serpiente

| 10 agosto 2016 | Una Temporada en el Infierno | 168 vistas | comentarios
José Calzada Rovirosa Ciudad de México

José Calzada (Zócalo, Ciudad de México). Foto: Especial.

Ramón Martínez de Velasco

“¿Te digo algo? Sandra y yo seguiremos contigo”: José Calzada Rovirosa.

Con este amago infame, digno de un cacique de rancho, se quebró la transición democrática y se instauró un simple relevo de funciones gubernamentales.

Ese quiebre se hubiera evitado si el relevo hubiera emprendido las acciones correspondientes en contra de quien prometió “cercanía con mi gente” y “economía familiar”, pero que terminó abandonando el timón, perdiendo la cabeza y soltando la lengua.

Y aunque hasta el día de hoy, hipócritamente, “siguen lanzándose invectivas sobre la tumba del antecesor” (Efraín Mendoza Zaragoza, en Tribuna de Querétaro), éste mueve a sus peones desde la Ciudad de México.

El ex secretario de Educación, Fernando de la Isla Herrera, presentó una demanda para ser reinstalado en el cargo. Y aunque los sucesores se le echaron encima y declararon que “las personas que se desempeñaron en la función pública durante seis años no deben regresar”,  ya se incubó en el Sector Ciencia y Tecnología.

El dirigente estatal del PRI, Juan José Ruiz, calificó al sucesor de su Jefe Máximo como “violento, mentiroso y represor”, e incapaz de gobernar, pues “todo es confusión y caos”.

La retahíla de acusaciones y agrios calificativos no terminaron ahí. Sólo cambiaron de esquina.

El sucesor ya acusó a su antecesor de entrometerse en su administración y de dirigir a sus incondicionales para atacarlo, desde la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentos (Sagarpa) federal.

El priísta queretano Diego Foyo ya acusó que el PRI estatal “se encuentra secuestrado por un grupo de oportunistas, pseudopolíticos y vividores (del dinero) público”, manipulado por José Calzada Rovirosa “desde la comodidad de su oficina en la Ciudad de México”, donde la semana pasada él, el jefe de gobierno local, Miguel Ángel Mancera, y cientos de campesinos del Frente Auténtico del Campo, desquiciaron el Zócalo capitalino (ver imagen), la Plaza de las Tres Culturas, el Monumento a la Revolución, el Ángel de la Independencia y Bucareli.

Allí se ha sembrado ahora, en mi amada Ciudad de México, el huevo de la serpiente.

“No por méritos propios o de liderazgo. Sino por una circunstancia política ajena a sus capacidades de gobierno” (José Gil Olmos, en Proceso).

Allí está ahora ese hombre gris, porque a su sucesor le tembló la mano.

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