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Un Gobierno del “no pasa nada”

447 | 31 agosto 2016 | Desde Nuestra América | 57 vistas | comentarios
Enrique Peña Nieto tesis

Enrique Peña Nieto con su título (izquierda) y con la banda presidencial (derecha). Imagen: Aristegui Noticias.

Oscar Wingartz Plata*

Hemos escogido un epígrafe de Gramsci para esta entrega por dos cuestiones que consideramos son claves: primera, la actitud desaseada del gobierno federal al intentar desvirtuar los recientes eventos acaecidos en nuestro país, caso concreto, el despliegue mediático para confundir y antagonizar abiertamente con el movimiento magisterial; y el bochornoso pasaje de un Presidente que cada día se ve más envuelto en una serie de señalamientos por demás grotescos, como el haber plagiado sus tesis de Licenciatura, y la forma en que se manejó este episodio por las mismas autoridades, empezando por el propio secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño.

El punto que estamos comentando, de ninguna forma podemos verlo como una trivialidad o una cuestión intrascendente, entre otras cosas, porque se juega la imagen de un gobierno interna y externamente hablando. En este sentido, debemos decir que el autor del epígrafe en cuestión, fue un gran intelectual y organizador político en la Italia de la primera mitad del siglo XX. Entre otras cuestiones se avocó a analizar precisamente la estructura y el carácter del Estado desde diversa dimensión, esto es, la manera de mostrarse ante la población que dice gobernar. Uno de los elementos que más reiteraba Gramsci era la dimensión pública, discursiva, teórica, es decir, ¿cómo un Estado se estructura ideológicamente?, ¿cuáles son las ideas que lo sustentan?, ¿cuáles son sus fundamentos discursivos?

Esto por obvias razones es central en la vida de un Estado. Si sus fundamentos son endebles, confusos o carentes de solidez, su legitimidad y legalidad se desmorona por su propio actuar, inconsistente y contradictorio. Eso precisamente estamos viviendo en el actual Estado mexicano, una serie de bandazos e inconsistencias, que no ha pasado a mayores por la desorganización y atomización en que vivimos como país. Así, pues, vamos a retomar los dos ejemplos que propusimos al inicio de esta entrega.

“Es preciso distinguir entre ideologías históricamente orgánicas, es decir, que son necesarias a determinada estructura, e ideologías arbitrarias, racionalistas, ‘queridas’. En cuanto históricamente necesarias, éstas tienen una validez que es validez ‘psicológica’; ‘organizan’ las masas humanas, forman el terreno en medio del cual se mueven los hombres, adquieren conciencia de su posición, luchan, etc. En cuanto ‘arbitrarias’, no crean más que ‘movimientos’ individuales, polémicas, etcétera.

Antonio Gramsci.

El Movimiento Magisterial encabezado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha cobrado una dimensión insospechada, porque, pocos creían o pensaban que su organización de base fuera tan sólida, incluso el propio gobierno. Han mantenido una solidez y una compactación digna de reflexionar y admirar. No son excesos lo que se están comentando, han mantenido una postura firme ante el gobierno federal, haciendo ver la legitimidad, la razón y la pertinencia de sus críticas y propuestas. No son acciones improvisadas, imprudentes o alocadas, son acciones profundamente reflexionadas, hasta el punto de plantear una propuesta alternativa al modelo educativo que quiere imponer la SEP, y su aliado el SNTE.

Ante esto, ¿qué ha hecho la autoridad federal? Tratar de envolver y confundir a la población en general, argumentando una serie de mentiras, patrañas y ofensas de todo tipo, al proferirles unas serie de epítetos como: vagos, delincuentes, vándalos, y demás calificativos. Esta actitud de la autoridad muestra la poca seriedad de su actuar, más, si vemos que el magisterio va cobrando mayor fuerza y capacidad organizativa. De manera paralela, diversos sectores de la sociedad mexicana, entre ellos, la cúpula empresarial ha estado presionando al gobierno para que actúe con “mano dura” contra los maestros y maestras.

Esto es otra muestra clara de cómo se están moviendo las aguas al interior de la esfera de poder, el estar entrampados en un discurso que ya hizo agua por todos los costados. En este punto es pertinente decir que los empresarios están solicitando una acción del Estado que va más allá de lo razonable, ¿quién en su sano juicio puede pedirle eso al Estado? Simplemente, eso es descabellado, por no decir, absolutamente desproporcionado. La pregunta es, ¿quién va asumir la responsabilidad social e histórica de esas acciones? Ya no estamos en Estados dictatoriales, fascistas, tiránicos, que hacían uso de la fuerza con una irresponsabilidad atroz.

El siguiente ejemplo, es por demás kafkiano. Realmente es increíble que la figura presidencial pase por estos espectáculos, el de un Presidente que “no tiene un mínimo de luz intelectuales”. Plagiar una tesis, eso en sentido estricto, es robo, así tal cual, es digno de una sanción severa y ejemplar. Lo más elemental, ¿cómo quiere pedir la figura presidencial probidad, respeto, honestidad, honradez?, si es el primero como se dice en el argot popular se “las brinca a la torera”. Para agudizar este hecho, el encubrimiento, la trivialización, la cortina de humo tendida por el Secretario de Educación Pública, al decir, que eso “era irrelevante e intrascendente”.

Estos señores de un plumazo minimizan todo lo que pasa en nuestro país. Eso es una muestra más, de la escasa conducta ética y moral de estos personajes. La pregunta de rigor ¿cómo se atreve a decir el Secretario de Educación que eso es irrelevante? ¿Esto quiere decir que plagiar, robar, el esfuerzo de otro es válido, permitido, correcto? Simplemente, no tienen proporción sus dichos y acciones. Incluso se impone otra pregunta, ¿para qué se afanan nuestros jóvenes en prepararse, esforzarse, dar lo mejor de sí mismos académica y profesionalmente?, si cualquiera puede “tomar el atajo que lo puede llevar al éxito”, usando las prácticas más deleznables.

Por ello decíamos que un gobierno ante una actuación tan errática, inconsistente, contradictoria tiene escaso margen de maniobra y su credibilidad, fiabilidad está por decirlo de manera atenuada en entredicho. Esto no se puede llamar gobierno. Es un simulacro peligroso, porque atenta contra los fundamentos de la propia gobernabilidad, contra la misma sociabilidad. Realmente es preocupante lo que sucede en la esfera del poder en nuestro país.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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