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La familia y sus avatares

499 | 16 septiembre 2016 | Desde Nuestra América | 69 vistas | comentarios
Querétaro Familia.

La pregunta que se impone es: ¿efectivamente nuestra sociedad está en condiciones de aceptar la diversidad? Foto: Agencia Caja Oscura.

Oscar Wingartz Plata*

El sábado 10 del mes en curso asistimos a una marcha convocada por la agrupación titulada: Frente Nacional por la Familia (FNF), que según sus cálculos reunión a más de un millón de personas en 120 localidades del país. Este dato puede parecer relativo o de poco peso en el sentido de que no tuvo mayor asistencia, pero el punto a resaltar es ¿quién y por qué convoca? Este frente, según dice, agrupa a una diversidad de sujetos y realidades que abogan por la familia y su correcta visión o aplicación. Pero vayamos por partes.

El asunto que nos convoca en este artículo tiene tras de sí una secuela harto dilatada, es decir, no es la primera vez que se debate este problema públicamente, un antecedente lo podemos encontrar en el gobierno del General Lázaro Cárdenas al impulsar la llamada educación sexual en la escuela básica. Como era de esperar, generó una polvareda inmensa por lo que significa el tema en cuanto tal. Conclusión, se pospuso la discusión para mejor momento.

La intolerancia, la cerrazón, el prejuicio y la ignorancia nunca han sido buenas consejeras. Hay que ver con mayor apertura y respeto el proceder de otros, buscando llegar acuerdos y una comprensión mutua.

Decíamos que este asunto ya tiene un camino recorrido, que se reitera de vez en vez según la coyuntura y los personajes en turno. Para el caso concreto, ahora se ve enmarcado en el ‘matrimonio igualitario’. Es evidente que este tema tiene múltiples aristas y complejidades que lo hace extremadamente álgido y proclive a la confrontación, una de las razones, es la forma en que nuestra cultura percibe estas realidades. No en balde desde que se abrió el debate sobre estas formas de relación, en términos amplios se ha desatado toda una complejidad manifiesta. Se han escuchado voces de todo tipo, con diversos tonos, en diverso escenario y con intenciones, también diversas.

Lo que deseamos proponer a manera de reflexión es el momento y la coyuntura que estamos atravesando. Empecemos diciendo que, nuestra sociedad ha cambiado en muchas de sus expresiones y contenidos, esto quiere decir que no podemos ver nuestro país como si estuviéramos anclados en el pasado. El México contemporáneo ya no es el de hace 50 años, donde los esquemas, las relaciones, los modos y moldes sociales y familiares eran objetivamente diferentes. Es más, la vida misma se conjugaba desde otras claves. Una de ellas, era la manera en que organizaban y regían las familias y sus relaciones. Esto quiere decir que, estaban más articuladas y afincadas en los estereotipos que socialmente se compartían. No se permitía la disonancia, o lo era en escala infinitamente inferior.

A partir de esta idea es que nuestra sociedad va evolucionando ante fenómenos y expresiones que tienen una visibilidad manifiesta, algunos de ellos, la presencia de vastos contingentes con preferencias sexuales distintas, su forma de expresarse socialmente, la demanda de sus derechos, su exigencia de vivir en una sociedad más plural, múltiple y diversa, esto significa, su derecho a ser diferentes, éste es una de las aristas del problema: su derecho a ser distintos. La pregunta que se impone es: ¿efectivamente nuestra sociedad está en condiciones de aceptar la diversidad? Si afirmamos que no, simple y sencillamente, veremos de manera reiterada estas manifestaciones de rechazo a esas diversidades. Como decíamos, no es nueva esta discusión, es una de las discusiones más complejas porque condensa un cúmulo de situaciones  y realidades por demás entreveradas.

Por otro lado, está el hecho de que diversas agrupaciones religiosas, y otras de diverso cuño se han manifestado en contra de este tipo de relaciones por considerarlas contrarias a “la ley natural”. Este enunciado en sí mismo nos lleva por una vertiente entreverada. Los que la defienden y promueven dicen que es un derecho como cualquier otro, el derecho a vivir y relacionarse con quien deseen, y que el Estado no tiene por qué intervenir en esa decisión, es decir, simplemente debe regular su cumplimiento. Asunto que ha llevado a los ministros a definir este tipo de relaciones como parte del entramado social, con iguales derechos y obligaciones, como un matrimonio más.

Los que la atacan, consideran que es “antinatura”, se fundamentan en decir que es una forma acabada e históricamente definida, la llamada familia nuclear: padre, madre e hijos. El asunto evidentemente ha tomado tonos disímbolos porque se esgrimen razones y argumentos antagónicos, y en muchos casos, contradictorios. Uno de ellos es la definición de estas relaciones, sus fundamentos y expresiones. Dicho de manera clara, ¿de qué se está hablando cuando abordamos estas realidades? Considero que mucho del problema es que no hay una definición clara sobre el asunto. Esto por su propia lógica lleva a la confusión y la confrontación.

Visto el asunto de esta forma, lo pertinente es, abrirnos a una reflexión centrada, con mayores fundamentos y no pretender cargarla de prejuicios y juicios de valor que lo único que hacen es generar mayor encono. Partiendo de un hecho básico, nuestra ha cambiado en muchos aspectos, realidades y fenómenos.

Porque sí hay algo claro es que no podemos estar estancados en la polarización, la descalificación, o en los argumentos de autoridad como formas de dirimir las controversias. También debemos entender que estamos en una sociedad diversa, donde las realidades han ido modificándose, esto, por su propia dinámica nos debe llevar a entender que la confrontación y la descalificación son la ruta directa a la cerrazón y al odio.

No podemos imponer conductas o pareceres a una sociedad que es cada vez más plural y diversa. Debemos caminar en la búsqueda de una idea articulada de sociedad, sobre todo, si nos ponemos en contexto. Nuestro país está atravesando por uno de sus momentos más complejos y agudos en términos sociales, políticos y económicos, si a todo ello le agregamos “más ingredientes adversos”, literalmente esto se convierte en una bomba de tiempo. La intolerancia, la cerrazón, el prejuicio y la ignorancia nunca han sido buenas consejeras. Hay que ver con mayor apertura y respeto el proceder de otros, buscando llegar acuerdos y una comprensión mutua. Debemos caminar hacia una perspectiva de sociedad más amplia, incluyente y plural. Como dice el refrán popular: “No hay que encerrarnos en nuestra capillita”.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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