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¿Santa Anna está de regreso?

448 | 6 septiembre 2016 | Desde Nuestra América | 71 vistas | comentarios
Domald Trum

Desde el Gobierno explican que el interés de la reunión fue “dialogar”. Foto: Presidencia de la República.

Oscar Wingartz Plata*

El pasado 31 de agosto del año en curso, se dio la noticia de la visita del magnate norteamericano Donald Trump, candidato del Partido Republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, a nuestro país, en particular, a la residencia oficial de Los Pinos, en una visita fugaz. El asunto no tendría mayor relevancia, sino fuera por un hecho que es contundente, la forma en que ese señor ha tratado y maltratado a nuestros connacionales allá en su país, y a todos los mexicanos por sus dichos y actos. Este acontecimiento en sí mismo debe ser condenable por muchas razones, de las cuales vamos a referir sólo algunas.

Una de estas razones, y que tiene un peso contundente es la actitud tomada por el gobierno federal encabezado por el propio Presidente de la República, la pregunta es: ¿en qué cabeza cabe invitar a un sujeto que durante toda su campaña a la nominación presidencial se la ha pasado y se la pasa insultando a nuestro país y sus habitantes?, ¿en qué cabeza cabe pensar “dialogar” con un sujeto que a todas luces ha mostrado su aversión y rechazo por nuestro país, sus habitantes, su cultura, su historia? Cuando precisamente, lo único que ha hecho es insultarnos y decirnos que somos vagos, malvivientes, violadores, delincuentes, gente que no deberíamos ir a su país, y menos, buscar trabajo allá.

El compendio del largo recorrido de la idea democrática y sus vicisitudes conduce al reconocimiento de la polisemia del concepto. En efecto, democracia remite a consideraciones sobre formas de gobierno, ciudadanía y derechos ciudadanos, aspectos legales y abanicos de participación. Ideales de igualdad, justicia y libertad se han traducido en propuestas de concreción muy variadas.

Rodrigo Páez Montalbán.

Otro planteamiento que tiene un sentido claro y explícito: ¿quién asesora al Presidente de la República? Es decir, simple y sencillamente es inconcebible que hagan y comentan estas barbaridades, porque, son barbaridades. Pretender “congratularse” con un sujeto que su fondo personal es extremadamente escaso, por no decir nulo. Podemos seguir ahondando en los cuestionamientos: ¿quién es Trump?, ¿cuál es su formación?, ¿qué idea tiene del mundo?, ¿cuáles son sus credenciales en términos personales y profesionales? Una cosa que podemos afirmar con un cierto margen de certeza es que este personaje sabe muy, muy poco de historia, geografía, ciencia política, diplomacia y sentido de la alteridad. Esto en sí mismo, es mucho decir para un sujeto de este calibre. Una persona que se dirige a los demás con tal desprecio, prepotencia y altanería, simple y sencillamente, no vale la pena “terciar con él”.

Otro cuestionamiento, ¿acaso el gobierno federal no tiene una proporción clara de lo que está sucediendo en la actual coyuntura norteamericana? Si es así, debemos decir que el error es de nuestros gobernantes por tener tan poca claridad sobre el entorno propio y ajeno. ¿Qué pretendía el gobierno federal al “invitar” a este señor a México?, ¿congratularse con él?, ¿escuchar de viva voz “sus razones” sobre los insultos y vejaciones hacia nuestro país?, ¿calibrar su “supuesto” triunfo en las próximas elecciones en noviembre?, ¿generarse una idea sobre la posible “relación” con ese gobierno encabezado por este personaje?

Si unimos todos estos planteamientos, la conclusión más razonable es, la total y absoluta incongruencia del gobierno que nos preside, esta actitud muestra la subordinación más indignante de nuestro gobierno ante los Estados Unidos. Más arriba preguntábamos sobre la asesoría que tiene la Presidencia de la República, por lo tanto, la pregunta es: ¿acaso la secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, no le advirtió sobre el riesgo que podía tener ese acto?, ¿las implicaciones que puede tener en el mediano plazo? Si no le dijo o desconocía sobre el asunto es una muestra más del desorden, la desarticulación, la desconexión que habita en la esfera de poder en nuestro país. Esto, simple y sencillamente, una vez más, es para los anales de Kafka. Por ello el título de esta entrega. Un gobierno que está dando bandazos a diestra y siniestra.

Los mismos periódicos norteamericanos comentaron el desatino del gobierno mexicano. Un error de cálculo garrafal, porque, no se tiene ninguna certeza que ese personaje vaya a ser el futuro presidente de ese país. Además, la actual administración federal, en términos objetivos, también va de salida, el cierre del sexenio inicia cuando se nombra al candidato a la Presidencia de la República, porque se abre la carrera presidencial. Insistimos, ¿todo esto no lo vieron nuestros políticos?, ¿no vieron el conjunto de variables que están ante sus ojos? Si es así, literalmente podemos decir, que estamos a la deriva como país. Una vez más, damos una imagen ante el exterior de subordinación y acomplejamiento.

Es decir, hay muchas consideraciones que se pueden hacer en relación con este hecho. Una de ellas, y que pesa históricamente sobre nosotros es, ¿cuál ha sido la relación que objetivamente hemos mantenido con Estados Unidos? ¿Por qué es tan compleja esa relación? No se puede negar este hecho, históricamente, desde que Estados Unidos se constituyó como país hegemónico, nuestra posición siempre ha sido en extremo comprometida. Simplemente es cuestión de recordar los grandes conflictos fronterizos, diplomáticos y comerciales que hemos tenido con el país del norte, desde la guerra de Texas, el cercenamiento del territorio, a propósito de esa guerra –que dicho sea de paso–, no debió perderse, hasta los fuertes enfrentamientos diplomáticos por el flujo migratorio, así como comerciales al internar introducir nuestra producción agropecuaria a sus mercados.

Es decir, la relación con Estados Unidos ha sido realmente contradictoria, antagónica y de una profunda confrontación. Uno de los problemas derivados de ella, es el profundo desconocimiento que tienen los norteamericanos de nosotros como país y como cultura, muestra de ello, Donald Trump. Un norteamericano que sabe de México, lo que nosotros de la vida en Júpiter. Para acabar de componer el cuadro, nuestro gobierno siguiéndole el juego, sin razón alguna, dejándonos ver como un país entreguista.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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