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Bob Dylan es el Jesucristo del rock

454 | 20 octubre 2016 | Democracia o barbarie | 63 vistas | comentarios
Robert Allen Zimmerman, Bob Dylan.

Robert Allen Zimmerman, Bob Dylan, ganador del Nobel de Literatura. Foto: bobdylan.com

Germán Espino Sánchez*

Puede que haya otros profetas, quizá los Beatles o U2 han sido más famosos en el mundo, pero su obra no es comparable a la poesía musical de Bob Dylan. Han existido grandes bandas que logran algunas buenas canciones, solistas que logran algunas buenas composiciones como John Lennon. Pero Bob Dylan tiene decenas de canciones que exploran lo más profundo del alma humana, todas ellas con un ritmo de rock folk. La suya es una obra vasta y profunda, articulada con las armas de la poesía y la música.

Me vienen a la cabeza grandes himnos que se cantaban en las manifestaciones del movimiento pacifista como “Blowind in the wind”, Knock, knock, knockin’ on heaven’s door”, entre otros.

Pueden haber otras religiones musicales. Por ejemplo para los de habla hispana tenemos en un lugar prominente a autores como Joan Manuel Serrat o Pablo Milanés… Aquí debo reconocer que no soy musicólogo para hacer una lista de los grandes de la música en inglés o español. No sé cuántos de ellos logran alcanzar los niveles más altos de la poesía en sus letras, pero estoy seguro que Bob Dylan sí lo logra.

En Querétaro en materia de premios el Gobierno del Estado y el Municipio tienen una visión claramente pueblerina. Los gobernantes otorgan premios y cargos a los compadres o comadres que sólo destacan por ser fieles a la élite queretana.

Por otro lado hay que remarcar que con este premio el jurado del Nobel está innovando. Comenzaron el año pasado, cuando dieron el Nobel a la periodista rusa Svetlana Aleksiévich por sus publicaciones periodísticas. Creo que hasta 2015 siempre se había entendido que la literatura era ficción, por ello los escritores galardonados con el Nobel siempre habían sido escritores de ficción, no de periodismo.

Pero en 2015 dijeron que los textos periodísticos también pueden alcanzar la belleza de la literatura. Ahora en 2016 es un compositor de música el premiado, quizá el más trascendente de la escena del rock de todos los tiempos.

Por otro lado se rompe con la tradición de que un autor tenía que tener una obra vasta e impresionante. Creo que esa es la razón porque no le dieron el Nobel a Juan Rulfo, quien sólo escribió dos libros. Tampoco premiaron a Jorge Luis Borges porque no hizo obras extensas como novela sino sólo cortas como cuento.

Hay que recordar que desde hace décadas el Nobel estaba muy desprestigiado entre la comunidad artística, política y científica. Se sabía que el Nobel se daba, entre otras cosas, por razones políticas; por ejemplo, no se podía conceder a dos autores contemporáneos de una lengua, tampoco a dos autores contemporáneos de la misma nacionalidad, etcétera.

La academia sueca quería quedar bien con muchos sectores y con base en esto se elegían a muchos ganadores. Por ejemplo, le dan el premio de la paz a Rigoberta Menchú el año en que la ONU celebra el año de los indígenas. Le dieron el premio a Obama por convertirse en el primer presidente afroamericano, aunque apenas comenzaba su administración, es decir, cuando todavía no daba muestras de su compromiso por la paz.

En cambio, el premio Nobel no se concedía a los literatos revolucionarios. En el siglo XX a la Academia Sueca se les escaparon quizá los literatos más trascendentes, como Marcel Proust y James Joyce… Se les iban los revolucionarios y a veces premiaban a autores fieles al status quo; en vez de dárselo al revolucionario Yukio Mishima, se lo dieron a un autor japonés menor como era Kenzaburo Oe.

En el siglo XX se corrió el rumor de que la Academia Sueca premiaba a los “niños buenos”, a los que servían al sistema, no a los trasgresores, no a los revolucionarios. En cambio la historia del arte celebra a los revolucionarios, no a los que siguen las pautas del sistema.

Pero en todas partes se cuecen habas. En México están a punto de otorgar la medalla Belisario Domínguez al ingeniero Gonzalo Rivas. No decimos que no lo merezca, sino que los diputados priistas y panistas pretenden otorgarla sólo para fastidiar a los normalistas de Ayotzinapa.

En Querétaro en materia de premios el Gobierno del Estado y el Municipio tienen una visión claramente pueblerina. Los gobernantes otorgan premios y cargos a los compadres o comadres que sólo destacan por ser fieles a la élite queretana. Por ejemplo, en los últimos años se nombraron cronistas del estado o la ciudad a intelectuales orgánicos que no tienen obra trascendente, ni siquiera formación de historiadores. Se les nombra sólo por ser compadres de los gobernantes en turno. A diferencia de la Ciudad de México, donde los cronistas de la ciudad son los intelectuales nacionales del mayor prestigio como Guillermo de Tovar y de Teresa.

Pero el tiempo y la historia seguramente pondrán en su lugar a estos gobernantes pueblerinos. Esperemos que los intelectuales importantes del pueblo queretano y de la nación finalmente también logren el reconocimiento que sus contemporáneos les han negado.

*Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

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