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Del triunfo de Donald Trump o la derrota de los sordos

458 | 17 noviembre 2016 | Global-Local: Mirador Internacional | 94 vistas | comentarios
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donald trump estados unidos

En la Oficina Oval de la Casa Blanca. Foto: www.donaldjtrump.com

Marisol Reyes Soto*

El triunfo de Donald Trump en la Presidencia de los Estados Unidos abre un nuevo capítulo en la historia contemporánea y tomará un tiempo antes de que el mundo se recupere de la sorpresa. Con conocimiento de causa puedo afirmar que para muchos especialistas y profundos conocedores de la política interna de ese país, el Triunfo de Donald Trump era impensable, entonces… ¿qué pasó?

Un análisis detallado de los resultados de los patrones de votación que se han dado a conocer hasta ahora sugiere que las clases trabajadoras blancas de todo el país salieron a votar como nunca lo habían hecho. Ni los latinos, ni los afro-americanos hicieron la diferencia. La apatía y el abstencionismo que se observaba tradicionalmente en  de la “clase baja blanca” de los Estados Unidos se dio por sentada, y los expertos de campaña, e incluso las grandes encuestadoras, subestimaron su poder.

Se repitió la profecía que azota hoy a las viejas democracias occidentales y el hartazgo social contra los políticos tradicionales volvió a demostrar su poder corrosivo. En realidad, los grandes derrotados en éste proceso han sido las élites metropolitanas que han controlado por largo tiempo el poder político, económico e intelectual del coloso del norte. Su mayor error fue la sordera endémica ante las manifestaciones de furia y desprecio de aquellos que han sido golpeados por las crisis financieras, el desempleo, y los recortes en las políticas sociales.

Donald Trump demostró que los liderazgos mesiánicos no surgen únicamente en los países menos desarrollados. Con un discurso rupestre, agresivo y dueño de una gran capacidad manipulativa, conquistó la preferencia de los agraviados. Dimensionando la coyuntura, se podría decir con ironía que un hombre como él, que carece de la experiencia política y militar para la embestidura presidencial de una de las potencias más importantes del mundo, tuvo la suerte de estar en el lugar preciso, en el momento histórico adecuado.

En este punto me parece irrelevante e inútil caer en la inercia de las expresiones de indignación, frustración y hasta horror que ha provocado su victoria. Es tiempo de mirar adelante y asumir que  Donald Trump ocupará una de las posiciones de poder más importantes del planeta. Sus decisiones, afectarán aspectos fundamentales de su país y del mundo.

Aunque los académicos se han empeñado en mencionar que el poder ejecutivo de ese país está equilibrado y limitado por el poder legislativo y el poder judicial. En realidad, la candidatura de Trump iniciará con un bono democrático del que no gozaba hace mucho el Partido Republicano. Su candidatura explica en gran parte que ese partido haya obtenido la mayoría en el Congreso y en el Senado. Esta situación es crucial para cualquier Presidente, ya que no tendrá necesidad de negociar con la oposición demócrata para promover sus iniciativas y todas las discusiones se procesarán “en casa” con los republicanos.

Por otra parte, Trump llega de manera oportuna en el proceso de selección de un miembro de la  Suprema Corte de Justicia en la que él tendrá un voto de calidad. En otras palabras, en principio, se espera que la nueva administración presidencial cuente con un gran nivel de influencia en los poderes clave del país.

Desde ahora es importante dimensionar la figura política de Trump ya que es evidente que sus decisiones serán fundamentales para la relación bilateral entre México y los Estados Unidos. Trágicamente el gobierno mexicano y sus élites le apostaron todo su capital al perdedor. De manera ingenua y poco estratégica, nuestro país no se preparó para éste escenario y en realidad se deberá construir la relación desde sus fundamentos. Virtualmente no existen individuos dentro del cuerpo diplomático, el sector empresarial y el propio Gobierno mexicano que se precie de contar con una relación estrecha con Trump y sus allegados.

En principio, es evidente que la batalla por nuestra soberanía y nuestra dignidad nacional deberá librarse en varios frentes. Hoy somos el eslabón más débil de la cadena discursiva que llevó Trump a la presidencia, hay que buscar a toda costa que su retórica no se transforme en una realidad que podría sumir al país en una gran crisis económica, y lo que es aún más doloroso, en la humillación de México.

*Académica especializada en temas internacionales.

Correo electrónico: mreyess@itesm.mx

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