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Muñecas / y III

| 19 noviembre 2016 | Una Temporada en el Infierno | 91 vistas | comentarios

Ramón Martínez de Velasco

revolución mexicana plan de san luis

María Petre de Fernández. Mi abuelita. Foto: Especial.

“Cuando llegó, decía ser el Elegido.  / Pero hace años no pronuncia palabra alguna. / Hay quien dice que espera una señal para manifestar su grandeza y poderío”: Antonio Di-Bella.

“Se cuenta que cuando Francisco I. Madero huyó hacia los Estados Unidos, se hospedó en la casa de Ernesto Fernández Arteaga, ubicada en San Antonio, Texas. Y que cuando terminó el Plan de San Luis, la señora María Petre de Fernández, esposa del anfitrión, cruzó la frontera en compañía de su hija Irene, con el Plan escondido dentro de una muñeca, para entregarlo a los rebeldes mexicanos para su impresión y distribución. Así, los agentes porfiristas que vigilaban todos los pasos de Madero no se dieron cuenta de que una madre y su pequeña eran las portadoras del documento con que se iniciaría la Revolución mexicana” (Doralicia Carmona, Memoria política de México).

Ese hecho que “se cuenta” –aunque se ha contado muy poco– ocurrió el 25 de octubre de 1910, según la autora citada.

Según Raymundo Ramos (Anécdotas de Laredo), “en los primeros días de noviembre de 1910, María Petre de Fernández y su hija Irene, de nueve años de edad, llegaron a Nuevo Laredo, Tamaulipas, en viaje hacia la Ciudad de México. Cuando se les preguntó el motivo del viaje, María dijo: ‘somos turistas’, y se les permitió el paso, justo al tiempo en que uno de los funcionarios de la aduana se fijaba en la enorme muñeca que la niña llevaba en brazos.

“El funcionario detuvo a las mujeres, examinó la muñeca –la cual le pareció muy bella– y preguntó en cuál tienda había sido adquirida.

“Quiso comprársela, pero María se opuso y la niña lloró.

“Nadie allí imaginaba que en el interior de esa muñeca venía escondido el original del Plan de San Luis, redactado por Francisco I. Madero, en el cual daba la orden a sus partidarios para que el 20 de Noviembre de ese mismo año se levantaran en armas en todo el país”.

Para los historiadores oficialistas, el Plan de San Luis no se escribió en San Antonio, Texas.

Tampoco existió, para ellos, la valiente María Petre, y para ellos mi historia es producto de mi distorsionada imaginación.

En efecto, mi historia no es su Historia de México.

Es, simplemente, la historia de una mujer común que, cuando cumplí siete años de edad, me regaló una pequeña alcancía metálica de color azul, que aún conservo.

Es, simplemente, la historia de una mujer común cuya foto también conservo.

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