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Museo de la Basílica (mutilado)

461 | 9 diciembre 2016 | Una Temporada en el Infierno | 135 vistas | comentarios

Ramón Martínez de Velasco

mañanitas a la virgen

El artista pintor Eduardo Castaño (en la escalera), director técnico de colorido y tonalidades de las únicas Estampas Guadalupanas corregidas y cotejadas directamente con la Efigie Original. Abajo, el litógrafo Alfonso Martínez de Velasco Díaz Barriga. Foto: Especial.

“Quien tenga gratitud, tendrá abundancia. Quien no tenga gratitud, lo que tenga le será arrebatado”: Mateo.

Aunque fue inaugurado con la anuencia del Arzobispo Primado de México, Mons. Luis María Martínez y Rodríguez (el 12 de octubre de 1941), como un espacio para dar conocer al público las obras pertenecientes al ‘Tesoro Artístico de la Basílica de Guadalupe’, su museo, situado junto al Santuario del Tepeyac, no guarda memoria de un legado que el propio Arzobispo Primado de México dejó para los fieles.

Mons. Luis María Martínez es ejemplo del rescate de nuestra litografía, una de las bellas artes que desde el siglo XIX se convirtió en el principal método de reproducción de obras de arte e ilustración de libros y revistas, y que llegó a México en el año 1825.

El primero en emplearla fue el poblano José Manzo, a quien se le atribuye la construcción de la primera prensa en Puebla. Hoy es un procedimiento de impresión casi en desuso, salvo para la duplicación de obras artísticas.

Con esta técnica (lithos: piedra, graphéin: escribir) un grupo de artistas e impresores mexicanos produjo la única ‘estampería guadalupana’ (de 60 x 90 cm) certificada por el propio Arzobispo Primado de México (1937-1956), la cual se obsequió a quienes hicieron algún donativo para las obras de restauración de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México (donde ahora reposan los restos de Mons. Luis María Martínez).

En la antigua Basílica del Tepeyac, “la noche del 21 al 22 de marzo de 1946 fue abierto el cristal que resguarda a la Venerada Imagen de la Virgen de Guadalupe, cuya efigie fue fotografiada directamente, a tamaño natural, con placas pancromáticas” (Revista Guadalupana Histórica Literaria Mensual Ilustrada, 1947).

Hace 70 años, pues, se reprodujo con exactitud, y por vez primera (y única), la imagen original de ‘Nuestra Señora de Guadalupe’, mediante un sistema de litografía Offset, a nueve tintas.

Para cumplir con la tarea encomendada, el historiador y delineador artístico Manuel Garibi Tortolero se rodeó “de un selecto grupo de personas, con notable capacidad en sus diversas especialidades”: técnicos fotocromolitógrafos, profesores de fotografía, dibujantes litógrafos, consultores y correctores de tonalidades, que trabajaron bajo la dirección del “eximio pintor don Eduardo Castaño, director artístico de la delicada técnica colorística”.

Mi papá, litógrafo él, participó en el cotejo y corrección de tonalidades de la Efigie (ver imagen).

Este hecho no está registrado en el Museo de la Basílica de Guadalupe, de donde salí con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida.

La de la vida desatenta.

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