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La relación México-Estados Unidos en el 2017

463 | 10 enero 2017 | Global-Local: Mirador Internacional | 254 vistas | comentarios
peña nieto y videgaray

El presidente y el nuevo canciller. Foto: Presidencia de la República.

Marisol Reyes Soto*

Todos los plazos se cumplen y el 2017 ha empezado con malos presagios por lo que toca al futuro de la relación bilateral entre México y los Estados Unidos. Para aquellos que todavía ponían en duda si las palabras de Donald Trump eran pura retórica electoral hoy es evidente que el nuevo presidente electo de los Estados Unidos ya empezó a cumplir su palabra.

La cancelación de la construcción de una nueva planta armadora de automóviles de la empresa Ford en San Luis Potosí es una acción concreta que da cuenta de la estrategia económica que adoptará la administración Trump en el futuro.

En materia económica y comercial no hay buenas perspectivas ya que es evidente que Trump retendrá la inversión productiva dentro de su país a través de disminuciones sustantivas a los impuestos que pagan las grandes corporaciones.

donald trump estados unidos

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: www.donaldjtrump.com

En otras palabras, se buscará que los empleos se queden en Estados Unidos y se otorguen a sus clases trabajadoras. Desafortunadamente, la derrama económica que solía tener México por su participación en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte se desvanecerá. De hecho, Donald Trump podría ordenar que su país abandone el TLCAN sin consultar al congreso y con sólo seis meses de aviso previo a su retirada.

Otro aspecto que generará un enorme flanco de vulnerabilidad para nuestro país está relacionado con la nueva política migratoria que se pondrá en marcha a partir de éste año. Se espera que una vez que el nuevo Presidente asuma el cargo iniciarán las negociaciones en el Congreso norteamericano para crear una nueva legislación que autorice la deportación activa de inmigrantes ilegales. Aunque la cifra no alcanzará los 11 millones anunciados, se estima que se podría generar un regreso gradual de 4 ó 5 millones de mexicanos en los próximos años. Esta situación provocará fuertes presiones financieras en el país por la pérdida de remesas y la necesidad de crear nuevos empleos. También será muy duro para las expectativas de los “dreamers” observar la cancelación de la orden ejecutiva que había decretado Barack Obama para proteger a aquellos que a pesar de no tener la ciudadanía, guardaban vínculos estrechos con los Estados Unidos por haber vivido y estudiado en ese país por muchos años.

Por lo que toca a la oprobiosa idea de construir un muro en la frontera de ambos países, es importante recordar que experiencias anteriores indican que un proyecto de esa naturaleza no es sencillo y enfrenta múltiples dificultades legales y técnicas. En el 2006 el Congreso norteamericano aprobó la creación de una barrera metálica solicitado por el entonces presidente George Bush. En ese entonces se gastaron 200 millones de dólares para construir 1,100 kilómetros de una valla de acero de 4 metros de altura. Durante la construcción el gobierno norteamericano enfrentó muchas demandas por propietarios de terrenos privados que se negaron a vender su tierra, o bien muchos grupos ambientalistas denunciaron que se habían dañado áreas ecológicas muy importantes. Trump ha declarado que su muro será mucho más largo, más alto, y sin duda mucho más costoso que el existente. Bajo las precarias condiciones económicas y de alta volatilidad política que vive México, resultaría insensato pedir a nuestro país que pague por un proyecto tan ambicioso. Sin embargo, la construcción del muro fue una de las banderas electorales más poderosas de Trump y desde que se declaró su victoria es uno de los temas más sensibles y escabrosos en los que la diplomacia mexicana deberá buscar una salida razonable.

La legitimidad de Trump con la población norteamericana descansa en un conjunto de promesas en las que desafortunadamente la relación con México es uno de los eslabones más débiles. Por nuestra gran dependencia con la economía norteamericana es de esperarse que los próximos años serán muy duros en todos los terrenos, aún con un nuevo poder ejecutivo en el 2018. Para la actual administración mexicana, más allá de la relación de amistad que se presume entre el nuevo canciller Luis Videgaray y el hijo de Trump, prevalecerá el pragmatismo político en donde los intereses de Estados Unidos serán lo más importante para ese país, como siempre ha ocurrido…

*Académica especializada en temas internacionales.

Correo electrónico: mreyess@itesm.mx

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