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Saqueos, rumores y porros

464 | 18 enero 2017 | Archivo y Memoria | 112 vistas | comentarios
queretaro archivo

La prensa reportó actos “vandálicos” ocurridos antes de uno de los conflictos en la UAQ, en el siglo pasado. Foto: Archivo Histórico/Diario Noticias.

Kevyn Simon Delgado*

Como reacción al “gasolinazo” del 1 de enero, hubo manifestaciones en decenas de zonas del país contra la medida, como tomas de casetas, marchas y mítines. Sin embargo, una serie de saqueos a tiendas y comercios en diversos puntos del Estado de México comenzaron a generar miedo entre la población. El desconcierto iba creciendo conforme se difundía información falsa por medio de las redes sociales. Los saqueos se expandieron a Hidalgo, Puebla y Nuevo León, principalmente, pero los rumores de que éstos se llevarían a cabo en diferentes ciudades creció.

En Querétaro, el jueves 5 de enero los rumores hicieron su trabajo en varios mercados de la capital del estado. Desde temprana hora en la mañana ya se decía en las redes sociales y en las calles del centro que “la cosa se pondría fea”, principalmente en los comercios de la calle de Corregidora y en el Mercado Escobedo. ¿Cómo es esto posible? ¿Por qué un grupo de “saqueadores” anunciarían de manera anticipada cuándo y dónde saquearían? Si de por sí es difícil que un grupo de personas se organice para realizar un marcha o mitin, ¿cómo es que se organizarían tan rápido para saquear tiendas? No importa, mucha gente compartió la histeria colectiva sin pedir prueba alguna y los negocios cerraron sus puertas por precaución.

Según varios analistas, esto forma parte de una estrategia gubernamental para provocar miedo, intimidar las protestas contra los gasolinazos y así justificar un uso de la fuerza desmedido.

Incrédulo de las noticias sin fuente, acudí al centro a ser testigo de lo que bien podría haber sido un campo de batalla de haber sido ciertos todos los rumores fomentados por personas presas del pánico: decenas de tiendas saqueadas, el centro de la ciudad militarizado, balaceras, secuestrados… usted nombre y el rumor lo hace realidad. Al caminar por las calles, minutos antes de las cinco de la tarde, en efecto un 40 ó 50% de los negocios habían cerrado y habría un poco más de policías de lo normal, los cuales no informaban sobre nada a los transeúntes, paralelamente, las familias transitaban sin mayor problema, eso sí, mucha gente muy al pendiente de su celular, medio por el que transitaron los rumores. En el Mercado Escobedo se escuchaban distintas expresiones: “es puro choro”, “todo es cosa del gobierno”, “pues yo sí vi algo”, etc. En Vicente Guerrero Sur con Zaragoza, una docena de motocicletas de la Policía cerraban el paso, los policías hablaban tranquilamente entre ellos. Ningún signo de saqueo o enfrentamiento. Sospechosamente, a la misma hora pero en otros mercados se suscitaron otras manifestaciones de histeria. En el Mercado de La Cruz, unas personas empezaron a pelear, provocando el temor entre otras tantas, quienes se alejaron corriendo del hecho, lo que, como efecto dominó, hizo que más personas las siguieran, asumiendo que se trataba de un saqueo. La Policía no reportó incidentes.

Situaciones como éstas se repitieron a lo largo y ancho del país. Algunos medios acusaron la infiltración de personas ajenas a las manifestaciones contra el gasolinazo como las que, organizadas, incitaban o iniciaban los saqueos. Según varios analistas, esto forma parte de una estrategia gubernamental para provocar miedo, intimidar las protestas contra los gasolinazos y así justificar un uso de la fuerza desmedido. Se señaló, correctamente, que los grupos de choque y  los porriles son una vieja estrategia del PRI, la que parece remontarse a los años veinte del siglo pasado y que tomó fuerza desde los cincuenta y sesenta. Algunos de los más famosos son el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), de ultraderecha; y los Halcones, involucrados en las matanzas del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971. En Querétaro también se llegaron a dar al interior de la UAQ, en los años setenta y ochenta, solapando las autoridades gubernamentales los saqueos que realizaban en el centro al inicio de cada ciclo escolar.

Desde ese entonces, dichos grupos, han cumplido funciones a petición de autoridades del gobierno (incluyendo rectores de universidades y líderes sindicales), como infiltrarse en organizaciones estudiantiles, ya fuera para obtener información, intentar manipularles, agredir físicamente, fracturar la organización o, en contextos de manifestaciones y protestas, para ejercer actos violentos que rompieran el orden y, así, las autoridades pudieran justificar el uso de la fuerza pública, con lo que se deslegitimaba a los movimientos sociales, como se puede observar en los documentos del Fondo de la Dirección Federal de Seguridad en el Archivo General de la Nación, el cual, por cierto, amagan con censurar cada vez más. El “nuevo” PRI apestando al viejo.

*Historiador de la UAQ.

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