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La Constitución: “Libro de política-ficción”

467 | 8 febrero 2017 | Archivo y Memoria | 102 vistas | comentarios
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politica el che guevara

Manuel Marcué Pardiñas (al centro), mostrándole la revista al Che Guevara. Fotos: Especial.

Kevyn Simon Delgado*

adolfo lopez mateos

Ejemplar de la revista Política.

Cada 5 de febrero se conmemora la promulgación de la Constitución de 1917, acto que dio una clausura simbólica a la Revolución mexicana, según la interpretación carrancista. Año con año, Querétaro, ciudad donde se redactó en tiempo récord la carta magna que nos rige desde hace cien años, es sede de diversos rituales civiles llenos de discursos que enaltecen el hecho, como se hará este año, el centenario del mismo. Uno de los más celebrados fue, por ejemplo, del 4 al 6 de febrero de 1967, hace cincuenta años, cuando la gesta revolucionaria y sus banderas estaban más cercanas, no sólo en el tiempo, sino en la memoria colectiva que había vivido aquel proceso. Entonces el presidente era Gustavo Díaz Ordaz, quien visitó Querétaro para el cincuentenario, aprovechándose la ocasión para dar rienda suelta a los alegatos sobre el supuesto buen rumbo del país iniciado con la Revolución hecha partido y el partido hecho gobierno, cuando México estaba gozando de las últimas prebendas del “milagro mexicano”.

A diferencia de lo publicado en el Diario de Querétaro, la revista Política, dirigida por Manuel Marcué Pardiñas, daba una versión más crítica sobre dichas celebraciones realizadas en Querétaro, señalando cómo el PRI ha convertido la Constitución en un “libro de política-ficción” al aplicar el ilegal artículo de disolución social y tener a cientos de presos políticos en las cárceles del Estado, en un evento donde los principales “aduladores” fueron el propio gobernador del estado, Manuel González de Cosío, el “historiador oficial”, Jesús Romero Flores, y el secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez. Escribieron en la revista:

A diferencia de lo publicado en el Diario de Querétaro, la revista Política, dirigida por Manuel Marcué Pardiñas, daba una versión más crítica sobre las celebraciones realizadas en Querétaro, señalando cómo el PRI ha convertido la Constitución en un “libro de política-ficción” al aplicar el ilegal artículo de disolución social y tener a cientos de presos políticos en las cárceles del Estado, en un evento donde los principales “aduladores” fueron el propio gobernador del estado, Manuel González de Cosío.

“A las fanfarrias del Ejército –marcha dragona y clarinadas; tambores y bandas– se añadieron las de los boletines suculentamente pagados a la prensa. Durante esos tres días –a juzgar por los periódicos–, la vida nacional e internacional se suspendió, lo único importante fue el cotejo que trasladaba la momia en que bajo el peso de los actos del gobierno y los vendajes de apolitización impuestos al pueblo, se ha convertido la Constitución. […] Los campesinos acarreados por los métodos de coacción y soborno de siempre, también escucharon perplejos y sin entender los fervorines pronunciados en Querétaro, en San Juan del Río y en donde quiera que pasaban las reliquias. Obreros y burócratas, como de costumbre. Fueron ‘fieles’ compelidos por el gobierno a asistir a esta fiesta cívico heroica que comprueba el pavoroso atraso político y cultural de México, retrotraído por el gobierno –para mejor despolitizar al pueblo– a la era de los concursos de oratoria flatulentos y resumideros de citas, apólogos y lugares comunes recamados con adjetivos de una retórica hace tiempo en desuso en naciones civilizadas. En Querétaro la coacción sobre el pueblo logró, con la eficacia que se le reconoce al aparato oficial en menesteres de acarreos ‘espontáneos’, reunir una multitud acostumbrada a las procesiones religiosas al aire libre, y que sólo echó de menos el palanquín en que debió hacer el recorrido GDO [Gustavo Díaz Ordaz] junto con sus obispos, y el palio complementario en estos casos. [Los discursos] no se salieron del marco formalista como no fuera para amenazar a los sectores progresistas del país que afirman y comprueban que la Constitución de la República, en sus artículos fundamentales, es letra muerta para las autoridades, para el clero católico y para la llamada iniciativa privada. […] Conscientes de la calidad de ficción que tiene hoy el documento de 1917, los oradores pintaron inclusive ante multitudes andrajosas y con visibles muestras de miseria y desnutrición, un paisaje jaujístico que según ellos es el resultado de la aplicación consecuente, revolucionaria y paulatina de la Constitución y su  ‘programa’ por parte de la gran familia en el poder”.

La revista Política, fundada en 1960, aguantó como pudo hasta finales del 67. Marcué Pardiñas pagaría con la cárcel por sus posturas, detenido en septiembre del 68, bajo el falso pretexto de estar detrás del movimiento estudiantil. Dos años y medio fue preso político, acusado por el delito de disolución social, ejemplo perfecto de que las leyes son más un instrumento político que de justicia.

*Historiador de la UAQ.

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