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¡No hay que quitar el dedo del renglón!

467 | 8 febrero 2017 | Desde Nuestra América | 35 vistas | comentarios
gasolinazo mexico

Sólo algunas cámaras empresariales respaldan al Presidente. Foto: www.gob.mx

Oscar Wingartz Plata*

Pues, nada, que ya pasamos la “primera fase del gasolinazo”, y estamos a la espera de un segundo momento ahora en febrero. Tal y como lo habían anunciado las autoridades federales, el precio de los combustibles se “irá ajustando mensual, semanal y hasta diariamente según el mercado”. Este tipo de anuncios, sólo presagian un alza generalizada de los servicios y productos de toda índole. Como lo habíamos comentando en nuestra entrega anterior, no hay necesidad de ser economista para saber que estos incrementos van a tener un efecto devastador en los bolsillos de las familias mexicanas.

Por otra parte, está lo que algunos analistas han llamado el “efecto dominó”, esto es, además del aumento en los combustibles, todo lo que ha generado en diverso rubro la llegada a la Casa Blanca del señor Donald Trump. Parecería que al gobierno federal se le “ha juntado el cielo con la tierra”. Una suerte de situaciones que literalmente los han puesto en jaque. Esto también quiere decir que han ido acumulando una serie de decisiones equivocadas, errores, así como estrategias inciertas, o francamente una carencia total de visión de largo plazo. Si este es el asunto, pues, hay que decir que estamos ante un panorama de pronóstico reservado. La pregunta de rigor: ¿no previeron los escenarios que ya se perfilaban en el horizonte inmediato? Pues, parece que no.

El bloque en el poder se fracturó. Los gobernantes de Sonora, Chihuahua, Tamaulipas piden reconsiderar el aumento a la gasolina. El de Jalisco, fue aún más lejos y pactó un acuerdo con Enrique Alfaro y el Movimiento Ciudadano. Con tono aún más enérgico, lo mismo la Conferencia del Episcopado Mexicano. Y por si faltara algo en la cereza del pastel de esta ruptura, la Coparmex rechazó el pacto económico propuesto por Peña Nieto.

Luis Hernández.

Este es uno de los cuestionamientos más severos que se le deben hacer a la actual administración federal, ante una serie de realidades inminentes, ¿no quisieron o no pudieron hacer nada?, ¿dejaron que las cosas corrieran sin el menor asomo de actuación? Estando así la situación, el escenario nacional  paulatinamente se puede ir deslizando hacia un futuro realmente impredecible. Un asunto que no se ha mencionado con el acento que merece es, ¿y los salarios seguirán así, sin cambios ni modificaciones? Es decir, aumenta todo, bienes, servicios, ¿cómo se va a compensar el alza de los productos?, ¿con discursos?, ¿con declaraciones?, ¿con más demagogia?, ¿conteniendo artificialmente el aumento de los productos y servicios?

El famoso “pacto económico” que convocó Peña Nieto ante las cúpulas comerciales y empresariales fue precisamente eso, proponer la contención artificial del aumento generalizado de todo, ante ese llamado como dice el epígrafe, ¿qué hizo la Coparmex?, simplemente, no firmar nada, porque los empresarios se dieron cuenta desde el mismo momento de la convocatoria, que eso no tenía ni pies ni cabeza. ¿Cómo se pretende contener una inflación anunciada? Más, si viene de uno de los rubros más sensibles y complejos, los combustibles. El movimiento de la economía está sustentado en el petróleo y sus derivados. Como dicen en el barrio: “Lógica elemental”.

Una vez más, no podemos aceptar el aumento de las gasolinas y los combustibles de manera indiscriminada, y menos, como lo ha propuesto el gobierno federal. Entre otras razones porque, el salario está estancado, no da para la supuesta “realidad económica”. Como decíamos, ¿quién va a pagar la inflación que se nos viene encima? Esta sí es la realidad económica.

Hay un enorme margen de razón por parte de los diversos sectores sociales al estar en contra de los gasolinazos. No somos un país de primer mundo. Lo vimos recientemente con las medidas tomadas por el señor Trump, un desajuste y una incertidumbre impresionante en la economía nacional. No es un misterio, la terrible dependencia que tenemos respecto de la economía norteamericana, esto nos ha llevado a un callejón sin salida. El intercambio que tenemos con ese país, rebasa el 60% de nuestras transferencias financieras y comerciales. ¡Para Ripley!

Por otra parte, la propaganda oficial sobre el aumento a los combustibles, como de costumbre, son una mezcla de mentiras y verdades a medias. Esos anuncios, una vez más, son una falta de respeto a la población en su conjunto, piensan que no entendemos nada. Una pregunta básica, elemental, ¿por qué se importa más del 50% de las gasolinas? Eso tampoco se explica. Se la pasan por las ramas, diciendo una serie de superficialidades sin peso ni contenido. Es decir, engañando a la sociedad en su conjunto. Simplemente esto es inaceptable.

Es decir, estamos empantanados en una serie de situaciones que el propio gobierno ha generado, y de las cuales no puede salir. Esto es, todas medidas que aplican sólo son paliativos ante una realidad cada día más entreverada. Tampoco se habla de la reducción en los salarios, prebendas y  privilegios que tiene la clase política, empezando por los ministros de la Suprema Corte de Justicia, cuyos salarios rebasan los $300 000.00. Como siempre, que la población pague el costo de sus errores. De esto, tenemos ejemplos a cada paso del camino.

Se ha comentado de diversa forma, tono y contenido que sostener un aparato burocrático y político como el que tenemos, es tremendamente oneroso. Ambas cámaras, la alta y media burocracia, la manera en que está concebida la administración pública es impresionantemente obesa, y todo lo que ello implica. En consecuencia, no hay dinero, ni presupuesto que alcance. Aunado a esto, el rezago que en materia social sigue padeciendo nuestro país. Todos y cada uno de los programas de la Sedesol, llevan una carga política que a mediano plazo los hace inoperantes y poco creíbles.

Estos serían algunos elementos que proponemos para reflexionar y actuar en consecuencia. La coyuntura que estamos padeciendo, se ha convertido en una pesadilla. Hay margen de actuación para poder superar este momento, pero parece ser que el gobierno no quiere aplicarse, pide austeridad, pero, el dispendio sigue tan campante como siempre. Terminamos esta entrega diciendo que, debemos insistir, reitero, insistir en la revisión a fondo de la política energética, porque este asunto se ha convertido en un problema de proporciones insospechadas.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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