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Una celebración centenaria intrascendente

470 | 1 marzo 2017 | Desde Nuestra América | Opinión | 31 vistas | comentarios
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enrique pena nieto

En la ceremonia conmemorativa de los 100 años de la Constitución mexicana. Foto: Poder Ejecutivo de Querétaro.

Oscar Wingartz Plata*

Parece ser que a nuestros “gobernantes” les tiene totalmente sin pendiente las celebraciones fundacionales de la nación mexicana, caso concreto, el Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Esto lo afirmo por la manera en que se han desarrollado “los festejos” de esta magna obra. Han pasado por claro-oscuros evidentes.

Muestra de ello, la celebración que se efectuó aquí en Querétaro, el pasado 5 de febrero en el Teatro de la República, con la ausencia total del pueblo. Bueno, el pueblo estaba a dos kilómetros del festejo, exigiendo su cabal cumplimiento, y las “autoridades”, bien, gracias, embelesados en sus discursos y autorreferencialidades sin mayor trascendencia. Arropados por el Estado Mayor Presidencial, sin ningún contacto con los que dicen representar, lo peor de todo, sin la menor intención de hacerlo. Una vez más hay que decirlo, la actual Presidencia de la República está aislada, solitaria, viviendo un soliloquio y un autismo impresionante de cara a la nación. Sólo se escucha así misma.

Por otra parte, está un hecho evidentísimo, el enojo, el disgusto, la rabia contenida de amplios sectores de la población por todo lo que está sucediendo en nuestro país, es aquí donde se afirma que la Presidencia está encapsulada en sí misma.

Los problemas se agudizan cada día más, un dato de esto, el alza en los combustibles es un problema que de no arreglarse va a generar mayor enojo e inestabilidad. ¿A quién se le ocurre decir que el precio de las gasolinas se redujo 2 (dos) centavos, cuándo su incremento inicial fue de 3 (tres) pesos en términos reales, y además, se irá ajustando diariamente?

La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

Artículo 39° Constitucional.

Es aquí donde los cuestionamientos, las preguntas, los por qué salen a la luz. Hemos tomado el paralelismo del alza de los combustibles para mostrar el peso y el significado de la conmemoración de nuestra Constitución y su consecuente conocimiento. En este orden, se abre la siguiente y clara pregunta: ¿por qué se desplegó una Revolución tan violenta, tan cruenta cómo fue la mexicana?, con un costo altísimo en vidas, algunos de los números más certeros afirman que fue del orden de los 2 400 000 muertos. Una cifra impresionante para la población mexicana de ese tiempo. Contando entre combatientes, población civil y la desolación generalizada por los efectos de una guerra de ese calibre.

Es pertinente hacer esta mención, porque, la Revolución se desató precisamente para corregir las desigualdades y abusos que el régimen porfiriano había perpetrado; un México opulento y un México inmensamente pobre. Así, pues, el ideario revolucionario pretendía cerrar esas brechas tan profundas que había en nuestro país al final de la dictadura, esta fue la bandera de la lucha revolucionaria, algunos de sus ejes y principios centrales fueron: la justicia social, la igualdad, el derecho como norma de conducta social, la reorganización del Estado en favor del pueblo, no de los privilegiados y la soberanía nacional. Un proyecto ambicioso, visionario, y también, enormemente utópico, por las condiciones en que se rearticulaba la nación después de la lucha armada. Un país totalmente devastado, exhausto, pobre y sin recursos.

Esos principios rectores de nuestra constitución están ahí, plasmados, pero el asunto parece ser que no ha cambiado sustancialmente la situación en su conjunto, seguimos en una suerte de “entero retorno” como diría el filósofo alemán Federico Nietzsche, es decir, reiterando la historia. Justicia social, igualdad, derecho, soberanía en términos absolutos son eso: una aspiración, un anhelo, un proyecto por realizar. No es ninguna exageración afirmar esto, entre otras cuestiones, por el cúmulo de realidades que cotidianamente vemos en nuestro entorno, una de ellas, con una fuerza y un impacto evidente: la pobreza en que vive más del 50% de nuestra población.

Uno de los principios que se debatió con mucho ahínco fue el dejar establecido el sentido y alcance de la soberanía nacional. Este principio, el mismo Carranza lo defendió ante la posible injerencia norteamericana en el propio proceso revolucionario, que posteriormente, los norteamericanos hayan organizado una incursión punitiva al mando del general Pershing es harina de otro costal. En este punto, la soberanía nacional quedó establecida como el principio donde originariamente la Nación es la propietaria, es decir, todos nosotros como mexicanos somos los dueños de lo que hay en este espacio territorial. ¿Entonces qué pasó? ¿Por qué unos cuantos han decidido sobre lo que es de todos? ¿Dónde quedó la soberanía? Este es uno de los asuntos a destacar.

Como se afirmaba más arriba, parecería que no estuviera postulada ni plasmada la soberanía como un eje rector de nuestra vida colectiva, entre otras cosas, porque se ha malbaratado, dilapidado, regalado nuestras riquezas nacionales, las importante por su carácter estratégico: el petróleo; hasta el punto de estar en la tesitura de comprarle gasolina a Estados Unidos. ¡Increíble!

Así, pues, el asunto se pone harto comprometedor para el gobierno federal, que en el discurso habla de manera grandilocuente, y en los hechos, simula, o francamente es omiso. Otro ejemplo de esto, la explotación minera en nuestro país por empresas extranjeras, particularmente, canadienses; literalmente, hacen y deshacen a su pleno antojo, y el gobierno: simulando. Esto es muy grave, porque nos hace ver sobre los hechos que estamos muy lejos de cumplir cabalmente los postulados constitucionales, lo que en términos reales nos pone en una situación extremadamente vulnerable ante el embate de las grandes trasnacionales y sus billetazos. Dicho sea de paso, la batalla desde el Porfiriato ha sido esa, defender nuestros recursos naturales, sino, es cuestión de estudiar con detalle la gesta del general Lázaro Cárdenas. He aquí una de las tantas discusiones que se pueden generar ante este festejo centenario.

Una mención última en torno a estos asuntos: “las disculpas públicas” por parte de la PGR ante nuestras indígenas de Amealco, acusadas de secuestro. Como bien lo dijeron, no queremos dinero, queremos respeto a nuestras personas, a nuestra dignidad, a nuestras vidas. Esas disculpas hay que decirlo honestamente, son una falta de respeto y una provocación para la población en su conjunto, después de que las ultrajaron, ahora salen con eso. Muchos podrán decir que algo es algo, pero la pregunta es: ¿a qué costo?, ¿y se va a castigar a los responsables de estos ultrajes?

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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